Cartas desde la fe |
ELECCIONES
Dentro de pocos días votaremos para decidir entre todos qué gobierno queremos tener. Es evidente que el voto es libre y cada uno tiene que votar lo que le parezca mejor. La Iglesia respeta y apoya la libertad del voto de sus miembros y de todos los ciudadanos. Ocurre que las actividades políticas, como todas las actividades realmente humanas, son también acciones morales. Lo mismo que pedimos a los políticos que actúen moralmente cuando nos gobiernan, nosotros, al votar, hemos de actuar también moralmente, es decir, en conformidad con una conciencia recta y bien formada. ¿Qué hay que hacer para tener una conciencia bien formada en relación con el voto? Aquí es donde la fe cristiana nos ayuda a descubrir con claridad las exigencias morales del ejercicio del voto en unas circunstancias determinadas. Hay unas consideraciones de tipo general que valen siempre y en cualquier circunstancia. Podemos decir, por ejemplo, que hay que tomarse la molestia de votar; la abstención por pereza no es una postura moralmente correcta. Se puede decir también que hay que votar en conciencia, pues votar libremente no equivale a votar de cualquier manera. Tenemos obligación moral de apoyar con nuestro voto aquellas instituciones o personas que veamos más capaces de favorecer nuestros intereses legítimos, dentro del bien de la mayoría, el bien de los más necesitados, los bienes materiales y morales más importantes para nuestra sociedad en un momento determinado. Cada uno tiene que ponderar qué es lo más importante, también desde el punto de vista moral, en cada lugar y en cada momento para el conjunto de la sociedad. Actualmente, una conciencia moral bien orientada tiene que tener en cuenta por lo menos estos puntos: 1. No podemos votar pensando sólo en nosotros mismos. Hay que pensar en los demás, en Navarra y en España entera. 2. Hay un asunto muy importante que de una u otra manera nos afecta a todos: el cese de la violencia terrorista. Desde el punto de vista moral, no es lícito apoyar con el voto propio a ninguna persona ni a ninguna institución que directa o indirectamente propugne, apoye o favorezca el ejercicio de la violencia terrorista. En cambio, sí hay que apoyar a quienes nos parezca que se oponen con más claridad y eficacia al terrorismo. Esta es una exigencia clara y firme para todos los que quieran votar de acuerdo con una conciencia moral bien orientada. Nuestra sociedad está necesitada de mayor claridad y firmeza moral en los asuntos públicos. 3. Dejando claro el asunto de la violencia, tenemos que apoyar también las instituciones y personas que respeten mejor las libertades políticas de todos y las condiciones de una verdadera convivencia en libertad, respeto y justicia. Nuestra sociedad es una sociedad plural, compleja y rica desde el punto de vista lingüístico, cultural y hasta religioso. Los cristianos tenemos que apoyar claramente una política de respeto y convivencia por encima de las diferencias, de pleno reconocimiento de las legítimas libertades de todos, sin presiones ni propagandas ideológicas, sin favoritismos ni discriminaciones de ninguna clase. 4. En una perspectiva más concreta, los cristianos debemos apoyar con nuestro voto a quienes más claramente defiendan y favorezcan una institución tan importante como la familia, una familia apoyada en un verdadero matrimonio, monogámico y estable, que acoge y respeta el don de la vida, garantía de la buena educación humana, religiosa y moral de los hijos, con el apoyo del respeto público hacia los principios básicos de la moral cristiana. Ahora nos prometen aborto libre. En un Estado de derecho no puede haber libertad para matar a los hijos. Los cristianos y las personas con conciencia recta y bien formada no pueden apoyar esos programas. Matar es siempre matar. 5. En esta perspectiva moral de nuestro voto, tendremos que apoyar también a quienes más seriamente favorezcan la posibilidad de una buena educación y de trabajo para todos, la buena distribución de las rentas, la atención a los necesitados, los inmigrantes, las minorías étnicas, los ancianos solitarios, los niños sin familia, los enfermos crónicos y terminales. El voto moral tiene que ser un voto social. Cada uno verá cómo combina mejor estas consideraciones para actuar moralmente en el momento de votar. Mediante el ejercicio del voto, los ciudadanos tenemos en la mano el rumbo de nuestra sociedad y la calidad moral de nuestra vida social y política. Votemos con claridad, con libertad y responsabilidad. Es una contribución decisiva para el bien general. También para el bien moral de vuestros hijos. Dios nos ilumine y nos ayude. Fernando Sebastián Aguilar |