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Cartas desde la fe

 

EL CORPUS DEL JUBILEO

 

Semana tras semana vamos viviendo las etapas del Año Jubilar. Para quienes intentamos vivir con buena voluntad la convocatoria jubilar, las fiestas del año litúrgico adquieren una especial intensidad. Las conmemoraciones de la vida y los misterios de Jesús son más concretos, más veraces. Y la fuerza santificadora de cada celebración más profunda y más exigente.

Así es como tenemos que vivir también la fiesta del Corpus Christi de este año 2000. La presencia real del Cuerpo de Cristo en nuestros templos nos lleva directamente a aquella primera celebración del Cenáculo, a la ofrenda perfectamente localizada del Calvario, a la intercesión permanente y poderosa de Cristo resucitado.

Adorar la Eucaristía implica siempre un acercamiento a la Cena de Jesús con sus discípulos. Aquella tarde, cuando Jesús tenía ya encima la sombra de la traición y de la muerte, Jesús aceptó y vivió su propia muerte como ofrenda obediente y confiada ante -la voluntad del Padre, como Pascua de salvación para todos nosotros.

"Esto es mi cuerpo entregado por vosotros". "Esta es mi sangre, derrarnada para el perdón de los pecados". Ese fue el momento cumbre de la piedad y de la confianza. Ese fue el momento de la victoria sobre el poder del demonio y del pecado.

Cumpliendo su mandato repetimos sus palabras y cada vez que lo hacemos el tiempo se adelgaza, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, su vida y su persona, se hacen presentes ante nosotros como el primer día, con la misma intensidad, con la misma fuerza, con la misma gravitación celestial.

A la vez, tener con nosotros realmente el Cuerpo de Cristo es como una claraboya abierta hacia el Dios vivo, con quien está ahora realmente el Cuerpo resucitado y glorioso de Cristo. Desde allí nos llama y nos sostiene. Hacia allí nos encamina y nos impulsa la Eucaristía. El misterio entero de nuestra salvación, la más honda visión de nuestra vida están ante nosotros en la sorprendente presencia sacramental de Jesucristo.

Los miles y miles de Sagrarios del mundo mantienen presente la ofrenda de Jesús, en todas partes se está ofreciendo por nosotros, en todas partes se abre el velo de separación y se acerca el cielo a nuestra tierra, en todas partes la piedad infinita del Hijo alaba a Dios y el amor infinito de Cristo abraza la anchura del mundo, "para el perdón de los pecados".

Año jubilar, año de gracia y de perdón, y por eso mismo año de la Eucaristía. El próximo domingo saldremos por las calles acompañando el sacramento de Cristo con cantos y oraciones. No queremos ser más que nadie, ni queremos imponer nada a nadie. Pero también nosotros tenemos derecho a pasear por nuestras calles lo que es el estandarte de la mayor victoria humana, la pancarta de la más grande liberación.

La Misa de la Catedral será a las once. Y a continuación saldremos en procesión acompañando al Stmo. Sacramento. Os invito a todos los que podáis venir, a los vecinos del Casco Antiguo y a los cristianos de Pamplona entera. Venid para testimoniar nuestra fe en la presencia permanente de Jesús en nuestro mundo, venid a anunciar la fidelidad de su amor y la fuerza de su salvación. Muchos hermanos alejados, al ver la alegría y la devoción de los que vamos con Jesús, sentirán por dentro el hormigueo de su fe removida.

Por la tarde, a partir de las seis, tendremos también en la Catedral Hora santa y Vísperas. Queremos estar con el Señor, darle gracias por su presencia, rezar por nuestra Iglesia de Navarra, por las intenciones del Papa y por las necesidades del mundo entero.

Los Sagrarios son fuentes de vida. Cuánto consuelo, cuánta fortaleza, cuánta fidelidad, cuántas virtudes han crecido en la íntima comunicación de los fieles cristianos con el Señor presente en el Sagrario. Muchos cristianos dejan hoy con excesiva facilidad la Misa de los domingos. Dicen que no pasa nada, que no la echan de menos. ¿Sería igual la vida de las familias, sería igual la relación de unos con otros, si todos viviéramos intensamente cada semana esta maravilla de la Eucaristía?.

Como todos los años, este día del Corpus es también el Día del Amor Fraterno. ,Jesús intercede por todos, nos perdona y nos enseña a perdonar, nos da su vida y nos enseña a ayudar a los que padecen y sufren cualquier necesidad. Jesús en la Eucaristía es fermento de fraternidad y de reconciliación. Quiere reunir a los hermanos dispersos,, para que vivan juntos y felices en la Casa del Padre de todos. Una vez más Cáritas puede ser el mejor instrumento para hacerles llegar nuestra ayuda.

Este día jubilar del Corpus puede ayudamos a fortalecer nuestra fe y renovar espiritualmente nuestras comunidades cristianas. Del amor a la Eucaristía han de salir los jóvenes cristianos capaces de una vida nueva; del amor a la Eucaristía crecerán las familias cristianas fecundas y evangelizadoras; del amor a la Eucaristía nos ha de venir la renovación de nuestras comunidades y parroquias, el vigor espiritual de nuestra Iglesia, el crecimiento de la fe y la victoria sobre los pecados que oprimen nuestras vidas y desgarran nuestra sociedad. Jesús sigue siendo el Pan venido del Cielo que alimenta nuestros corazones mientras peregrinamos hacia la Casa de Dios. ¿No es esto lo más real y lo más importante de nuestra vida?

 

+ Fernando Sebastián Aguilar
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

 
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