6 DE ABRIL DE 2008

DOMINGO II DE PASCUA

Por D. Juan Apecechea Perurena,
párroco de Arrarats, Erbiti, Gartzaron, Igoa y Orokieta

 

Domingo III de Pascua

 

¿De qué estáis hablando mientras vais de camino?

 

En la vida de mucha gente hay circunstancias en que situaciones de abatimiento se   convierten de pronto en momentos de aliento y valentía. Una de esas historias nos cuenta hoy san Lucas. El evangelista analiza y describe primorosamente la evolución de la fe de aquellos caminantes de Emaús, que volvían a casa tristes y abatidos tras el fracaso de Jesús.

 

He aquí los pasos de aquel camino de fe: decepción por el fracaso de la muerte de Jesús; intercambio de opiniones entre sí; comunicación de su desánimo a un desconocido compañero de viaje; moción interior, cuando el viajero desconocido les reprende y les comenta las Escrituras; le invitan a quedarse con ellos; sentados a la mesa reconocen a Jesús, cuando éste parte el pan; dan testimonio de su experiencia a los demás discípulos.

 

Sería bueno que los creyentes analizáramos nuestra propia fe personal tomando como guía la experiencia de aquellos discípulos de Emaús. Eso nos ayudaría a profundizar y progresar en nuestra condición de creyentes.

 

Le reconocieron al partir el pan

 

El pasaje de los discípulos de Emaús es, por otra parte, como el cliché de la fracción del pan o convite eucarístico de los primeros cristianos. Evoca, en efecto, las partes principales de aquella celebración: Asamblea en un lugar elegido para ello; lectura y comentario de las Sagradas Escrituras; unión en tomo a una mesa; bendición, fracción y reparto del pan a cada comensal. El objetivo del relato es, sin duda, indicar que el momento más adecuado para reconocer a Cristo resucitado es el de la celebración eucarística.

 

Aquello que sintieron y descubrieron los dos de Emaús podría y tendría que experimentar cualquiera que asiste con fe viva a la celebración eucarística. Porque ¿qué es, en definitiva, la Eucaristía? Es sentarnos a la mesa con Cristo resucitado. Es oír con fe la palabra de Dios. Es sentirnos como hermanos en torno a Jesús. Es contraer el compromiso de dar testimonio sobre Jesús y su Evangelio ante los demás.

 

¡Cómo ganaría en autenticidad y eficacia nuestra vida y nuestra convivencia cristiana, si proclamáramos con hechos de vida ante el mundo el mensaje y las exigencias del misterio eucarístico!