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Cartas desde la fe

EL DÍA DE LA CARIDAD

Hasta hace pocos años la fiesta del Corpus Christi era un jueves que lucía más que el sol. Ahora la celebramos en domingo. El domingo del Corpus es un día lleno de esplendor.

En España celebramos también esta fiesta como DÍA DE LA CARIDAD. Y es que la presencia sacramental del Cuerpo de Cristo, ofrecido en la Cruz por nuestra salvación y glorificado en el Cielo como primicia y centro del Mundo Nuevo de la Resurrección, se mire por donde se mire, es el símbolo palpable y visible del amor más grande que puede haber en nuestro mundo.

El Cuerpo de Jesús fue el gran signo revelador de la bondad de Dios hacia nosotros. Las curaciones de los enfermos, el perdón de los pecadores, sus palabras de misericordia y salvación, la infinita bondad que llenó su vida, fueron verdaderas y eficaces por medio de su cuerpo. En su Cuerpo fueron y siguen siendo verdad el dolor de su muerte y la gloria de la Resurrección.

Por eso es tan fácil pasar del Día del Cuerpo de Cristo al Día de la Caridad, esa misma caridad que nace y se manifiesta en el Cuerpo de Cristo, que se difunde en nuestros corazones mediante la comunión espiritual y sacramental con ese Cuerpo humano y divino, habitado por el Espíritu Santo y transfigurado por el Amor de Dios.

El Espíritu Santo de Dios, el Amor infinito, difusivo, operante de Dios, habitaba corporalmente en Jesús y actuaba por medio de El para la salvación del mundo. También ahora, el Cuerpo Sacramentado de Cristo es foco universal de la difusión del Espíritu Santo de Dios para la transformación del mundo.

El amor y la bondad no nacen en nuestros corazones. Nos tienen que venir de Dios. Y nos vienen de Dios por medio de Jesús. Celebrar la fiesta del Cuerpo de Cristo es celebrar la fiesta de este Pan espiritual, bajado del Cielo, capaz de alimentarnos con los dones del Espíritu, capaz de transformar nuestro corazón egoísta en un corazón abierto al amor auténtico y generoso, como el del mismo Jesús.

La fiesta del Corpus es toda ella un gran anuncio del Amor como salvación para los pobres y sencillos de corazón. El Amor que viene de Dios, el Amor que está en Cristo, el Amor que Cristo nos comunica a los que nos acercamos a El con fe y humildad, el Amor que nosotros tenemos que vivir y anunciar para remediar los sufrimientos de nuestros hermanos y ayudarles a encontrar en Dios la fuente de la vida y la esperanza de su salvación.

A todos los pamploneses y a todos los navarros os invito a celebrar esta fiesta con piedad y sinceridad. Salgamos hoy a la calle a honrar el Cuerpo de Cristo. Honrémosle con cantos y flores, con la alegría y el esplendor de una hermosa fiesta. Pero tengamos en cuenta que el verdadero honor de Jesucristo está en la vida justa y santa de los cristianos. La gloria y el honor de Cristo son sus discípulos, los que viven como El, con el corazón puesto en Dios, y la vida empleada al servicio de los hermanos necesitados.

Hay muchas maneras de hacer el bien a los demás. Y muchos ámbitos donde hacerlo. Pero nadie puede sentirse buen cristiano sin dejarse llevar por el Espíritu de Jesús para vivir amorosamente delante del Padre celestial y entregado sinceramente al servicio de los hermanos que Dios le haya puesto más cerca y con más debilidad o sufrimientos.

Ahora, ya de cara al verano, este mensaje del Día del Corpus puede ser una buena sugerencia para nuestras revisiones y proyectos. Ojalá encontremos todos en el verano algunos días, o por lo menos algunos momentos, de examen y revisión de nuestra vida. Que la fiesta de la Eucaristía nos haga a todos mejores cristianos, mejores adoradores de Dios y más hermanos de nuestros hermanos.

¿Qué tal si hoy mismo, en honor del amor y la bondad de Cristo, separamos un dinero para Cáritas, un dinero para los pobres, un dinero para crecer nosotros en bondad y consolar los sufrimientos de los pobres?

Fernando Sebastián Aguilar
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

 

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