23 DE MARZO DE 2008

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Por D. Juan Apecechea Perurena,
párroco de Arrarats, Erbiti, Gartzaron, Igoa y Orokieta

 

Resurrección

 

Vio y creyó

 

¡Jesucristo ha resucitado! ¡Aleluia! ¡El Crucificado vive! ¡Aleluia! ¡Vive glorioso! ¡Alleluia! ¡Vive para todos! He ahí la noticia más grande y feliz para toda la humanidad y para la entera creación. Según san Juan, una mujer, María Magdalena, fue la primera en conocer que el cadáver de Jesús ya no estaba en el sepulcro. Estaba desolada. No sabía qué pensar ni qué hacer.

 

Se le ocurrió echar a correr a donde estaban los discípulos para darles la noticia: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto". Fue Pedro quien primero entró al sepulcro. Impresionado por aquel vacío sagrado e inefable se quedó en silencio y profundamente pensativo. Luego entró Juan, y la luz de la fe iluminó de pronto su espíritu: "Vio y creyó". Entonces empezaron a comprender, todavía vacilantes, la verdad del reiterado anuncio de Jesús sobre su resurrección al tercer día

 

Dios estaba con Él

 

La resurrección de Jesús es el signo más alto y luminoso del poder y de la bondad salvadora del Dios de la vida. Contra la mentira, triunfa la verdad. Contra la injusticia, sale vencedora la justicia. Contra el odio, brota y emerge glorioso el amor.

 

Al ver morir a Jesús en la cruz, muchos pensaron que su vida y su mensaje, sus palabras y sus acciones, no habían sido más que una pesadilla o una vana ilusión. Pero no. ¡El que murió en el madero ha resucitado! La fuerza del Espíritu ha exaltado a aquél que "pasó haciendo el bien". Ha sido definitivamente glorificado, "porque Dios estaba con él" (Hch 10, 38).

 

Buscad los bienes de arriba

 

La resurrección de Jesús es el origen y fundamento del nacimiento de la nueva humanidad. Es el acontecimiento que transforma el horizonte, el futuro y el ser mismo del universo y de todos los hombres: "Vuestra vida está con Cristo escondida en Dios" (Col 3, 3).

 

Los bienes de la tierra no son comparables con el bien supremo de la resurrección. La existencia terrena no es más que una sombra efímera frente a la nueva vida de la resurrección. Con razón dice san Pablo: "Buscad los bienes de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios" (Col 3, 1). Cristo resucitado es el fundamento de la vida cristiana, de la paz y la convivencia universal.