3 DE FEBRERO DE 2008

DOMINGO CUARTO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

Por D. Juan Apecechea Perurena,
párroco de Arrarats, Erbiti, Gartzaron, Igoa y Orokieta

 

Dios ha escogido lo débil del mundo para confundir a los sabios

  • Estamos viviendo en un mundo en que los que cuentan en la sociedad y ocupan las primeras planas de los medios de comunicación son los poderosos, los ricos, los triunfadores y los famosos. Apenas hay sitio para los pequeños y los pobres. No fue asi la táctica y el procedimiento de Jesús.  No eligió a sus colaboradores entre los notables o poderosos del tiempo, sino entre la gente sencilla y común del pueblo.

  • San Pablo, por su parte, recuerda hoy a los cristianos de Corinto, que Dios elige a los pequeños y débiles del mundo para llevar a cabo su plan de salvación. Elige lo que el mundo considera irrelevante, vil o despreciable. ¿Cuál es la razón de esa estrategia sorprendente?

  • Es con el fin de que nadie se envanezca o endiose atribuyendo a su propia habilidad o talento lo que, ante todo, es un don de Dios: “Nadie puede gloriarse delante de Dios” (1 Cor 1, 29).  Y Pablo alude sabiamente a la figura de Cristo crucificado, que es escándalo y locura para muchos, pero es “la verdadera fuerza y sabiduría de Dios” (1 Cor 1, 24). Sólo por la vía de la debilidad y de la negación resplandece la verdad, la eficacia y la gloria de los planes de Dios.

Bienaventurados los pobres en el espíritu

  • Esta primera bienaventuranza del evangelio de Mateo es, tal vez, la base y matriz de las restantes. Todas las demás son como el desarrollo y concreción de la bienaventuranza de los pobres en el espíritu. La dicha de los que sufren, los que lloran, los que tienen hambre de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz o los perseguidos tiene su base en el hecho de aceptar de buen grado la propia pobreza,  poniendo su total confianza en Dios.

  • ¿Quiénes son, pues, los pobres en el espíritu? Son los que, en todas las circunstancias de la vida, buscan refugio y descanso en Dios y confían plenamente en él (Sof 3, 11-12). Son los que no ponen su corazón en los bienes o placeres de este mundo y organizan su vida según la voluntad de Dios.

  • Jesús fue, según eso, el modelo de los pobres en el espíritu. En consecuencia, aun en los momentos de prueba y sufrimiento, fue la persona más feliz que jamás ha existido y existirá.