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Documento pastoral

 

 

En la celebración ecuménica. Parroquia San Miguel de Pamplona (*)

En el Encuentro Interreligioso por la Paz. Salón Mikael  de Pamplona

Homilía en la celebración ecuménica en San Miguel de Pamplona

Representantes de las Iglesias cristianas presentes en Pamplona,
Hermanas y hermanos queridos en la fe de Jesucristo nuestro Salvador.

Estamos reunidos como discípulos de Cristo para orar juntos por la unidad de los cristianos y por la paz del mundo. Es verdad que entendemos algunas cosas de manera diferente y por eso no todos pertenecemos a la misma Iglesia, ni podemos desgraciadamente celebrar juntos los sacramentos del Señor. Pero nos une a todos la fe en el mismo Jesucristo, la adoración de la Santa Trinidad y la esperanza de la salvación universal.

Todos queremos sinceramente ser adoradores del Padre, en espíritu y en verdad, con la adoración viva, amorosa y obediente, de Jesús. Todos queremos apagar nuestra sed con el agua viva del Espíritu de Dios, que Jesús infunde a quienes creen en El y abre nuestro corazón a la comunión con Dios y a la esperanza de la vida eterna.

Los cristianos queremos contribuir a construir la paz entre todos los hombres. Por eso mismo, siguiendo la invitación del Obispo de Roma, guiado por el Espíritu Santo, rogamos ardientemente por la superación de las injusticias y de los odios fratricidas. Primero aquí, en nuestra tierra, después en la Tierra de Jesús y en todos los países que sufren el azote del odio y de la guerra.

Somos conscientes de que las grandes religiones monoteístas tienen una especial responsabilidad en el advenimiento de la paz del mundo. Es un pecado que los pueblos que adoran al mismo Dios, al único Dios, vivo, clemente y misericordioso,  aunque sea de distinta manera, vivan separados por muros invisibles e infranqueables, de incomprensión, de desconfianza y a veces de menosprecio y hasta de odios o rencores históricos.

Queremos favorecer el diálogo y el acercamiento entre los hombres y los pueblos adoradores de Dios. Pero para eso nosotros los cristianos tenemos que dar el buen ejemplo de nuestra comprensión, de nuestro acercamiento, de nuestra sincera fraternidad, mientras no sea posible la completa unidad.

Esto es lo que Cristo quiso hacer, unir a todos los hombres en la confesión y en la adoración filial del buen Padre del cielo, por encima de todas las diferencias teóricas y prácticas. Todos nosotros vivíamos sin esperanza y sin Dios en el mundo, fuera de la esperanza de las promesas. Jesucristo nos ha enriquecido con el conocimiento del Dios verdadero, con el conocimiento y la la aceptación de su gracia, con el gran don de su Espíritu.

Sobre estos fundamentos, la cruz redentora de Jesucristo, el testimonio de los apóstoles, y la acción del Espíritu en nuestros corazones, tenemos que edificar nuestra fraternidad día a día y tenemos que recorrer juntos los caminos del servicio y de la fraternidad universal.

Si nunca el nombre de Dios puede justificar las guerras entre los pueblos, menos todavía el nombre de Jesús o la fe en la santa tradición de los Apóstoles puede justificar la distancia o la incomprensión entre nosotros los cristianos, discípulos sinceros de Jesús, hijos queridos en El y por El del mismo Padre celestial.

En los umbrales del siglo XXI oímos la voz de Dios que resuena con fuerza en todos los rincones del mundo pidiéndonos la humildad y el valor de dar pasos reales hacia la reconciliación y la unidad de los cristianos. En este humilde rincón del mundo, con el deseo de colaborar con esta llamada de Dios, nosotros pedimos sinceramente el don de la unidad, y avanzamos en el camino del encuentro, de la colaboración y de la fraternidad cristiana.

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Texto leído en el Encuentro Interreligioso. Salón Mikael de Pamplona

Bienvenidos, hermanos judíos, musulmanes, budistas  y cristianos. Bienvenidos a este encuentro de oración y de fraternidad. Que Dios sea bendito y alabado por los siglos de los siglos. 

