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Cartas desde la fe

 

SÍ A FAVOR DE LOS NIÑOS

 El Movimiento Mundial a Favor de la Infancia ha puesto en marcha una campaña, “Decir SÍ a favor de los niños”,  que culminará en la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, dedicada a los problemas de la infancia, que se celebrará del 19 al 21 de septiembre de este año 2001.

 En esta Sesión Especial de Naciones Unidas se quiere comprobar cómo los Gobiernos de los diversos países miembros han cumplido las orientaciones y objetivos de la Cumbre Mundial de 1990, en la que los dirigentes políticos del mundo situaron los problemas de la infancia en la lista de los intereses mundiales y en el catálogo de los derechos humanos.

 Desde entonces se han conseguido muchas cosas. En más de 100 países los niños han comenzado a recibir cuidados sanitarios, vacunas contra las enfermedades más frecuentes como el sarampión, el tétanos o la poliomielitis. Más de diez millones de niños reciben una alimentación más completa que les permite vivir y desarrollarse normalmente. Otros muchos han comenzado a recibir educación básica para incorporarse a una sociedad desarrollada y activa.

 Sin embargo, a pesar de este esfuerzo, las necesidades mantienen todavía un nivel de tragedia. Las guerras han producido millones de niños desterrados, mutilados, huérfanos. Doscientos millones de niños trabajan en edades prematuras y tienen que asumir esfuerzos y riesgos desproporcionados y abusivos. Otros muchos viven bajo la amenaza o la tragedia del SIDA, otros sufren desnutrición, millones de ellos son utilizados como soldados de primera fila, candidatos precoces e inconscientes para la crueldad y para la muerte.

 Los cristianos no necesitamos muchos argumentos para sumarnos gustosamente a esta campaña de apoyo a los niños y defensa de sus derechos. Somos discípulos de un Maestro que reclamó el derecho de los niños a estar cerca de El,  a escuchar su palabra y recibir la caricia de su mirada limpia y amable. Todos nos sentimos hijos pequeños de Dios, y aprendemos de nuestro Padre a ser justos, misericordiosos, amigos de los más débiles y de los que están en necesidad.

 En lo que valga nuestra palabra, invitamos a todos a comprometerse en esta campaña del “Sí a favor de los niños”. Todos podemos hacer algo. Especialmente los que tienen responsabilidades públicas, los que manejan cantidades importantes de dinero dedicado a la solidaridad internacional, quienes influyen en la opinión pública, los que movilizan la sensibilidad y las preferencias de nuestra gente. En nuestro mundo hay suficientes medios, suficientes alimentos, suficiente dinero, suficientes recursos de todas clases para mover una campaña universal a favor de los niños amenazados y desatendidos del mundo entero.

 Como cristianos no podemos olvidarnos de los niños silenciados y sacrificados en el Primer Mundo, precisamente en el mundo de la abundancia, que es también, demasiadas veces, el mundo del egoísmo.

 Desde todos los países de la tierra, desde el Movimiento Mundial a favor de la Infancia, debería resonar un clamor pidiendo a la sociedad y a los gobiernos justicia y amparo para los niños víctimas de abortos voluntarios, para los niños sin familia estable y normal, para los niños excluidos de la vida a favor del bienestar de los adultos.

 También en los países ricos y civilizados, también en los países de vieja tradición cristiana, somos crueles con los niños, también aquí millones de niños son víctimas de nuestro egoísmo, un egoísmo más duro e inhumano que en otros lugares,  puesto que es aceptado y establecido cultural y legalmente de forma premeditada y sin las presiones que pueden actuar en otros lugares. La izquierda política de nuestros países, y en muchos casos también la derecha, tendrían que revisar sus programas y liberarse de viejos tópicos mantenidos como anticlericales que son en realidad antihumanos y regresivos.

 Justicia y amor para los niños maltratados del Tercer mundo. Justicia y amor para los niños no nacidos o no queridos de nuestro Primer mundo, primero en riqueza, quizás no tanto en amor y generosidad. Allí y aquí, los niños, todos los niños, tienen derecho a nacer, a vivir, a crecer sanos y felices en una familia estable y amorosa, con su padre, su madre y sus hermanos. Nadie tiene derecho a privarles voluntariamente de este nido humano del amor y de la vida que es la familia verdadera y completa. Así los quiere Jesús, su Hermano Mayor, así los quiere Dios, el Padre de todos.

 

Pamplona, 25 de mayo del 2001

 

Fernando Sebastián Aguilar
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

 
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