22 DE junio 2008

DOMINGO DÉCIMOSEGUNDO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

Por D. Juan Apecechea Perurena,
párroco de Arrarats, Erbiti, Gartzaron, Igoa y Orokieta

 

No tengáis miedo

 

En muchos cristianos se perciben hoy día sentimientos de temor, pesimismo o desánimo. Se tiene la sensación de que el cristianismo ha perdido para siempre el vigor que tenía antes y que parece naufragar sin remedio ante las acometidas

del laicismo y del materialismo. Frente a ese temor, el Evangelio de hoy nos recuerda y propone las palabras de ánimo de Jesús a sus discípulos, cuando los envió como "ovejas en medio de lobos" (Mt 10, 16).

 

El texto nos evoca la resistencia y oposición que desde siempre acompañan a la predicación del Evangelio. Al ver la comprensible inquietud y sensación de impotencia de los discípulos, Jesús les dice: "No tengáis miedo". Por tres veces aparece hoy esta expresión. Es una palabra de ánimo que Jesús dijo y sigue diciendo a todos sus seguidores y colaboradores. Es un motivo permanente de aliento y fortaleza.

 

Ciertamente no es tarea fácil ser testigos fieles del Evangelio. Este quehacer ha estado siempre amenazado por la incomprensión y la persecución a lo largo de la historia. Y no podía ser de otra manera teniendo en cuenta que el cristianismo

está sellado por la Cruz de Cristo. El sufrimiento y el martirio es precisamente lo que hace más auténtico y convincente el testimonio cristiano. Afortunadamente siempre ha habido y habrá mártires de la fe cristiana.

 

Si alguien se declara a mi favor, yo también estaré a su favor ante el Padre

 

He aquí algunas razones que Jesús sugiere para ser valientes y animosos a la hora de proclamar el evangelio. Ante todo, la vitalidad del propio evangelio, que "es fuerza de Dios para que se salve todo el que cree" (Rom 1, 16). Por otra parte, no hay que desanimarse, aunque no se vean los frutos esperados o porque los enemigos pongan trabas o hasta nos amenacen con quitarnos la vida: "No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden quitar la vida".

 

Hay que estar convencidos finalmente de que nunca estamos solos. Dios Padre protege y bendice todo nuestro esfuerzo y Cristo es nuestro fiel valedor ante él.

 

En medio de las contrariedades del servicio de evangelización, hagamos nuestra esta valerosa oración del profeta: "El Señor está conmigo, como soldado poderoso: Mis enemigos fracasarán no podrán conmigo " (Jr 20, 11).