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Mientras estoy en el
mundo yo soy la luz del mundo
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La contienda entre el
bien y el mal ha marcado y amasado la historia humana a lo largo de los
siglos. Es un tema fundamental que reaparece frecuentemente en los
escritos de Juan. Simbólicamente es representado como la lucha entre la
luz y las tinieblas. Es también el tema que subyace en el episodio de la
curación del ciego de nacimiento. La afirmación central del relato es
esta: "Yo soy la luz del mundo".
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Jesús se sirve de
símbolos como el agua, el pan o el vino para revelar el misterio de su
identidad personal. Al decir que es la luz del mundo quiere significar
que sólo él es capaz de contrarrestar definitivamente el dominio de las
tinieblas o fuerzas del mal en la vida humana: "Yo, la luz, he venido
al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas" (Jn
12, 46).
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El tema de la luz
suele relacionarse con la fe. Así sucede también en el pasaje de la
curación del ciego. Juan describe cuidadosamente los detalles del
proceso de su fe, como modelo para los cristianos de todos los tiempos.
He aquí los pasos de la fe del ciego: iniciativa de Jesús (v 6);
obediencia del ciego limpiándose en la piscina (v 7); su testimonio en
favor de Jesús como hombre de Dios frente a las dudas y críticas de la
gente (vv. 30-33); finalmente lo confiesa y adora como Hijo de Dios:
"Creo, Señor" (v 38).
Caminad como hijos de la luz
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La fe es como el
aliento que nos impulsa a vivir como hijos de la luz y a revestimos del
hombre nuevo para una vida según Dios en justicia y verdad (Ef 4,
22-24). San Pablo señala algunas características del creyente o hijo de
la luz: busca aquello que agrada al Señor y se comporta como hijo; da
frutos de bondad, de justicia y de verdad; no se hace cómplice de
iniciativas y obras vergonzosas (Ef 5, 8-14).
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Un criterio y
exigencia fundamental de la fe es ver y juzgar las cosas con los ojos de
Dios: "La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre
ve las apariencias, pero el Señor ve el corazón" (1 Sm 16, 7).
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Un desafío permanente
del cristiano es, por otra parte, ser representante fiel de la luz de
Cristo: "Caminad como hijos de la luz" (Ef 5, 8). Estamos llamados ser
testigos fiables de la verdad, de la justicia y del amor de Dios.
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