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Dios ha escogido lo débil del mundo para confundir a los sabios
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Estamos viviendo en
un mundo en que los que cuentan en la sociedad y ocupan las primeras
planas de los medios de comunicación son los poderosos, los ricos, los
triunfadores y los famosos. Apenas hay sitio para los pequeños y los
pobres. No fue asi la táctica y el procedimiento de Jesús. No eligió a
sus colaboradores entre los notables o poderosos del tiempo, sino entre
la gente sencilla y común del pueblo.
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San Pablo, por su
parte, recuerda hoy a los cristianos de Corinto, que Dios elige a los
pequeños y débiles del mundo para llevar a cabo su plan de salvación.
Elige lo que el mundo considera irrelevante, vil o despreciable. ¿Cuál
es la razón de esa estrategia sorprendente?
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Es con el fin de que
nadie se envanezca o endiose atribuyendo a su propia habilidad o talento
lo que, ante todo, es un don de Dios: “Nadie puede gloriarse delante de
Dios” (1 Cor 1, 29). Y Pablo alude sabiamente a la figura de Cristo
crucificado, que es escándalo y locura para muchos, pero es “la
verdadera fuerza y sabiduría de Dios” (1 Cor 1, 24). Sólo por la vía de
la debilidad y de la negación resplandece la verdad, la eficacia y la
gloria de los planes de Dios.
Bienaventurados los pobres en el espíritu
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Esta primera
bienaventuranza del evangelio de Mateo es, tal vez, la base y matriz de
las restantes. Todas las demás son como el desarrollo y concreción de la
bienaventuranza de los pobres en el espíritu. La dicha de los que
sufren, los que lloran, los que tienen hambre de justicia, los
misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz o
los perseguidos tiene su base en el hecho de aceptar de buen grado la
propia pobreza, poniendo su total confianza en Dios.
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¿Quiénes son, pues,
los pobres en el espíritu? Son los que, en todas las circunstancias de
la vida, buscan refugio y descanso en Dios y confían plenamente en él (Sof
3, 11-12). Son los que no ponen su corazón en los bienes o placeres de
este mundo y organizan su vida según la voluntad de Dios.
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Jesús fue, según eso,
el modelo de los pobres en el espíritu. En consecuencia, aun en los
momentos de prueba y sufrimiento, fue la persona más feliz que jamás ha
existido y existirá.
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