Cartas desde la Fe |
Al comienzo del curso
| A los Sacerdotes diocesanos, a los Rectores de Iglesias, religiosos, religiosas y cuantos trabajan pastoralmente en la Iglesia de NAVARRA.
Amigos y hermanos queridos, Al comenzar de nuevo las tareas pastorales, después del tiempo de vacaciones y descanso, quiero enviaros unas letras de saludo y aliento. Como todos los años, celebraremos las Jornadas del Pueblo de Dios, como pórtico de nuestro año pastoral. Pero eso no impide que me dirija ahora a vosotros personalmente. Al hacerlo, quiero expresaros en primer lugar mi afecto fraternal y eclesial. Todos nos encontramos reunidos por el amor y la gracia del Señor en esta familia espiritual que es nuestra Iglesia de Navarra. Antes de pensar en nada, es bueno que nos veamos y sintamos reunidos en torno al Señor, llamados y convocados por El, hermanos verdaderos dentro de la familia y de la casa de Dios nuestro Padre. Hay que orarlo y sentirlo así para poder luego querernos y tratarnos como hermanos. En segundo lugar, quiero compartir con vosotros las responsabilidades, alegrías y sufrimientos de este "duro trabajo del evangelio" al que Dios nos ha llamado en esta Iglesia y en esta tierra de Navarra. Siempre es un gozo servir al Señor y a los hermanos en el anuncio del evangelio de la salvación de Dios. Todos sabemos, sin embargo, que en estos momentos, este servicio resulta muchas veces especialmente duro, difícil, ingrato. En estas circunstancias nos conviene a todos reavivar las fuentes profundas de nuestro ministerio y nuestro apostolado. Estamos aquí para ser testigos de la resurrección de Jesús y de su Reino, para anunciar la bondad y el amor de Dios, para ayudar a nuestros hermanos a creer en El, a amarle sobre todas las cosas y a buscar su salvación por el camino de los mandamientos que son fuente de justicia, de misericordia y de paz. Esta tarea sigue siendo necesaria, urgente, gloriosa, como obra propia que es de Jesucristo, el Hijo de Dios que vino al mundo para nuestra salvación y nos envía por medio de su Iglesia para que hagamos "mayores obras" que El. Contamos con su presencia poderosa y con la fuerza interior del Espíritu Santo. Y contamos también con la ayuda mutua de todos nosotros. Estad seguros de que en mi vida y actuaciones de Obispo no pretendo ninguna ventaja personal, sólo deseo ayudaros a servir al Señor y a los hermanos con fidelidad y alegría, en comunión de amor y obediencia con la Santa Iglesia de Dios, apostólica y católica. Sinceramente unidos en la fe, en la fidelidad a la Santa Iglesia y en el servicio fiel y perseverante a nuestros hermanos, encontraremos la felicidad personal y la fecundidad de nuestro apostolado. Durante el año no podemos vernos mucho, pero podéis estar seguros de que estoy a vuestro lado, sufro y gozo con vosotros, asumo como míos todos los trabajos, gozos y sufrimientos de vuestro ministerio y de vuestros trabajos apostólicos. Que la Virgen María, madre de Jesús y madre nuestra, madre misericordiosa de todos los hombres, nos enseñe a ser fieles discípulos del Señor y pregoneros valientes y diligentes de su Reino. A todos os saludo, a todos me ofrezco, en la medida de mis posibilidades, como hermano y servidor en este ministerio episcopal que el Señor y la Santa Iglesia me han encomendado. Rezad por mí como yo rezo por vosotros. El Señor os bendiga y os guarde en el amor y en el servicio hasta la vida eterna. Pamplona, 8 de septiembre de 2002
+ Fernando Sebastián Aguilar Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela |