20 DE ENERO DE 2008

DOMINGO SEGUNDO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

Por D. Juan Apecechea Perurena,
párroco de Arrarats, Erbiti, Gartzaron, Igoa y Orokieta

 

Domingo 2º del Tiempo Ordinario

 

He venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel

 

●  Descubrir lealmente la propia vocación y ser fiel a la misión a la que uno está llamado es la base de la paz personal y de la eficacia de una vida. Cada uno debe ser aquello para lo que ha sido llamado y capacitado. No debe pretender ser lo que no es ni hacer lo que es función y responsabilidad de otros.

 

●  Esa es la gran lección que hoy nos da la figura de Juan Bautista. Conocía desde tiempo atrás a Jesús, pero todavía no en todo su ser.Así lo reconoce él mismo cuando, por dos veces, dice: "Yo mismo no lo conocía" (vv 31.33). Y es que conocer y reconocer a Jesús es un empeño siempre inacabado, que requiere la acción del Espíritu Santo y una experiencia personal y progresiva.

 

●  Por la acción del Espíritu Santo, Juan conoció cuál era su propia misión y cuál la de Jesús. En un principio hubo, tal vez, algún conflicto entre los discípulos de Juan y los seguidores de Jesús. Pero pronto se impuso la lucidez y la humildad del Bautista: "Detrás de mí viene alguien que ha sido puesto delante de mí". Y asumió la función de anunciar la primacía de Jesús, quedándose él en un segundo plano.

 

He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo

 

●  Juan tiene el honor de ser el primero en descubrir públicamente el misterio de la identidad de Jesús y dar luego testimonio (martyria) sobre él. Dos veces aparece hoy ese término fundamental. Con el mismo vocablo se define la misión y la función del Bautista en el prólogo del cuarto evangelio: "Juan vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él" (Jn 1, 7).

 

●  Se sirve de un símbolo importante del Antiguo Testamento para revelar al pueblo la identidad de Jesús: "He ahí el cordero de Dios". Lo relaciona, pues, con el cordero pascua1 del relato del Éxodo sobre la liberación de Israel en Egipto. Nos da así una clave esencial de la misión de Jesús, como el verdadero y definitivo liberador de toda esclavitud.

 

●  El proceso de la fe de Juan fue así: Conocer en profundidad a Jesús, asumir su propia función y responsabilidad y, finalmente, dar testimonio de Jesús. Ése es también, en último término, el proceso y el quehacer de la fe de cualquier cristiano.