Cartas desde la fe |
LA SUERTE DE SER CRISTIANOS CATÓLICOS
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Hace pocas semanas apareció en los medios de
comunicación un escrito colectivo firmado por unas setenta personas en el
que se presentaban “algunas observaciones críticas” al documento DOMINUS
IESUS,, publicado el seis de agosto por la Congregación Romana para
la Doctrina de la Fe, después de haber sido expresamente aprobado por el
Papa. El contenido de este documento es tan importante y
actual que me parece interesante presentar a los católicos navarros sus
puntos esenciales de forma sencilla para facilitarles esta oportunidad de
aclarar y fortalecer su fe cristiana y católica en unos puntos tan
actuales e importantes. La Declaración romana se limita a recordar algunas
afirmaciones básicas de la fe cristiana que en este momento pueden ser
descuidadas o mal entendidas como consecuencia de una cierta tendencia
relativista que aparece un poco por todas partes. Nosotros lo acogemos con
religiosos asentimiento, como fruto del magisterio ordinario del Papa, con
valor universal y definitivo. La tentación del relativismo nace espontáneamente
del género actual de vida y de los modos de espiritualidad más en boga.
Vivimos en un mundo unificado en el que hemos de aprender a convivir todos
con todos. La Iglesia misma ha impulsado el diálogo entre cristianos de
distintas confesiones cristianas y también con personas de distintas
religiones. Para algunos, diálogo es lo mismo que inhibición y
sometimiento. Es evidente que la ejemplaridad ante la sociedad
actual y las exigencias de la responsabilidad moral que tenemos en el
mundo están exigiendo el desarrollo de unas relaciones nuevas entre las
confesiones cristianas y entre las grandes religiones monoteístas. Las
guerras religiosas han traído muchas calamidades; el testimonio de unidad
entre cristianos y de recta colaboración de todos los creyentes traerá
muchos bienes de orden moral y social a la humanidad entera. Pero el
verdadero diálogo y la verdadera convivencia requiere que cada uno se
presente claramente como lo que es, con su propia identidad y sus propios
proyectos, en actitud de sincero respeto
y de verdadera benevolencia. Lo que ocurre es que algunos cristianos, llevados por
un deseo equivocado de facilitar este diálogo, llegan a pensar que para
dialogar correctamente con los demás hemos de renunciar a atribuir a
nuestra fe un valor universal y considerarla como una entre las demás.
Según ellos no habría que pensar que la fe cristiana y católica es la
única verdadera, sino que para cada uno la propia religión es la
verdadera, porque todas ellas proporcionan igualmente la posibilidad de la
salvación para quienes las
siguen de buena fe. En esta postura, aparentemente tan respetuosa y
abierta, se pueden esconder errores muy graves que alteran
substancialmente la fe católica y comprometen la misión universal de la
Iglesia. Frente a este relativismo excesivamente
condescendiente, que renuncia al carácter único y universal de la
revelación cristiana, los católicos tenemos que intentar comprender bien la doctrina tradicional de la Iglesia y
mantenerla fielmente. Trataré de resumir fielmente lo que nos dice la
Declaración de la Santa Sede. Iº. Dios quiere la salvación de todos los hombres y
por eso mismo envió a su Hijo Unigénito nacido de María como Salvador
del mundo. En consecuencia Jesucristo tiene que ser reconocido como
Salvador universal de todos los hombres, de
todos los lugares, de todas las culturas y de todos los tiempos. ¿Por qué
iba a ser sólo para unos cuantos privilegiados? IIº, Jesucristo confió a la Iglesia el ejercicio de
su propia misión salvadora, por lo cual la misión salvadora de la
Iglesia es también universal, única y definitiva, para todos los
pueblos, para todas las culturas y para todos los hombres de todos los
tiempos. Esto no es prepotencia ni imperialismo religioso, sino la
consecuencia evidente de la Encarnación del Hijo de Dios y del
consecuente carácter divino, absoluto, universal, de N.S. Jesucristo y de
su Iglesia. Dentro de la única Iglesia católica caben todos los pueblos,
todas las lenguas, todas las culturas y todas las personas. IIIª, La Iglesia apostólica, con todos los medios
de salvación recibidos de Cristo, subsiste en la Iglesia católica y