En nuestra Ciudad tiene una importancia singular este encuentro entre musulmanes, budistas, judíos y cristianos. Es la primera vez que esto ocurre. Estamos más acostumbrados a subrayar las diferencias que las coincidencias que hay entre nosotros. 

Ciertamente expresamos el conocimiento de Dios de distintas maneras, con ideas y palabras diferentes. Sobre todo manifestamos nuestra adoración a Dios con expresiones y palabras distintas. Pero más allá de nuestras expresiones y formas de obrar todos queremos adorar y obedecer al único Dios verdadero, al Dios único y verdadero, el Dios de Abrahán y de Moisés, el Dios de Jesucristo, el Dios predicado por el Profeta Mahoma, el Dios vivo, clemente y misericordioso, el Dios de la creación, de la vida y de la inmortalidad.  Todos queremos honrar su nombre, vivir en su presencia y alcanzar un día los dones de sus promesas. 

Por desgracia esta coincidencia en la religión y en la adoración del único Dios, ha quedado a veces oculta por las diferencias de cultura o por los intereses económicos de los dirigentes políticos. 

Nuestra reunión es un humilde encuentro de unos pocos creyentes. Pero en acontecimientos humildes pueden ocurrir grandes cosas e iniciarse grandes transformaciones. Vivamos intensamente la significación y la fuerza espiritual de este encuentro que es sin duda un don de Dios en el cual está presente y operante la fuerza de su Espíritu. 

Nuestro encuentro será grande y fecundo si en él vivimos la verdad de estas tres palabras: PERDÓN, FRATERNIDAD, TESTIMONIO.

PERDÓN. Pedimos perdón a Dios por nuestros pecados, por la deformación de la verdadera religión que ha sido causa de guerras y persecuciones entre nosotros. Le pedimos perdón a Dios y nos perdonamos mutuamente. Todos hemos pecado. Que Dios nos perdone como nosotros también nos perdonamos. 

FRATERNIDAD. La adoración del único Dios nos ayuda a descubrirnos como hermanos. Aunque vengamos de países diferentes, aunque hablemos una lengua distinta, aunque entendamos las cosas de forma distinta, todos somos hijos de Dios, todos tenemos sobre nosotros la bendición y el amor de Dios, todos podemos y debemos acogernos como hermanos, ayudarnos como hermanos, vivir en paz y felicidad como hermanos que se quieren bien, se respetan y se ayudan en todo momento. 

TESTIMONIO. Por desgracia hay junto a nosotros muchos hermanos nuestros que han perdido la memoria de Dios, no lo reconocen ni lo adoran como el Padre Eterno, Creador del universo, Amigo de la vida y salvador de todos los hombres. Nosotros queremos hablarles de Dios, queremos manifestarles con nuestra reconciliación y nuestra fraternidad que Dios es bueno y amigo de los hombres, que Dios nos enseña y ayuda a vivir en la justicia y en la paz, que la adoración del único Dios vivo y eterno nos hace más humanos, más verdaderos y felices. 

Con estos pasos humildes emprendemos hoy un camino grandioso. El camino de la reconciliación de todos los pueblos de la tierra. Que cesen las guerras entre cristianos y musulmanes, que cesen los odios y las guerras entre judíos y musulmanes, que ceses todas las incomprensiones y todas las desconfianzas y todos los conflictos entre judíos, musulmanes y cristianos, entre europeos y asiáticos, que en todas partes resuene la voz de los mejores lideres espirituales, amaos los unos a los otros, anunciad las riquezas y la bondad de Dios,  disfrutad de sus dones, haced juntos el camino que conduce a la inmortalidad.  Para gloria de Dios, para la paz y la felicidad de todos los hombres y mujeres de la tierra.

 

Pamplona, 23 de enero de 2002

+ Fernando Sebastián Aguilar

Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela

 

 
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