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Cartas desde la fe

 

SACERDOTES PARA EL NUEVO SIGLO

El domingo, día 18 de marzo, celebraremos el Día del Seminario. Un día dedicado a reflexionar sobre la importancia y significación del Seminario en el conjunto de la Diócesis. Un Seminario para la Navarra del siglo XXI.

El slogan de este año nos habla de "El Seminario corazón de la Diócesis". Esta expresión se puede entender de muchas maneras. Lo más urgente es que el Seminario y lo que significa esté en nuestro corazón como algo muy valorado y muy querido. El Seminario está en el corazón del Obispo, de los sacerdotes, de los religiosos y religiosas, de los padres cristianos, de todos los que formamos el Pueblo de Dios en Navarra.

Nuestra situación es dura y exigente. Llevamos treinta años con muy pocas ordenaciones. Hay en Navarra solamente unos sesenta sacerdotes con menos de cincuenta años. Y cien más entre cincuenta y sesenta años. Comenzamos a encontrar dificultades reales para atender las muchas parroquias y necesidades pastorales que tenemos . Los trabajos más exigentes de formación, preparación para los sacramentos, dirección espiritual, actividades pastorales y predicaciones especializadas nos resultan cada vez más difíciles.

Para vivir normalmente, las comunidades cristianas necesitan ese cristiano bien preparado, liberado de otras ocupaciones y obligaciones, consagrado a Dios y al servicio de la Iglesia, enviado y ungido por la Iglesia en el nombre del Señor, lleno de Dios y servidor de sus hermanos, que es el presbítero. Lo necesitan para convocar y presidir la Eucaristía, para proclamar y explicar la Palabra de Dios, para conceder el perdón de los pecados en el nombre de Dios y de la Iglesia, para escuchar, aconsejar, dirigir y coordinar las actividades de la comunidad entera, para animar y alentar a todos, en equipo, con la colaboración de los más preparados y mejor dispuestos.

Estos sacerdotes surgen en las familias cristianas, en las comunidades parroquiales fervorosas, en los grupos de monaguillos y de jóvenes con una vida cristiana intensa, con dirección espiritual cercana, con un plan de vida exigente, con experiencias fuertes de servicio, abnegación y apostolado.

El Seminario es el lugar y la comunidad educativa donde estos jóvenes llamados por el Señor para vivir con El y desempeñar el ministerio presbiteral, en estrecha comunión con el ministerio apostólico del Obispo, se preparan espiritual y doctrinalmente para desempeñar su ministerio al servicio de las comunidades cristianas y del anuncio evangelizador del evangelio. Ahora mismo el Seminario de Navarra acoge a un grupo, demasiado reducido, de 12 seminaristas. Contamos también con un grupo de muchachos más jóvenes que cultivan en el Pre-Seminario su posible llamada a este ministerio.

El Seminario no puede crecer si no está arraigado en los corazones de los cristianos y de los sacerdotes de la Diócesis. Los padres cristianos que aman la Iglesia y valoran su misión sanadora y santificadora en el mundo, han de pedir a Dios que les conceda la gracia de tener un hijo sacerdote. Los sacerdotes que viven fervorosamente su propio ministerio y conocen por dentro las actuales necesidades de esta Iglesia de Navarra, han de orar y trabajar para que en sus parroquias, en sus grupos, entre sus catequistas, surjan vocaciones para el presbiterio diocesano. Resulta difícil de comprender que de todas las parroquias de Navarra no salgan más de uno o dos candidatos al año para ingresar en el Seminario. Algo hay que no marcha bien.

Tienen que pasar definitivamente los tiempos en los que se cuestionaba la necesidad y la importancia del Seminario en algunas de nuestras comunidades y aun por parte de algunos sacerdotes. Hay una pregunta paralizante que tenemos que superar definitivamente. Sacerdotes, ¿para qué modelo de Iglesia? Tenemos una respuesta clara, sacerdotes para la Iglesia de los Apóstoles, para la Iglesia católica, para la Iglesia de siempre. Las variantes son lo de menos, basta con que sean sacerdotes bien arraigados en Cristo y en las entrañas de la Iglesia. Lo demás lo tendremos por añadidura. Estamos en tiempos apremiantes, en los que el amor a Dios y a nuestra Iglesia tienen que traducirse necesariamente en una preocupación viva por la pastoral vocacional y por la prosperidad espiritual del Seminario. Cada uno verá el modo de hacerlo mejor.

El Día del Seminario es un día para pensar en el futuro de la Iglesia de Navarra. Un día para rezar por las vocaciones, para ofrecer nuestra vida al Señor, para apoyar con nuestro cariño y nuestras limosnas este Centro singular donde se preparan los sacerdotes de mañana mismo, los sacerdotes que las comunidades cristianas están esperando, los sacerdotes que tendrán que impulsar la evangelización de las nuevas generaciones en la Navarra del siglo XXI.

El Seminario corazón de la Diócesis. De él tiene que llegar la sangre nueva que vigorice nuestras comunidades. Pero para eso hace falta que nosotros llevemos el seminario en nuestro corazón, en nuestras preocupaciones y deseos, en nuestras oraciones y esperanzas, en nuestras actividades y trabajos. Con toda verdad os tengo que decir, el Seminario, las vocaciones para el presbiterio, la buena formación doctrinal y espiritual de nuestros seminaristas, la atención generosa a las necesidades de una buena formación, han de ser preocupación preferente de todos los buenos sacerdotes y de los cristianos más responsables de la Diócesis. En el Seminario está en buena parte el futuro de nuestra Diócesis, el futuro de la fe y de la vida cristiana de Navarra y de los navarros en el siglo que acaba de comenzar. ¿Podemos ser indiferentes? El Señor y la Virgen María nos guíen y ayuden. En ellos confiamos.

 

Pamplona, 17 de marzo de 2001

 

+ Fernando Sebastián Aguilar
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

 
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