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Cartas desde la fe

 

IDEAS SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN

Desde hace meses estamos soportando un ataque casi permanente contra las clases de religión en la escuela pública.

Esta campaña, porque se trata de una verdadera campaña, se apoya en algunos hechos ocasionales. El malestar de algunos profesores que no han sido propuestos para continuar su trabajo, algunas pequeñas anomalías en el funcionamiento de alguna Delegación o incluso de alguna Administración pública en relación con algún otro Profesor etc.

No podemos ser ingenuos. Hay otras razones más influyentes, hondas y permanentes. La verdad es que la izquierda española nunca ha aceptado la enseñanza de la religión en la escuela pública. El antiguo eslogan de los socialistas "escuela única, pública y laica" sigue influyendo desde muchos puntos del poder político y de los medios de comunicación.

Cabe preguntarse por qué precisamente ahora renuevan esta contienda. No es fácil responder. Quizás, en último término, se trata de poner en apuros al PP. Forzar en las circunstancias actuales una revisión de los Acuerdos del Estado Español con la Santa Sede sería abrir un proceso muy complicado que favorecería muchas escaramuzas y no pocas divisiones de criterio entre los políticos y en la opinión pública. De paso debilitarían también la presencia y la influencia social de la Iglesia, que la izquierda laica y antirreligiosa tampoco soporta. .

Nuestra respuesta tiene que ser doble:

CLARIFICAR NUESTRAS IDEAS, y

FORTALECER NUESTRA IDENTIDAD.

 

CLARIFICAR NUESTRAS IDEAS.

Hemos de tener muy claro que las clases de religión en la escuela pública no son un privilegio de la Iglesia, sino que responden a un derecho civil de los ciudadanos católicos. El Estado no es quien para imponer su ideología a nadie. El Estado no es el educador de los jóvenes, los primeros responsables de la educación de los jóvenes son sus padres, y el Estado tiene que ofrecerles la educación que necesiten con las connotaciones religiosas y morales que los padres quieran, o los mismos jóvenes cuando ellos son capaces de discernir. A los padres laicos el Estado les ofrece una educación laica. Y a los padres católicos les tiene que ofrecer una enseñanza católica.

Los laicos querrían imponer el laicismo para todos. Los católicos defendemos el derecho de las familias católicas a tener una enseñanza pública de acuerdo con nuestras creencias. Pero no imponemos nuestro catolicismo a nadie. Si unos quieren tener escuela laica que la tengan. Pero que nos dejen a los católicos tener una enseñanza católica. Así está recogido en el artículo 27 de la Constitución. Nuestro Estado no es beligerante en materia de religión ni de confesiones. Eso quiere decir "aconfesional". Reconoce el hecho social de la religión y lo favorece como un sector de los derechos y las libertades civiles de los ciudadanos que el Estado tiene que favorecer. El Estado laico, que quiere imponer el laicismo a todas las instituciones públicas, y a través de ellas a la población en general, en el fondo, es impositivo y sectario. Esta manera de pensar resulta bastante menos democrática que la reflejada en el Estado aconfesional tal como está en la Constitución y nosotros lo defendemos.

Otro punto importante es la situación laboral de los profesores de religión. Hay que reconocer que es una situación deficiente, afectada por una permanente interinidad. Necesitamos tener en cuenta las aclaraciones siguientes. Esta interinidad depende de la intervención de los Obispos en la proposición de los candidatos, previa al contrato por parte de la Administración. La intervención de los Obispos no es caprichosa, ni nace de ningún ansia de poder, ni la ejercemos arbitrariamente. Tal intervención del Obispo en la selección y propuesta de los candidatos, está requerida por los Acuerdos como medio de garantizar que la enseñanza católica que se da en la escuela pública es conforme a las exigencias doctrinales, morales y testimoniales de la Iglesia. En el fondo trata de defender el derecho de los padres católicos a la recta educación católica de sus hijos. Esta garantía no la puede dar sino alguien desde la Iglesia y con autoridad suficiente. Si el Estado pretendiera hacer esta selección, sería un abuso. Sería algo así como si el Ministro de Educación pretendiera garantizar la capacidad de un seminarista para ser presentado a las órdenes sagradas.

