22 DE JUNIO DE 2008

DOMINGO DÉCIMOSEGUNDO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

Por D. Juan Apecechea Perurena,
párroco de Arrarats, Erbiti, Gartzaron, Igoa y Orokieta

 
 

"Mateo, sígueme"

 

El verdadero maestro es aquél que sabe dar continuidad a su obra educativa a través de sus discípulos. Eso es lo que hizo Jesús.  Una de sus más delicadas tareas fue la de elegir con cuidado a sus colaboradores. Pero ¿qué criterios empleó para esa elección?

 

Jesús había trazado ya el perfil el del reino de Dios y señalado las condiciones de sus seguidores: sólo los pobres, los sufridos, los justos o los limpios de corazón son capaces de apreciar la dicha del reino; es necesario un espíritu de perdón, de reconciliación y de amor; no hay que ser esclavo de las riquezas; es necesaria una radical actitud de desprendimiento.

 

Con ese primer  cuadro de condiciones en la mente se acercó Jesús al publicano Mateo, sentado en su mesa de recaudador de impuestos. Resulta sorprendente esta elección de Jesús, ya que los agentes de ese oficio parecían incompatibles con su proyecto de vida. A pesar de ello, Jesús lo llamó.

 

"No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores"

 

La respuesta de Mateo fue positiva: "Se levantó y lo siguió”. ¿Conocía ya, siquiera inicialmente, el mensaje de Jesús sus exigencias? ¿Tuvo previamente un proceso de reflexión y conversión?  No tenemos datos sobre ello. El caso es que aceptó la  invitación y quiso celebrar festivamente el acontecimiento en su casa, en torno a la mesa.

 

La composición de la mesa de invitados resulta curiosa: “vinieron muchos publicanos y pecadoresy se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos”. Era la mesa de la tolerancia, de la apertura y de la amistad. Pero los fariseos protestaron

escandalizados: “¿Cómo es que vuestro maestro come con los publicanos y pecadores?"  Esta denuncia dio a Jesús la oportunidad para revelar un principio fundamental de su misión: "No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. La puesta en práctica de ese principio será la causa de enfrentamientos entre Jesús y muchos dirigentes judíos.

 

El episodio de hoy muestra el talante abierto de Jesús por encima de cualquier recelo o prevención, y nos invita crear mesas de perdón, reconciliación y acogida en este mundo roto y enfrentado. Y eso sobre la base de rectos principios religiosos y morales.