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Cartas desde la fe

 

En Familia a Javier

Javier es una de las referencias más amplias e intensas de los católicos navarros y uno de los símbolos más poderosos de Navarra en el mundo entero. Es una clara demostración del eco profundo que tienen los santos en el corazón del hombre. ¿Quién pensaría en Javier si no fuera por la fuerza y la grandeza de la vida y de la calidad espiritual de Francisco?

Creyentes y no creyentes sentimos admiración, respeto y cariño hacia los santos. Ellos manifiestan lo que todos, de una manera u otra, querríamos ser, coherentes, generosos, justos y buenos. Francisco de Javier cumple esta misión como pocos. Es un santo atractivo y amable, por su difícil combinación de fuerte humanidad y de apasionado amor a Dios y al prójimo.

Cada año las Javieradas, con su espíritu penitencial y su evocación apostólica y misionera, nos llaman y nos congregan en Javier. Puede ser que algunos vayan por deporte o por amor a la novedad. Pero la mayoría vamos porque queremos que el recuerdo de San Francisco de Javier aclare y fortalezca nuestra fe, porque estamos seguros de que la intercesión de nuestro Patrón nos ayudará a superar las dificultades de la vida, y nos iluminará para orientar la vida según la voluntad y la vocación de Dios.

Este año queremos que las Javieradas nos ayuden a descubrir el valor humano y cristiano de la familia verdadera, la familia cimentada en el amor fiel entre varón y mujer, bendecido y santificado en el sacramento del matrimonio, abierto al don de los hijos, escuela de humanidad y de virtudes cristianas.

En el Castillo de Javier la vida familiar estaba presidida por el Cristo apacible y victorioso que todavía podemos venerar hoy. Seguro que Francisco lo recordaba cuando se preguntaba "¿Qué puedo hacer yo por Cristo?" . La tradición cuenta que la imagen, en correspondencia de amor, lloró mientras Francisco moría agotado y consumido por la fiebre a las puertas de China.

En realidad todas las familias cristianas están presididas y acompañadas por el Cristo del amor, de la fidelidad, de la abnegación, de la vida, y de la victoria definitiva sobre la muerte. El amor de Cristo purifica, fortalece y santifica el amor de los esposos y lo hace más fuerte que todas las pruebas, más fuerte que la muerte, eterno como es eterna la vida verdadera.

El amor de Cristo nos enseña a unos a renunciar a la propia familia para entregarnos al servicio del Reino de Dios y del prójimo. A otros os enseña y ayuda a vivir juntos unidos por un amor mutuo firme y generoso, santificado, abierto a la vida, a las necesidades del prójimo y al apostolado.

Este año, cuando estemos en Javier, honraremos y proclamaremos la grandeza humana y el gran valor social de las familias cristianas, fieles, abnegadas, generosas, fuentes de vida, creadoras de sensibilidad social, cultivadoras y transmisoras de los mejores valores culturales, sociales y espirituales.

Conviene que la primera Javierada sea una peregrinación y una celebración de penitencia y de oración intensa pidiendo a Dios que aumente la claridad y la fortaleza de la fe en las familias navarras, que los jóvenes cristianos descubran el valor del matrimonio sacramental y de la familia cristiana como un proyecto excelso de vida, camino de perfeccionamiento personal, de santificación y de servicio a la sociedad.

La segunda Javierada será una verdadera fiesta de las familias cristianas, las familias que quieren vivir en el amor fiel y gozoso, las familias que saben acoger a los hijos como un don de Dios para el mundo, las familias que crean Iglesia y sociedad con el esfuerzo diario de su piedad, su trabajo y su generosidad.

Las dos serán también una meditación y una oración para que todos sepamos orientar nuestras vidas según la voluntad y la vocación de Dios. Una vez más Francisco de Javier será el modelo heroico, el intercesor entrañable, el hermano mayor de los mejores católicos navarros.

Os esperamos en Javier. Allí, todos juntos, unidos por la fe y por la fraternidad cristiana, contando con la ayuda e intercesión de nuestro Patrón, pediremos la bendición de Dios para todas las familias de Navarra, renovaremos nuestras convicciones cristianas y pediremos la ayuda del Señor para seguir adelante con nuestros trabajos de cada día y nuestros proyectos de solidaridad y de apostolado.

Pamplona, 15 de enero de 2002

+ Fernando Sebastián Aguilar

Arzpo. de Pamplona, Obpo. de Tudela

 
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