Por otra parte, en general, los Obispos respetamos la continuidad del trabajo de los profesores de religión, mientras no se presenten fuertes indicios de que los interesados, de una u otra manera, han dejado de reunir las condiciones indispensables para desempeñar bien esta misión. En definitiva, es el propio profesor el que tendría que retirarse cuando deja de sentir o de vivir de acuerdo con lo que tiene que enseñar. Más de uno lo ha hecho así. La convicción de fe y el testimonio de vida son indispensables para poder enseñar de manera convincente los contenidos de nuestra fe y las propuestas de nuestra moral.

VIVIR CON CLARIDAD Y FIRMEZA NUESTRA IDENTIDAD ECLESIAL Y APOSTÓLICA

Los profesores de religión son empleados interinos del Estado, de la administración docente, en orden a satisfacer el derecho de los ciudadanos católicos de recibir enseñanza de religión y moral católica en el conjunto de su formación intelectual, cultural y cívica. Desde la Conferencia Episcopal hemos trabajado mucho desde hace más de 20 años para que su estatuto laboral fuera seriamente reconocido y justamente retribuido por la Administración pública. Y lo seguiremos haciendo. Su presencia en los centros públicos es testimonio y garantía del pleno reconocimiento de la libertad religiosa de los ciudadanos por parte del Estado. Como lo serán también el día que existan los profesores de religión cristiana evangélica, judía o musulmana.

Pero estos elementos administrativos, laborales y económicos no son lo primario, ni pueden ser lo principal en este trabajo. Desde el punto de vista personal y cristiano, un profesor de religión se tiene que sentir ante todo enviado de la Iglesia, en el campo de la escuela pública, para ilustrar, fortalecer y promover la fe y la vida cristiana de sus alumnos, todo ello mediante una buena exposición de sus materias, con competencia, claridad, fidelidad, atractivo y fuerza de convicción. Los profesores de religión, en el cuadro actual de agentes de pastoral, son verdaderos formadores de los jóvenes cristianos en el conocimiento científico y sistemático de los contenidos de la fe, de la moral, de la vida cristiana y de la naturaleza e historia de la Iglesia. Tarea importantísima en el momento presente de fuerte preocupación educativa y evangelizadora.

Desde su trabajo, los profesores de religión son colaboradores de las propias familias católicas, de la Diócesis y de las parroquias, verdaderos agentes de pastoral, en una misión verdaderamente difícil y exigente, pero cada vez más necesaria y más apoyada por la Iglesia. Son como la primera línea eclesial en la evangelización de la juventud. Su labor requiere una estrecha colaboración con las familias católicas (primeras educadoras en la fe) y con las parroquias, en su acción catequética, de pastoral juvenil y de celebración litúrgica.

Aunque tengan una situación administrativa, labora y económica, la tarea de profesor de religión no se debe considerar en primer lugar como un "puesto de trabajo". Quien viene a este trabajo buscando una solución económica a su vida, sin una profunda motivación cristiana y una clara conciencia eclesial, tarde o temprano, se sentirá incómodo y hasta frustrado. Laboralmente no es una salida brillante, desde elñ punto de vista personal estas deficiencias se ven compensadas por las motivaciones espirituales y apostólicas, quien no las tienen claras y firmes nunca podrá estar del todo satisfecho.

En todas las Iglesias particulares, la valoración del trabajo apostólico y pastoral de los profesores de religión está en un proceso ascendente. En estos momentos queremos avivar en las familias católicas la conciencia de su responsabilidad en la educación cristiana de los niños y jóvenes. No consiste en exigir, sino en sugerir y ayudar, con respeto y sencillez, con paciencia, con verdad y eficacia. El triángulo educativo de siempre familia-escuela-parroquia, se concreta en la colaboración entre las madres, los profesores o profesoras de religión y los o las catequistas. Hay que trabajar para que este encuentro y colaboración sea un hecho en nuestras parroquias y colegios, con actos, encuentros, entrevistas, celebraciones, etc.

Para todos un cariñoso saludo de vuestro Obispo,.

 + Fernando Sebastián Aguilar
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Pamplona, 19 de octubre del 2001

 

 

 
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