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Cartas desde la Fe

 

Confirmaciones

 

En este tiempo pascual son muchas las parroquias que piden la presencia del Obispo para celebrar el sacramento de la confirmación. Es un gozo comprobar el interés con que sacerdotes y catequistas han trabajado en la preparación de los confirmandos. Sin duda el esfuerzo dedicado a la preparación de los jóvenes para recibir este sacramento de la Iniciación Cristiana, es uno de los trabajos más intensos de evangelización que estamos haciendo.

Con frecuencia sacerdotes y catequistas expresan su preocupación ante el escaso número de jóvenes que siguen acudiendo a la Iglesia después de haber recibido este sacramento. Muchos de ellos, tanto chicos como chicas, reciben el sacramento sin tener intención de continuar su formación cristiana ni de asistir habitualmente a la Eucaristía de los domingos. Es inevitable que surja la pregunta ¿estamos celebrando la confirmación de nuestros jóvenes con las mínimas disposiciones necesarias?

Hemos analizado y discutido este problema, con sacerdotes y catequistas, en muchas ocasiones. Hemos formulado normas y orientaciones que tratan de afrontar este problema y ayudarnos a superarlo. Están recogidas en varios documentos, como el Directorio de la Iniciación Cristiana, Nuevas Orientaciones sobre la celebración del sacramento de la Confirmación, y en el más reciente Ordenamiento de la pastoral parroquial. La experiencia nos dice que estos documentos no siempre son conocidos ni tenidos en cuenta.

Por eso me he decidido a repetir aquí de forma escueta y casi telegráfica las recomendaciones publicadas anteriormente, fruto y testimonio del sincero esfuerzo de la Iglesia de Navarra para cumplir su deber primordial de anunciar el evangelio de Jesucristo e invitar a las nuevas generaciones a la conversión y a la vida cristiana.

1 Es necesario evitar el colectivismo y los automatismos en la preparación y recepción del sacramento. En la convocatoria hay que prescindir del dato de la edad. No se debe invitar a los que han cumplido un determinado número de años ni a los que comienzan un determinado curso escolar. Invitamos a los cristianos bautizados que estén dispuestos a vivir como cristianos y quieran recibir los dones del Espíritu Santo. Da igual que tengan 14 años que 18 que 20. Luego habrá que ver cómo organizamos los grupos y cómo los distribuimos. Pero es indispensable romper el automatismo de las edades, de los cursos y de los grupos y valorar en primer lugar las disposiciones personales.

2. Cada catecúmeno debe hacer la petición por escrito, personalmente. Y una vez recibidas las peticiones, en un plazo señalado, hay que convocar a los padres, o a los que vayan a ser los padrinos de la confirmación, para pedirles su apoyo y su colaboración en la preparación del catecúmeno. Esta colaboración, requiere;

  1. el buen ejemplo del cumplimiento de sus obligaciones cristianas;
  2. el apoyo para que el catecúmeno acuda puntualmente a las catequesis y convivencias;
  3. el estímulo para que los catecúmenos estudien y preparen los temas señalados.
  4. Alguna entrevista con el párroco o el responsable de la catequesis de confirmación al menos cada trimestre del tiempo de preparación.

3. Desde el principio hay que dejar muy claro a los padres y a los mismos catecúmenos que inscribirse en la catequesis no da derecho ni seguridad de recibir el sacramento en un plazo determinado. Cada uno tendrá que pedir el sacramento cuando se sienta personalmente dispuesto a recibirlo con buenas disposiciones y a cumplir las obligaciones mínimas de la vida cristiana. Si alguno de ellos muestra desinterés o falta frecuentemente a las catequesis, hay que advertirle cuanto antes de que no podrá recibir el sacramento en la primera convocatoria. Y debemos advertírselo también a sus padres, sin esperar a última hora. Esto puede traer algún disgusto, pero es una obligación grave de los Párrocos con la ayuda de los catequistas.

4. Al menos tres meses antes de la fecha prevista para la celebración del sacramento hay que hacer la selección de los que están en condiciones de recibir el sacramento. No basta que los interesados lo pidan. Tienen que ser admitidos por la Iglesia, personalmente, uno por uno. En concreto la admisión la tiene que hacer el Párroco en nombre del Obispo. No sería correcto presentar a la Confirmación a unos candidatos cuando se sabe claramente que no tienen las disposiciones indispensables. Hecha la selección, hay que pensar en organizar aparte la preparación inmediata de quienes vayan a recibir el sacramento. En esta última preparación tiene que haber alguna sesión intensiva que les ayude a plantearse sinceramente su proyecto de vida.

5. las disposiciones indispensables se pueden reducir a estas tres:

  1. Aceptar de corazón la doctrina de la Iglesia en cuestiones religiosas y morales;
  2. Tratar de vivir en gracia de Dios y celebrar el sacramento de la penitencia cuando lo consideren necesario;
  3. Acudir habitualmente a la Misa de los domingos y días festivos.

Os repito lo que tantas veces hemos comentado. Tenemos ante nosotros un asunto difícil y exigente. Es preciso acomodar la mentalidad de los cristianos y los procedimientos pastorales a las necesidades de una Iglesia minoritaria que trata de anunciar el evangelio y vivir la fe en un mundo descristianizado y paganizado. Nos toca a nosotros abrir los nuevos caminos y preparar la Iglesia del futuro. En la disyuntiva entre mantener rutinariamente los números mayoritarios o adoptar procedimientos de mayor severidad, nosotros elegimos el criterio realista y humilde de la autenticidad. Si somos pocos o muchos no es nuestra cuestión. Cada uno es responsable de su vida y él verá lo que hace con ella. Seamos humildes y verdaderos. Mantengamos el criterio de anunciar fielmente el evangelio de Jesucristo según las enseñanzas de la Iglesia católica y celebrar con verdad los misterios de la salvación, exhortando a la conversión y a la novedad de una vida santa, nueva y diferente. Lo demás lo hará el Señor cuando quiera y como quiera. A su providencia nos remitimos con la protección de la Virgen María, Madre de la Iglesia.

 

Pamplona, 3 de mayo de 2002

 

+ Fernando Sebastián Aguilar

Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela

 
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