Cartas desde la Fe |
Carta del Papa sobre el sacramento de la Penitencia
Queridos hermanos sacerdotes, Con estas líneas os presento brevemente la Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II, titulada Misericordia Dei, dedicada a la celebración del sacramento de la penitencia. En ella el Papa no añade nada a lo que son actualmente las disposiciones y recomendaciones de la Iglesia y del buen sentido cristiano, tal como están recogidas en el Catecismo de la Iglesia católica, (nn. 1440-1470). Con su escrito el Papa pretende animarnos a celebrar fielmente este sacramento para el bien del Pueblo de Dios. El resumen de lo que dice lo podemos reducir a estas afirmaciones: 1. El ministerio de la reconciliación, concedida mediante los sacramentos del Bautismo y de la Penitencia, es parte esencial del ministerio sacerdotal y del mandato que la Iglesia recibió de Jesucristo. La redención comienza siendo perdón y penitencia. 2. La confesión completa de los pecados graves es parte constitutiva del sacramento por institución divina. Nadie puede dispensarla. Los Pastores solo podemos intervenir dando criterios para poder juzgar con objetividad cuando esta confesión necesaria de los pecados graves es verdaderamente imposible. 3. El uso de la absolución general sólo puede ser autorizado como algo del todo extraordinario y excepcional. Nunca se puede recurrir a la absolución general o colectiva como una manera de sustituir, y menos de eliminar, la confesión personal de los pecados. 4. Los sacerdotes tenemos la obligación grave de facilitar a los fieles la celebración personal del sacramento de la penitencia, evitando cualquier uso que restrinja la confesión de los pecados a una acusación genérica, como, por desgracia, se hace entre nosotros con cierta frecuencia. 5. En este contexto, la absolución general, dada a varios penitentes, sin confesión de los pecados, resulta legítima sólo en casos excepcionales, como pueden ser el peligro de muerte, la falta de confesores durante largo tiempo. Sólo el Ordinario, según las normas de cada Conferencia Episcopal, puede juzgar acerca de la legitimidad de esta "grave necesidad". La validez del sacramento requiere siempre la voluntad de confesar los pecados graves "cuando sea posible". Lo demás son abusos y engaños. 6. En Navarra es evidente que en tiempos normales no se da esta grave necesidad ni se puede por tanto utilizar lícitamente la absolución general en ningún caso. Repetidamente hemos desautorizado esta práctica. Se puede dudar con fundamento de la validez de esta forma de celebrar el sacramento. Una vez más quiero llamar la atención de todos los sacerdotes, especialmente de los Párrocos, para que en la celebración de este sacramento tan importante para el cr5ecimiento de la vida cristiana, se atengan estrictamente a las prescripciones de la Santa Iglesia. Los Arciprestes y Vicarios tienen el deber sacrosanto de colaborar conmigo para eliminar las prácticas residuales de estos abusos en nuestra Iglesia de Navarra. Esto mismo vale para los fieles, que son las primeras víctimas de estos abusos. 7. Es un deber grave de los Pastores facilitar a los fieles cristianos la celebración individual del sacramento de la penitencia en días y horas asequibles y cómodos para ellos. En los días festivos, cuando los fieles acuden en mayor número al templo, antes de la celebración eucarística, e incluso durante el tiempo de la celebración, es conveniente que haya siempre algún confesor en lugar visible, dispuesto a escuchar las confesiones de los fieles y administrarles el perdón y la gracia de Dios en el nombre del Señor. Queridos sacerdotes, una vez más quiero insistir en la necesidad de recuperar la plena normalidad eclesial en la celebración de este sacramento. Este objetivo ha de ser obra de todos y todos estamos gravemente obligados a apoyarlo lo mejor que podamos, con caridad y fidelidad. Tendrá que pasar un tiempo para lograrlo. El buen ejemplo, la catequesis adecuada repetida con normalidad, el aprecio sincero de los bienes del sacramento en todos nosotros, irán poco a poco consiguiendo este objetivo. La confesión frecuente y bien celebrada, además de ser indispensable para vencer el poder del Maligno en nosotros, para vivir y crecer en la gracia de Dios, resulta indispensable para formar personalmente la conciencia de los fieles cristianos y ayudarles en el desarrollo de su vida espiritual. Atender esta necesidad de los fieles ha sido siempre una característica de los buenos sacerdotes. Y sigue siendo ahora nuestra obligación. Gracias de corazón por todo lo que hacéis cada día en el servicio fiel del Pueblo de Dios. El Señor os bendiga y os guarde. Recibid un saludo cordial de vuestro Obispo. Afmo. Pamplona, 3 de mayo de 2002
+ Fernando Sebastián Aguilar Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela |