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25 DE MAYO DE 2008 SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO |
Por D. Juan Apecechea Perurena,
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Corpus Christi
Yo soy el pan vivo que ha bajado del Cielo
Conocer y valorar en profundidad la personalidad y la misión salvadora de Jesucristo es una de las tareas teológicas fundamentales. Es también el quehacer de todo verdadero cristiano. Uno de los empeños más insistentes de Jesús, por su parte, fue dar a conocer progresivamente la entraña de su propio yo. Es en el Evangelio de Juan donde más veces aparece ese empeño. Frecuentemente aparece la expresión "yo soy" de Jesús, sirviéndose de símbolos significativos como "pan de vida" (Jn 6,35.41.48.51); "luz del mundo" (Jn 8,12); "puerta del rebaño" (Jn 10,7); "buen pastor" (Jn 10, 11.14); "resurrección y vida" (Jn 11,25); "camino, verdad y vida" (Jn 14,6); "la vid" (Jn 15,1).
La afirmación central del evangelio de hoy es "Yo soy el pan vivo bajado del cielo". Jesús se dio cuenta de que muchos le seguían por el pan de la multiplicación de los panes (Jn 6,26). Pero eso podía desvirtuar el sentido auténtico de su misión. Quiso, por eso, revelar que su pan no era simplemente el pan material, sino el pan de la vida eterna a para la salvación del mundo. Ese pan no era un "algo". Era más bien "alguien", es decir, la persona misma de Jesús.
Así como la Palabra de Dios se encarnó habitando entre nosotros (Jn 1,14) así Cristo se hace también "carne" en la Eucaristía. La Eucaristía es, por tanto, la continuidad viva y signo mental del misterio de la encarnación.
El que come de este pan vivirá para siempre
Jesús proclama expresamente la interdependencia y correlación entre Eucaristía y vida eterna. El ser humano tiende instintivamente a prolongar sin límites su vida corporal, poniendo para ello todos los medios a su alcance. Pero la realidad de la muerte malogra inexorablemente su deseo innato.
La Eucaristía es felizmente el signo sacramental que nos abre desde ahora el horizonte de la vida, el de la vida eterna, y garantiza nuestra resurrección: "Quien se alimenta de Cristo en la Eucaristía no tiene que esperar al más allá para recibir la vida eterna" (Juan Pablo II)
La Eucaristía, por otra parte, fundamenta, exige e impulsa la unión fraterna entre todos los cristianos: "Aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan" (1 Cor 10,17).
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