Cartas desde la fe |
LA CONFERENCIA EPISCOPAL
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Recientemente los Obispos españoles hemos estado reunidos en Madrid, durante cinco días. Los cristianos tienen derecho a saber lo que hemos hecho en estas jornadas. En primer lugar, estudiamos y aprobamos un hermoso documento sobre la familia, considerada como cuna de la vida y esperanza de la sociedad. Desde la fe cristiana y desde nuestra responsabilidad pastoral, los Obispos vemos con preocupación lo que está ocurriendo en nuestro país en torno a la familia. La idea de familia, fundada sobre un matrimonio estable entre varón y mujer, es seguramente una de las adquisiciones sociales y culturales más importantes que hemos conseguido en las naciones occidentales y cristianas a lo largo de los siglos. Es el resultado de una visión personalizada del sexo y de un reconocimiento práctico de la primacía del amor como norma suprema de las relaciones interpersonales. Un progresismo mal entendido, mezcla de ignorancia y de respeto humano, nos está llevando al menosprecio de nuestro patrimonio cultural y espiritual. Estamos dinamitando la concepción cristiana de la familia que ha sido durante siglos el quicio de nuestra sociedad y la mejor garantía de la honestidad y de la felicidad de nuestro pueblo. ¿Qué será de esta sociedad cuando la mitad de los jóvenes sean hijos de padres divorciados o sin padre conocido? ¿Quién suscitará en ellos los sentimientos imprescindibles de autoestima, confianza y generosidad? Porque no hay Administración que pueda suplir la mirada de una madre o la palabra oportuna de un padre. Aprobamos también dos breves documentos, uno en el que denunciamos la práctica inhumana del tráfico de mujeres destinadas a la prostitución, el otro dedicado a describir la perversidad de la “píldora del día después” como técnica abortiva . Las dos cosas tienen entre sí un oculto parentesco. Las dos son fruto amargo de una consideración deshumanizada del sexo, un atropello de las personas (las mujeres esclavizadas o los hijos sacrificados) a favor de un ejercicio de la sexualidad irresponsable y sin amor. Estudiamos detenidamente los Estatutos de la proyectada Región Pastoral de Cataluña. Hubo muchas observaciones y tuvieron que quedar pendientes hasta contar con una nueva redacción corregida. Los volveremos a estudiar en la próxima sesión. Y hablamos también sobre terrorismo, tratando de comprender por qué hemos sido tan duramente criticados en estas últimas semanas. Es sabido que ETA, durante unos años, pudo ocultar su verdadero rostro con la careta del antifranquismo, consiguiendo que algunas personas, también algunos sacerdotes, religiosos y seminaristas, lamentablemente, colaborasen durante un tiempo con unos terroristas disfrazados de luchadores por la democracia. Buena parte de la sociedad vasca, también algunos cristianos, han necesitado tiempo para juzgar a ETA por lo que verdaderamente es, sin la coartada del antifranquismo y más allá de las pretensiones nacionalistas. Hay un sentimiento, difuso y profundo, que predispone a mucha gente para defender la identidad vasca contra unas posibles agresiones venidas desde Madrid. Son reflejos de algunas duras experiencias del pasado, que no dejan ver con claridad y libertad los verdaderos componentes del momento presente. Este ha sido un síndrome de buena parte de la sociedad vasca, incluidos no pocos cristianos y algunos sacerdotes. Creo sinceramente que los Obispos del País Vasco y de Navarra han denunciado y condenado claramente los crímenes de ETA desde el principio. En sesión reservada, los Obispos repasamos los hechos, aclaramos nuestras ideas, reconocimos la poca oportunidad de algunas actuaciones. Todo se desarrolló en un clima de serena fraternidad con voluntad de acertar en la fidelidad y en la verdad. No hubo enfrentamientos de ninguna clase, como algunos han dicho, con fotografías y todo. Resulta muy triste ver cómo una Asamblea tan respetable, tan valiosa, tan bien intencionada, que podría tener una influencia moral decisiva en la sociedad española, es tan poco respetada, tan poco estimada, tan injustamente maltratada y calumniada. Porque no es verdad que estemos siendo ambiguos ni cobardes en la condena de los atentados de ETA y de cuantos colaboran con ellos. La postura de la Conferencia y de los Obispos ha sido clara y contundente: “No se puede matar, no se puede colaborar con los que matan, no se puede ayudar a los que colaboran con los que matan”. Lo dijo el Presidente de la Conferencia en su discurso inaugural al cual nos adherimos los Obispos en el comunicado final. Lo ha dicho el Papa en varias ocasiones y lo hemos dicho muchas veces los Obispos en estrecha comunión con la enseñanza de la Iglesia entera. Causa asombro y tristeza ver cómo algunas personas han querido utilizar una entrevista con el Papa para difundir otro mensaje, a todas luces calumnioso. No hemos querido sumarnos a ninguna estrategia política frente al terrorismo ni con ocasión del terrorismo. Pero sí hemos condenado firmemente el terrorismo de ETA desde el punto de vista moral. Algunos hubieran querido otra cosa. Lo cierto es que el terrorismo tiene unas profundas raíces de naturaleza moral y hasta religiosa, se alimenta de una idolatría política y de una grave perversión de la conciencia moral. La Iglesia, los Obispos, los cristianos, en este orden de cosas, podemos y debemos hacer una gran labor a favor de la libertad y de la paz, en buena parte la estamos haciendo. Es una equivocación no reconocerlo así, no valorar nuestras aportaciones, no ayudarnos a hacerlo mejor. Las consecuencias de este error serán muy negativas para todos, menos para los terroristas. Es una lástima.
Fernando Sebastián Aguilar |