Cartas desde la fe |
VISITA PASTORAL A LAS PARROQUIAS
| Durante los meses de enero, febrero y marzo, voy
a dedicar buena parte de mi tiempo a visitar pastoralmente las Parroquias del
Arciprestazgo Norte de Pamplona. Este Arciprestazgo está compuesto por las siguientes
Parroquias de Pamplona: El Salvador, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora del Río,
San Jorge, San Pedro, más las de Ansoáin, Artica y Berriozar. Las normas de la Iglesia imponen al Obispo la obligación de visitar la Diócesis cada año, total o parcialmente, de modo que al menos cada cinco años visite la Diócesis entera, personalmente o por medio de sus Vicarios, con la ayuda de los presbíteros que crea conveniente (Cf. c. 396). Las complicaciones de la vida actual nos hacen muy difícil cumplir esta prescripción, pero hay que hacer lo posible porque es una actividad muy importante dentro de la vida diocesana. La Visita Pastoral de las Parroquias entra dentro del ministerio ordinario del Obispo como Sacerdote y Pastor de la Iglesia local, como primer sacerdote y responsable de la vida espiritual y religiosa del Pueblo de Dios y de los fieles que la Iglesia le ha encomendado. En este encuentro directo del Obispo con los fieles de su Iglesia tiene especial importancia la Misa estacional, es decir, la celebración de la Eucaristía con los sacerdotes, religiosos y fieles de la parroquia para expresar su plena y perfecta unidad eclesial dentro de la Iglesia local (Sacrosnactum Concilium, n. 41). Al concluir la Misa estacional conviene hacer memoria de los fieles difuntos de la Parroquia y rogar por su eterno descanso. La visita del Obispo es una buena oportunidad para vivir la realidad amplia y profunda de la Iglesia local. El Obispo es el sucesor de los Apóstoles que, en nombre de Cristo y de la Iglesia universal, preside la vida de la comunidad cristiana, anuncia el Evangelio, celebra los sacramentos y promueve la vida espiritual, apostólica y fraternal de toda la Iglesia y de cada uno de sus grupos y fieles. En la vida ordinaria, los fieles católicos no tienen muchas oportunidades para percibir directamente su unidad como miembros de la Iglesia local presidida por el Obispo, en comunión con la tradición apostólica y la unidad de la Iglesia católica. El Obispo no puede atender directamente a todos los fieles de manera habitual, por eso está obligado a ordenar a otros sacerdotes como colaboradores suyos y en su nombre, con la dirección y la misión que reciben de él, atienden al Pueblo de Dios y cuidan en su nombre la atención religiosa y pastoral de los fieles, en los diferentes lugares y demarcaciones. En estos días de la Visita Pastoral se manifiesta la naturaleza profunda de nuestra Iglesia y la unidad de todos sus miembros. La división en comunidades parroquiales no rompe la unidad básica de todos los cristianos en una sola Iglesia diocesana, ni impide la relación directa entre los fieles y el Obispo, que es el primer sacerdote y pastor de todos ellos. Nuestras comunidades parroquiales son Iglesia precisamente porque están todas ellas presididas y atendidas por el Obispo, Sucesor de los Apóstoles, en comunión estrecha de doctrina y obediencia con el Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, y con todos los demás Obispos que se mantienen en la comunión católica. Por eso, cuando el Obispo llega a una Parroquia no llega ningún advenedizo ni ningún intruso, sino que llega alguien de casa a su propia casa. El Obispo es el Sacerdote Primero de todos los fieles de la Iglesia local y de todas las parroquias que los sacerdotes atienden en su nombre y bajo su autoridad. Las relaciones de los fieles con el Obispo y de éste con ellos han de ser, por supuesto, respetuosas, pero siempre inspiradas en la confianza y en el afecto que podemos y debemos tener todos dentro de la Iglesia, como hermanos que somos. Al visitar estas parroquias me mueve el deseo de conocer lo mejor que pueda las condiciones de vida de todos sus miembros, ver directamente las manifestaciones de su vida de fe, conocer los esfuerzos que hacen entre todos para evangelizar a los jóvenes y a los alejados, y para consolar a los pobres, enfermos y necesitados. En una palabra, quiero ver de cerca cómo viven los cristianos en medio del mundo, compartir sus esfuerzos, animarles en su fidelidad, enriquecer su vida con la energía espiritual del ministerio apostólico que el Señor me ha confiado para el bien de todos. Un aspecto importante de la Visita Pastoral es la convivencia entre el Obispo y los sacerdotes durante unos días, en el terreno mismo de la vida eclesial, compartiendo actividades, preocupaciones y alegrías. Desde ahora os saludo fraternalmente a todos y me pongo a vuestra disposición para vivir juntos las alegrías y exigencias de la fe en Nuestro Señor Jesucristo. Lo podremos hacer con especial fervor en este Año Jubilar, año de renovación espiritual, de rejuvenecimiento eclesial y de nuevo impulso apostólico y fraternal. Recemos desde ahora al Señor y a la Virgen María, a los Patronos de nuestra Iglesia de Navarra y a los de vuestras Parroquias, para que nos ayuden a vivir estos días de la Visita Pastoral como un tiempo de gracia y renovación. Con estos deseos, me despido de vosotros con un fraternal "hasta pronto". Fernando Sebastián Aguilar |