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Cartas desde la fe

 

OREMOS POR LA PAZ

 

  Los cristianos sabemos que el fin de los atentados terroristas tiene que ser el resultado de muchas acciones convergentes, acertadas y perseverantes que corresponden en distinto grado y de distinta manera a todos los miembros de la sociedad,  en especial a las personas e instituciones más directamente responsables de promover y garantizar el bien común. Nosotros además estamos convencidos de que la paz y el cese del terrorismo no vendrán sin una ayuda especial de Dios. En este tiempo de Adviento y Navidad sentimos más vivamente la necesidad de pedir la ayuda de Dios para que nos libre de la oscura pesadilla del terrorismo.

 El dolor y el creciente rechazo de los atentados, hace que muchas personas se dirijan a la Iglesia pidiendo que hagamos cuanto esté en nuestra mano para acelerar el fin del terrorismo. Es preciso reconocer que ante este grave problema de nuestra sociedad, sentimos la limitación de nuestros recursos y posibilidades. El terrorismo terminará cuando quienes lo proyectan y ejecutan cambien de sentimientos y renuncien a estos procedimientos criminales. Este cambio podrán hacerlo de grado o por la fuerza. Pero ¿quién está en condiciones de decir cuándo y cómo? Y sobre todo ¿quién tiene el secreto poder para imponérselo?

 Sin embargo los cristianos no podemos perder la esperanza. Estemos donde estemos, por encima de cualquier consideración particularista, preferencia social o política, tenemos que hacer cuanto esté en nuestra mano para que termine cuanto antes  este largo dolor y esta terrible amenaza del terrorismo.

 Es preciso que se desarrolle entre nosotros un auténtico movimiento moral contra la violencia y a favor de la convivencia en la verdad, la libertad y lo solidaridad. Tenemos que superar la dinámica de los enfrentamientos y de la disgregación, y promover un proceso de convergencia, comunicación, tolerancia y verdadera convivencia. Nada de esto será posible sin un cambio interior de los sentimientos y de las conciencias. Por eso necesitamos la asistencia de Dios. 

 Convencidos de ello, nos dirigimos a todos los cristianos de Navarra para animarles a pedir intensamente la ayuda de Dios con el fin de que, guiados y alentados por la fuerza de su Espíritu, consigamos crear las circunstancias necesarias para que ETA desista de sus actuaciones terroristas y podamos vivir todos en paz, con verdadera libertad y tranquila seguridad. 

             Con este propósito os anunciamos tres iniciativas concretas.

 1ª)  Pedimos a los Párrocos y Rectores de Iglesias que en todas las Misas que se celebren con el Pueblo de Dios en los domingos y días festivos incluyan una petición por el fin de los atentados terroristas y el restablecimiento de la convivencia y de la paz en Navarra y en España entera. Así lo acordamos todos los Obispos en la última Asamblea de la Conferencia Episcopal Española y así queremos hacerlo nosotros con máxima diligencia y confianza. Desde  la Delegación de Liturgia nos ofrecerán en pocos días algunos formularios orientativos.

 2ª) Os anuncio también que durante el año próximo, en alguna Iglesia de Pamplona, celebraremos semanalmente una Hora Santa por la paz y el fin del terrorismo. Oportunamente publicaremos los detalles y circunstancias concretas de esta iniciativa.

 3ª) Finalmente,  animo a todas las Parroquias, comunidades y fieles de la Diócesis que quieran y puedan hacerlo, para que participen en el ENCUENTRO INTERDIOCESANO DE ORACIÓN POR LA PAZ que se celebrará si Dios quiere en Vitoria, el día 13 de enero, sábado,  por la mañana. En las parroquias y en las Iglesias abiertas al culto ofreceremos  el horario y las previsiones concretas para el desarrollo de esta jornada de oración.

             No faltará quien, ante estas iniciativas, piense que la oración es una actividad carente de realidad y eficacia. Los que tenemos la suerte de creer en Dios y en su gracia, sabemos que El es fuente de iluminación y de fortaleza para los espíritus. Siguiendo las enseñanzas del Apóstol Pablo,  reconocemos de buen grado nuestra debilidad y nuestra ignorancia, pero a la vez nos atrevemos a afirmar que con la ayuda de Dios nos sentimos capaces de todo.

             Por mi parte, cada día estoy más convencido de que el terrorismo no acabará sin una fuerte reacción moral de la sociedad entera, de las familias, de las instituciones políticas, de los medios de comunicación, de los educadores, de todos cuantos influimos en la opinión pública y en el ambiente general de la vida. Se invoca con frecuencia el espíritu de la democracia, pero la democracia es libertad y la libertad solamente se puede ejercer de verdad en el respeto a la verdad, en el respeto a los derechos de los demás, en el deseo sincero de actuar con justicia y rectitud, en una sincera voluntad de comunicación y convivencia, es decir, en un clima moral claro y vigoroso que por desgracia no todos ni siempre reconocemos, respetamos ni practicamos.

 Que Dios ilumine, en primer lugar, a los propios terroristas y les haga ver el horror y la inhumanidad de sus crímenes, que ilumine también y dirija las decisiones de cuantos intervienen en los diferentes niveles de la vida política, en quienes tienen la misión de garantizar la seguridad de las personas y de administrar justicia. Que consuele a los familiares y amigos de las víctimas, a todos los que sufren las consecuencias del terrorismo o se sienten amenazados por él. Dios tenga piedad de nosotros y nos ayude a caminar por sendas de justicia y de paz.

 Pamplona 13 de diciembre del 2000

+ Fernando Sebastián Aguilar
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

 
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