romana. Las otras confesiones cristianas conservan los medios de salvación
en la medida en que mantienen con mayor o menos integridad su comunión
original con la Iglesia católica. IVª, Las religiones no cristianas
tienen elementos de salvación fruto del esfuerzo de los hombres y
de la acción salvadora de Dios, y pueden conducir a la salvación a los
que las sigan con recta conciencia, pero no pueden equipararse con la fe
católica porque padecen deficiencias objetivas muy importantes en el
conocimiento de Dios y en los medios de salvación, y contienen no pocos
errores. Vº, En el diálogo mutuo es evidente que todos
podemos y debemos aprender de los demás. Pero la fe católica no puede
ser perfeccionada por las demás en cuestiones fundamentales. Ella
responde a la acción definitiva y perfecta de Dios para la salvación de
todos los hombres. En consecuencia la fe católica contiene de alguna
manera y es capaz de incorporar cuanto tengan de bueno y verdadero las demás
religiones, descubre y purifica lo que puedan tener de erróneo y les
ofrece a todas la propia plenitud y consumación en la plenitud de Nuestro
Señor Jesucristo. Abriéndose humildemente al cristianismo alcanzan su
propia perfección y plenitud. Así
lo tenemos que hacer todos los hombres, y tienen que hacerlo también
todas las religiones y todas las culturas. Esta es la plena “obediencia
de la fe” por la que nos viene la salvación de Dios, en Cristo y por su
Iglesia. IVª, Quienes buscan sinceramente la salvación de
Dios fuera de la fe católica,
reciben la ayuda de Dios, desde la plenitud de Cristo y en relación con
la Iglesia católica, aunque sea de un modo misterioso e invisible. Dios
ha querido reunir y salvar a todos los hombres en Cristo. Aun así,
mientras vivan fuera de la Iglesia católica no tienen los mismos medios
de salvación que los que vivimos en la fe de Jesucristo, ni pueden
tampoco conseguir en esta vida los bienes del Reino de Dios ni disfrutar
de ellos de la misma manera que los que vivimos en la economía cristiana
y en la fe católica. Vª, Estas ventajas no son fruto de nuestros méritos
sino don gratuito de Dios. Por eso mismo quienes las poseemos estamos
gravemente obligados a dárselas a conocer a los demás, saliendo al
encuentro de quienes buscan sinceramente la salvación de Dios en peores
condiciones que nosotros. No es que ellos estén privados del amor o de la
gracia de Dios, sino que no tienen los mismos medios que nosotros para
conocerla, ni para aceptarla ni para vivirla. De nosotros depende que
lleguen en esta vida, como nosotros, a
la plenitud de la vida y a la posesión plena y gozosa de los dones de
Dios que son para todos. VIº. Esta doctrina tiene una aplicación inmediata
para nosotros los católicos navarros. Nos toca vivir con muchas personas
que no son creyentes, o no quieren pertenecer plenamente a la Iglesia católica,
tantos que quieren vivir su religión “por libre”, como se dice, al
margen de la comunión eclesial y de la celebración de los sacramentos.
Si lo hacen de buena fe, cuestión complicada, podrán salvarse. Dios les
ayudará si buscan sinceramente la verdad. Pero aun así, mientras no
vivan la plenitud de la fe cristiana, en la comunión de la Iglesia católica,
no podrán conocer, ni aceptar, ni vivir explícitamente la riqueza de los
dones espirituales, personales y sociales, que Dios les quiere dar desde
ahora mismo, a ellos como a nosotros. VIIº, Esta doctrina nos tiene que mover a anunciar a
todos, aquí y fuera de aquí, de
la mejor manera posible la doctrina y la vida católica, explicando
posibles malentendidos, ayudando a superar errores, ausencias o
resistencias, con la mayor fidelidad a lo que es nuestra fe y con el mayor
respeto a la libertad y a la buena voluntad de las personas. Si la
doctrina católica no fuera la única absoluta y universal, si la salvación
realizada y ofrecida por Jesucristo,
por medio de su Iglesia, no fuera única y universal ¿qué sentido tendrían
las palabras de Jesús “Id por el mundo entero y predicad el Evangelio a
toda creatura”? Hay posturas que se presentan como muy progresistas y
muy de última hora y que en el fondo son consecuencia de una mentalidad
pesimista, disgregada e incoherente, o de una fe acobardada, sometida y
abandonista. + Fernando Sebastián Aguilar |