Cartas desde la Fe |
Continuar la estirpe de Javier
| El 3 de diciembre se cumplen los 450 años de la muerte de Javier. Murió lejos de su Navarra, pero llevaba dentro lo mejor de nuestro espíritu y nuestras tradiciones. En esa misma fecha celebraremos el "Día de la Misión diocesana de Navarra" Un día para pensar y para sentir. Al recordar a Javier, los católicos navarros sentimos orgullo, agradecimiento, aliento y deseos grandes de hacer algo por el Señor, por su Evangelio, por la iluminación y la conversión cristiana de los que todavía no conocen a Jesucristo. Pero, con los sentimientos, hay que activar el pensamiento y la reflexión. Ahora mismo la Diócesis y la tierra de Navarra se pueden sentir orgullosas de sus misioneros. A mí me llena de admiración y de alegría el encontrarme con familiares de misioneros en todos los pueblos de Navarra. Me conmuevo cuando una señora o un buen paisano de cualquier punto de Navarra me dicen "tengo un hermano en Camerún", o "tenemos una hermana en El Salvador". Hay misioneros y misioneras de Navarra en todas partes del mundo. Unos cuantos son sacerdotes diocesanos, otros poquitos son chicos y chicas seglares, la mayoría son religiosos, y sobre todo religiosas, de diferentes Congregaciones. Hace dos años el Gobierno Foral concedió la Medalla de Oro de Navarra a los misioneros navarros. Ellos me la entregaron a mí para que la custodiara y expusiera en el Arzobispado. Es un honor para la Iglesia entera de Navarra. Al ver esa medalla en mi despacho pienso cuánto amor, cuánta generosidad y abnegación, cuánta fe y cuánto evangelio y cuánta Iglesia hay detrás de ella. Las sombras que puede haber en nuestra Iglesia, o las críticas e incomprensiones que padecemos, pueden dar la impresión de que en la Iglesia no hay espíritu ni generosidad, no hay santos ni cristianos entusiastas. El recuerdo de nuestros misioneros es suficiente para apartar esa idea negativa y sombría de la realidad de nuestra Iglesia. Por lo pronto, ellos son parte de nuestra Iglesia, y están dando un ejemplo de desprendimiento y generosidad, de amor a Dios y al prójimo, que no admite sospechas ni discusiones. Lo dejaron todo para servir y anunciar el evangelio de Jesucristo donde la Iglesia los ha puesto. Ellos son, en verdad, continuadores de la estirpe de Javier, herederos de su espíritu e imitadores de su grandeza de corazón. Estos misioneros salieron de unas familias, de unas parroquias y de unos grupos concretos. Ellos, como nosotros, no crecieron en el aire, sino que se alimentaron espiritualmente de unas familias piadosas donde se respiraba la fe en Dios y el amor a la Iglesia, se sintieron alentados y ayudados por unas parroquias o unas asociaciones donde se vivía con fervor el amor a Dios y a Jesucristo, en las que se vivían las virtudes cristianas y se sentía la grandeza y la urgencia de la vocación misionera. Año tras año, se hace más urgente ir pensando en el relevo de nuestros misioneros. Yo os invito a preguntaros ¿cuántos años tienen los misioneros o misioneras que conocéis? ¿cuántos años hace que no ha salido una nueva vocación sacerdotal o religiosa, una nueva vocación misionera de vuestra parroquia o de vuestro pueblo? ¿Es que se ha acabado en Navarra la estirpe de Javier? Estas preguntas nos llegan al corazón y sacuden nuestra responsabilidad cristiana. Se sienten aludidos los padres cristianos. ¿Cuántos padres cristianos piensan en poder ofrecer un hijo o una hija para el servicio del evangelio y de la Iglesia? Y tienen que llegar con fuerza al corazón de los jóvenes cristianos. Id ante el Sagrario y decid al Señor "Señor, yo te adoro y te amo con todo mi corazón, ¿qué quieres de mí? ¿qué quieres que haga con mi vida?" No encontraréis otra manera mejor de encauzar y engrandecer vuestra vida. Estas mismas preguntas resuenan también con fuerza en el corazón de los sacerdotes y de todos los educadores cristianos. ¿Cuánto tiempo hace que no surge en nuestras parroquias una vocación para el ministerio apostólico, para la vida consagrada o para la vida misionera? No es asunto fácil, pero una cosa es verdadera y tenemos que reconocerla aunque nos duela, donde hay vida cristiana intensa las vocaciones aparecen. El Señor cuida de su Iglesia y quiere la salvación de todos los hombres en el mundo entero. Por eso sigue llamando. Y en consecuencia, donde hay familias cristianas con hijos y con ambiente cristiano, donde hay parroquias espiritualmente vigorosas y grupos de jóvenes con vida de piedad intensa, esta llamada del Señor es percibida y aceptada, hay vocaciones y no faltan las respuestas. El día 3 vamos a rezar por nuestros misioneros, por las vocaciones para la vida apostólica, diocesana y misionera, vamos a rezar por la renovación espiritual y la generosidad cristiana de nuestras familias, por la conversión y entusiasmo cristiano de nuestros jóvenes, por la ilusión, diligencia y perseverancia de nuestros sacerdotes y educadores cristianos. San Francisco Javier no permitirá que decaiga en Navarra el espíritu misionero, la raza de los grandes misioneros y misioneras. Para ellos, nuestra oración, nuestras limosnas y nuestra entrega personal. + Fernando Sebastián Aguilar Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela |