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Cartas desde la Fe

 

Una Iglesia para todos

El 17 de noviembre celebraremos el Día de la Iglesia Diocesana.. Es un día dedicado a recordar lo que es la Iglesia particular, y para nosotros, en concreto, la Iglesia de Navarra.

Al pensar en la Iglesia, conviene comenzar por aquel primer grupo de discípulos que andaban con Jesús de un sitio para otro, y que luego creció por el ministerio de los Apóstoles, que anunciaron al único Señor, extendiendo por el mundo el número de los amigos y discípulos de Jesús.

Teniendo esto en cuenta se ve mejor y se valora más la verdad de nuestra Iglesia y nuestra condición de cristianos. Por encima de las distancias de tiempo y espacio, los cristianos de hoy, los cristianos de Navarra seguimos siendo, con los discípulos de la primera hora, la Iglesia de Jesús, llamados por El y reunidos en torno suyo, Por eso mismo la Iglesia es una y universal, unificada en torno a Jesús, gracias al ministerio de los Apóstoles y de sus sucesores, unificada interiormente por el amor del Espíritu Santo que nos hace hijos de Dios y nos levanta hasta su presencia.

Pero no podemos olvidar que esta Iglesia única y universal, existe de hecho en lugares concretos, en comunidades visibles, presididas por un sucesor de los Apóstoles, en esencial comunión con todas las demás y muy particularmente con la Iglesia de Roma, presidida por el sucesor de Pedro. Así es la figura y éstas son las dimensiones de nuestra Iglesia. Hay que tener en cuenta todo esto para saber lo que somos y dónde estamos. Si queremos ver la realidad de nuestra Iglesia más por dentro, tendremos que pensar en la comunión espiritual con Jesús de cada uno de nosotros, en la presencia y acción misteriosa de Cristo que nos une y asimila con El por la fuerza del Espíritu Santo, en la comunión con la Trinidad, en la posesión de la vida divina que nos santifica y nos hace ser ya ahora ciudadanos del cielo y compañeros de los santos.

Conviene recordar estas cosas, porque frecuentemente, cuando hablamos o nos hablan de la Iglesia, nos quedamos en los aspectos más exteriores de su vida, en cuatro hechos llamativos de la vida de algunos cristianos, especialmente de los clérigos, algunas veces para ponderar sus buenas obras, pero casi siempre, con más o menos verdad, con mejor o peor voluntad, para comentar y lamentar lo que resulta más vulnerable.

Tenemos que reconocer que la imagen de la Iglesia que se desprende de lo que dicen o escriben los medios de comunicación no es muy halagüeña. Es cierto que los cristianos no siempre honramos con nuestras obras el nombre que llevamos. También es verdad que los noticiarios hablan más de lo malo que de lo bueno, agrandando a veces lo malo y silenciando casi siempre las buenas obras de tantos cristianos y cristianas ejemplares que viven haciendo el bien, cumpliendo con sus deberes familiares y profesionales, consolando a los que sufren y anunciando con su vida los bienes admirables del Reino de Dios.

¿Cómo tendremos que celebrar el Día de la Iglesia diocesana en esta situación? No se trata de hacer cosas extraordinarias, pero sí podemos hacer algunas muy importantes. En primer lugar, podemos y debemos rezar por nuestra Iglesia, por el Papa y los Obispos, por los sacerdotes, religiosos y misioneros, por los cristianos en general, por las vocaciones a la vida consagrada y al ministerio sacerdotal, por la santificación de los padres y madres de familia, por los niños y los ancianos, los enfermos, los que tienen especiales responsabilidades o padecen dificultades espirituales o materiales, por los que se han alejado de Dios, por nuestros enemigos.

Rezando no está todo hecho. Habrá que hacer algo para conocer mejor nuestra Iglesia, su misterio profundo y su vida de cada día. Tendríamos que leer, por ejemplo, el Sermón de la Montaña para recordar el programa de vida de todo cristiano. Podríamos hacer el propósito de suscribirnos a alguna revista que nos hable en directo, sin mediaciones interesadas, de la vida de nuestra Iglesia.

En un tercer plano deberíamos examinar qué es lo que hacemos realmente como miembros de la Iglesia de Jesús, cuál es nuestro comportamiento, qué actividades de apostolado tenemos, cuánto tiempo dedicamos a los asuntos de nuestra Iglesia, que son también nuestros asuntos.

Finalmente, en esta Jornada de la Iglesia diocesana todos los cristianos de Navarra estamos invitados a dar algún dinero para los gastos y necesidades de la Iglesia. Se ha hablado mucho de los dineros de la Iglesia. La verdad es que somos pobres, gracias a Dios. Tenemos poco dinero y lo empleamos bastante bien, con atención y responsabilidad. Los que critican a la Iglesia por cuestiones de dinero, no se suelen preguntar en qué lo gasta. Nosotros lo gastamos en mantener a los sacerdotes, arreglar templos y casas rectorales, preparar las instalaciones necesarias para las múltiples actividades pastorales, ayudar a los necesitados, adquirir los instrumentos de formación y de trabajo que necesitan los seminaristas, ofrecer medios de formación para los seglares que quieren prepararse mejor para la vida y el apostolado.

Con sencillez y confianza os pido que seáis generosos. Dad para vuestra Iglesia una aportación significativa, algo que exprese vuestro amor y gratitud hacia la Madre espiritual que nos ha enseñado a conocer a Jesucristo y al buen Padre del cielo, que nos perdona los pecados en su nombre y nos acompaña con su gracia en la vida y en la muerte.

Pidamos al Señor y a la Virgen María que nos den el gozo de ser hijos de Dios en nuestra Iglesia, discípulos de Jesús y hermanos de los santos, alabanza viviente de nuestro Dios y servidores de nuestros hermanos, pidamos por la paz del mundo y de nuestra tierra, vivamos con alegría nuestra vocación cristiana, en la Iglesia de Jesús, con diligencia y generosidad, para alabanza de Dios, santificación nuestra y salvación del mundo.

+ Fernando Sebastián Aguilar

Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela

 
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