Titulo2.gif (14196 bytes)

Cartas desde la fe

 

FIESTA MARIANA EN LA CATEDRAL

 

En Navarra hemos celebrado el Año Jubilar del nacimiento de Cristo con gran intensidad. En las parroquias y grupos o comunidades eclesiales de todo género hemos acogido con diligencia la llamada del Papa y la llamada de la historia. Queríamos vivir el aniversario de la venida del Hijo de Dios a nuestro mundo con gozo y gratitud, como una fuerte llamada a la renovación espiritual y apostólica.

Al comenzar el año jubilar señalamos, junto con las dos Catedrales, siete puntos en donde se podrían obtener las gracias jubilares. De estos siete lugares, cinco eran otros tantos santuarios marianos, aquellos que por una razón u otra nos parecieron más significativos y con mayor poder de convocatoria.

De esta forma, casi insensiblemente, la celebración del jubileo ha tenido entre nosotros un fuerte carácter mariano. La virgen María nos ha acompañado en nuestros momentos de oración, en nuestro camino de penitencia y conversión, en los proyectos de renovación y de apostolado.

Así tenía que ser. María es y será siempre el modelo viviente de la Iglesia de la fe y del amor, de la obediencia y de la diligencia. El Papa, en su Bula de convocatoria para el Jubileo decía que la alegría y los frutos del jubileo no podrían ser completos sin la presencia de María. Ella, la mujer del silencio y de la escucha, tiene que ser siempre Maestra y Madre espiritual en nuestro camino de fe y de santificación.

Ahora, cuando estamos entrando ya en los últimos compases de este intenso año jubilar, queremos acentuar esta presencia de María junto a nosotros, y a la vez unir en un solo caudal los distintos itinerarios del Jubileo. Los días siete y ocho de diciembre, durante 24 horas, estarán reunidas en la Catedral, junto a la imagen de Sta. María la Real, las hermosas y entrañables imágenes de Roncesvalles, Ujué, el Puy, el Yugo y Codés. Con ellas estarán la imagen de Santa Ana de Tudela, la efigie de San Miguel, con el lignum crucis y una reliquia insigne de San Francisco Javier.

De esta manera reunimos en un solo acorde de gratitud y de alabanza, en un solo grito de oración y de esperanza los nueve puntos donde los fieles cristianos de Navarra han vivido la emoción y el fervor de este año jubilar. La coincidencia de estas imágenes gloriosas de la Virgen María, que abrazan y santifican toda la historia de Navarra, será la mejor ayuda para renovar en nuestros corazones la profesión sincera de la fe cristiana, el arrepentimiento de nuestros pecados y el deseo eficaz y realista de una renovación de vida personal, familiar y social.

Todos estáis invitados desde ahora a estas celebraciones. El día siete, al mediodía, haremos la apertura de estas veinticuatro horas de oración y de afirmación cristiana. Durante toda la tarde habrá turnos de oración. A las 6 de la tarde rezaremos las I vísperas de la Inmaculada, y a las 7.30 el Rosario. A las 10 de la noche comenzaremos una vigilia de oración con los temas y objetivos del Jubileo. Al día siguiente, fiesta de la Inmaculada, tendremos la misa de Auroros a las ocho de la mañana, otra Misa a las diez y la solemne, con Bendición Papal, a las doce.

En esta Misa pontifical de las doce renovaremos la dedicación y consagración de nuestra Iglesia a la Virgen María, en unión con la consagración de la Iglesia a María que hizo el Papa Juan Pablo II, con el deseo de que Ella nos aliente y nos guíe en este camino de renovación espiritual y de evangelización integral al cual nos llama el Señor en esta Iglesia de Navarra con la fuerza inapelable de la voz del Espíritu y de los tiempos.

En estas horas de oración encomendaremos a la Virgen María la fe y la vida cristiana de nuestros jóvenes, la autenticidad cristiana y el bienestar espiritual de nuestras familias, el consuelo y la esperanza de los ancianos, de los enfermos, de los que sufren marginación, pobreza, soledad o angustia y desesperanza. Tendremos un recuerdo especial de solidaridad con nuestros hermanos de Timor Oriental, para llegar a cumplir los compromisos de ayuda y reconstrucción que asumimos como compromiso social de nuestro año jubilar.

Os esperamos a todos, familias cristianas del Casco Antiguo, devotos de la Virgen María en cualquiera de sus advocaciones, fieles cristianos de todas las parroquias de Pamplona y de Navarra, religiosos y religiosas, nadie tiene que quedar sin acercarse en un momento u otro a pedir la bendición de la Virgen María, de Sta. Ana, de San Miguel y San Francisco Javier. Bendición y gracia para nuestra Iglesia de Navarra, para las familias navarras, para los que sufren, de cualquier manera que sea, en favor de la distensión, de la reconciliación y de la paz, para el crecimiento de la fe y del vigor espiritual en las nuevas familias cristianas, en los distintos ambientes de la vida social y de la convivencia, en las diferentes comarcas y zonas de Navarra, con sus particulares dificultades y necesidades.

Que María, toda santa y toda madre, que vivió cerca de Jesús y recibió como nadie los dones del Espíritu Santo, Ella que recorrió con fidelidad y fortaleza el camino de su peregrinación hacia Dios, sea para nosotros estrella de la mañana, sosiego de nuestro corazón y estímulo de nuestros deseos de renovación espiritual y apostólica.

Pamplona, 15 de noviembre de 2000

+ Fernando Sebastián Aguilar
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

 
Volver a Cartas pastorales
 
Volver a Documentación