2 DE MARZO DE 2008

DOMINGO CUARTO DE CUARESMA

Por D. Juan Apecechea Perurena,
párroco de Arrarats, Erbiti, Gartzaron, Igoa y Orokieta

 

Mientras estoy en el mundo yo soy la luz del mundo

  • La contienda entre el bien y el mal ha marcado y amasado la historia humana a lo largo de los siglos. Es un tema fundamental que reaparece frecuentemente en los escritos de Juan. Simbólicamente es representado como la lucha entre la luz y las tinieblas. Es también el tema que subyace en el episodio de la curación del ciego de nacimiento. La afirmación central del relato es esta: "Yo soy la luz del mundo".

  • Jesús se sirve de símbolos como el agua, el pan o el vino para revelar el misterio de su identidad personal. Al decir que es la luz del mundo quiere significar que sólo él es capaz de contrarrestar definitivamente el dominio de las tinieblas o fuerzas del mal en la vida humana: "Yo, la luz, he  venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas" (Jn 12, 46).

  • El tema de la luz suele relacionarse con la fe. Así sucede también en el pasaje de la curación del ciego. Juan describe cuidadosamente los detalles del proceso de su fe, como modelo para los cristianos de todos los tiempos. He aquí los pasos de la fe del ciego: iniciativa de Jesús (v 6); obediencia del ciego limpiándose en la piscina (v 7); su testimonio en favor de Jesús como hombre de Dios frente a las dudas y críticas de la gente (vv. 30-33); finalmente lo confiesa y adora como Hijo de Dios: "Creo, Señor" (v 38).

 

Caminad como hijos de la luz 

  • La fe es como el aliento que nos impulsa a vivir como hijos de la luz y a revestimos del hombre nuevo para una vida según Dios en justicia y verdad (Ef 4, 22-24). San Pablo señala algunas características del creyente o hijo de la luz: busca aquello que agrada al Señor y se comporta como hijo; da frutos de bondad, de justicia y de verdad; no se hace cómplice de iniciativas y obras vergonzosas (Ef 5, 8-14).

  • Un criterio y exigencia fundamental de la fe es ver y juzgar las cosas con los ojos de Dios: "La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre ve las apariencias, pero el Señor ve el corazón" (1 Sm 16, 7).

  • Un desafío permanente del cristiano es, por otra parte, ser representante fiel de la luz de Cristo: "Caminad como hijos de la luz" (Ef 5, 8). Estamos llamados ser testigos fiables de la verdad, de la justicia y del amor de Dios.