El 21 de octubre celebramos el Día de las Misiones, la jornada de
las Obras Misionales Pontificias. El Papa, como primer responsable en el mundo de la
difusión del Evangelio de Jesucristo, nos invita a rezar con él por el crecimiento de la
fe cristiana, por el anuncio de la gracia y del amor universal de Dios. Y nos pide
también una ayuda económica para sostener y ampliar la acción misionera de la Iglesia
en todos los rincones del mundo.
Los misioneros trabajan por un mundo mejor. Todos queremos un mundo mejor. Lo difícil es
acertar a ver cómo tiene que ser ese mundo mejor, en qué consiste esa pretendida
mejoría y cómo podemos conseguirla de verdad.
Sabemos que para trabajar de verdad por un mundo mejor, primero tenemos que ser mejores
nosotros mismos. Cada uno de nosotros somos un mundo. Este mundo propio es el primero que
tenemos que mejorar. Y para mejorar de verdad hay que tener claro cuál es ese verdadero
bien que nos hace mejorar. Cuál es el valor verdadero por el que hay que luchar para ser
mejores y mejorar el mundo. No está tan claro. Esta es la cuestión radical.
Todos tenemos delante un «mundo mejor» por el que luchamos y trabajamos. Para unos su
mundo mejor es un sueldo mejor, una casa buena, un puesto de trabajo, un ascenso o una
buena cuenta corriente. Para otros un mundo más justo, un mundo sin pobres ni ricos, o,
como se dice, un mundo «progresista». Aun-que luego cada uno entienda el progreso a su
manera.
Tenemos que recordar la palabra de Jesús: «Sólo Dios es bueno». Porque cada uno, a lo
largo de la vida, nos vamos haciendo a imagen y semejanza del «dios» que adoramos en el
secreto de nuestro corazón. Adorar es reconocer como bien absoluto, como razón última
de nuestros deseos y nuestros actos, como verdadera aspiración de nuestros deseos. El que
adora al dinero o al bienestar material se hace hijo y siervo de esta tierra. El que
«adora» un ideal político, o una tierra, o un sistema determinado, termina haciéndose
él mismo pieza del sistema. Sólo el que adora de verdad al Dios verdadero, el Dios de
Jesucristo, está en el camino de la libertad, de la justicia interior, del bien universal
y verdadero. Ese podrá ser agente de un mundo mejor.
Este es el compromiso y el ideal de los misioneros, anunciar al Dios de Jesucristo por los
cuatro puntos cardinales, para que todos conozcan y adoren al Dios de la vida y de la
misericordia, el Dios de la gracia y de la salvación, para que este Dios bueno nos haga
buenos a todos y nos ponga en condiciones de ir haciendo un mundo mejor para todos, en lo
material y en lo espiritual, para esta vida y para la vida eterna.
Hoy tiene que estar más viva que nunca la misión universal de la Iglesia. Si el mundo se
unifica y todos dependemos unos de otros, es urgente que todos adoremos al mismo Dios, que
todos alcancemos unas bases comunes de convivencia, en una misma justicia, en un mismo
amor y en una misma esperanza.
La misión universal no ha hecho más que empezar, nos dice el Papa. Quedan miles de
millones de hombres y mujeres que todavía no pueden adorar conscientemente al verdadero
Dios, no han podido conocer suficientemente la bondad ni el amor de Dios porque no les ha
llegado todavía el testimonio de Jesús sobre el Padre del Cielo.
La fe en Cristo no niega el valor de ninguna cosa buena que haya en el mundo. Cristo
ilumina, purifica, fortalece y consuma todo lo bueno y verdadero que hay en todos los
pueblos, en todas las culturas, en todas las religiones y en todos los corazones. Cristo
es el centro de unidad y la fuente de la salvación del mundo entero.
En este día de las misiones, honramos la memoria de to-dos nuestros misioneros, hombres y
mujeres, sacerdotes, religiosos y laicos. Rezamos por ellos, nos unimos espiritualmente a
su testimonio de vanguardia y ofrecemos una buena limosna para apoyar su vida y su
trabajo.
Los cristianos jóvenes de Navarra tienen en la vida misionera una hermosa manera de vivir
y de entregar la vida. Las vocaciones misioneras volverán. Las parroquias, las
asociaciones, los grupos de jóvenes verán que dedicar la vida a anunciar el Evangelio
por el ancho mundo es una hermosa manera de emplear la vida, un modo excelente de hacer el
bien a los demás, el mejor modo de poner los fundamentos para un mundo mejor, un mundo
que crece y progresa de acuerdo con Dios. Quienes quieran comprometerse y trabajar por un
mundo mejor, tienen aquí un camino, un desafío, una invitación para toda la vida.
¿Alguien puede ofrecer algo mejor?
+ Fernando Sebastián Aguilar
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela
Pamplona, 19 de octubre del 2001
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