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Homilía en la celebración del Domingo de Resurrección

Este es el día en que actuó el Señor. Este es el día en el que Dios ha manifestado definitivamente su amor hacia nosotros y nos ha descubierto las verdaderas proporciones de nuestra vida. Nos creó para vivir en comunión familiar con El. Este es el día en el que Dios ha completado su obra resucitando a Jesús, entronizándolo como Señor del universo, y abriéndonos las puertas de su gloria para vivir con El eternamente. Acercándonos al sepulcro vacío, como Pedro y Juan, como María Magdalena, nosotros no vemos pero creemos.

La fe en la resurrección de Jesús es la clave de nuestra vida. Ella nos descubre el amor infinito de Dios, sus designios sobre nosotros, y nos da la capacidad de comprender y vivir rectamente todos los momentos de nuestra vida. El Dios bueno que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros, por eso podemos confiar en El y amarle de verdad en todas las circunstancias de nuestra vida.

Si, unidos a Cristo,  somos capaces de vivir con Dios y para Dios, a pesar de nuestras debilidades y de las seducciones del mal. La esperanza de la resurrección  nos permite vencer las tentaciones del mal,  capaces de superar la fascinación de las cosas de este mundo y vivir libres para hacer el bien, adorando a Dios y amando a los hermanos con el amor generoso y fiel que el mismo Dios hace crecer en nuestros corazones.

Como las santas mujeres, como los discípulos asombrados y conmovidos recibimos con gozo al Señor resucitado, lo adoramos, lo abrazamos con los brazos de la fe y del amor, le pedimos que se quede con nosotros, que nos libre de nuestros pecados y nos ayude a practicar ya en la vida de cada día el misterio de la vida santa y verdadera de la resurrección.

Tenemos que dar gracias a Dios por esta fe que nos permite vivir ya desde ahora con gozo y plenitud la grandeza de nuestra vida. Al terminar esta celebración tendremos que volver a la realidad de la vida cotidiana. Esa es nuestra “Galilea”, donde vamos a encontrar a muchos hermanos que viven sin conocer o sin tener en cuenta esta gran noticia de la resurrección de Jesús principio y causa de nuestra resurrección. Por gratitud con el Señor, por honestidad con nosotros mismos, por lealtad hacia ellos, con la sencillez de quienes todo lo han recibido y con la elocuencia de una vida santa, tendremos que decirles: Cristo ha resucitado, la vida santa y eterna está al alcance de tu mano, ven con nosotros, Cristo te iluminará y te dará el gozo de vivir la vida verdadera en comunión con Dios y con los santos.

Este es hermanos el mensaje de la Pascua. Esta es la vida y la misión de la Iglesia, esta es también la misión de cada uno de nosotros, anunciar a nuestros hermanos, más con las obras que con, las palabras la esperanza de la resurrección y la verdad de nuestra vida. Esto es lo que tenemos que hacer con la ayuda y la fuerza del Espíritu de Dios. A El sea la gloria y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén.

 

Mons. Fernando Sebastián Aguilar

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela