Cartas desde la fe |
Todos los santos
| Pronto vamos a
celebrar la fiesta de todos los santos. Si lo pensamos bien veremos que es una fiesta
simpática con mucha miga.
¿Qué es lo que celebramos? Con
esta fiesta queremos poner ante nosotros la infinidad de hermanos nuestros que vivieron en
el mundo y están ahora en el Cielo sin que nadie se acuerde de ellos. Millones de hombres
y mujeres, de todas las naciones, de todas las razas, de todos los colores, que vivieron y
murieron dentro de la misericordia de Dios.
En esta fiesta honramos
especialmente la memoria de tantos fieles cristianos que vivieron piadosamente, a lo mejor
con grandes dificultades y sufrimientos, que hicieron el bien a los demás sin salir nunca
en los periódicos, padres y madres de familia que se sacrificaron por sus hijos, gente
buena y honesta que llenaron dignamente el puesto que les tocó en la vida.
En el Apocalipsis, San Juan los
vio a todos ellos vestidos de blanco, símbolo de la bondad; y con palmas, símbolo del
sufrimiento vencido con fidelidad y fortaleza. "Lavados con la sangre del
Cordero", porque su fidelidad y su fortaleza se alimentó del ejemplo y del amor de
Cristo crucificado.
Es hermoso pensar que ahora viven
juntos en el Cielo y comparten una misma felicidad los buenos pastores primitivos y los
agricultores de la Edad Media, los mujeres humildes y los nobles más poderosos, los
pobladores autóctonos de siempre y los peregrinos que murieron al pasar por nuestra
tierra, los pacíficos monjes y los combatientes de todas las guerras y de todos los
bandos. A todos los recordamos y con todos nos alegramos al celebrar la fiesta universal
de todos los que murieron en la gracia de Dios.
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Si os fijáis en las lecturas
bíblicas de la Misa, veréis que se deducen de ellas tres pensamientos fundamentales:
1º. Hay que acostumbrarse a ver
la vida desde el final. Y el final es la felicidad de la vida eterna. Lo que ahora mismo
estamos viviendo vale mucho o poco según nos ayude o no a preparar esa vida interminable
con los santos. Esta tendría que ser la idea fundamental a la hora de escoger y decidir
las cosas que nos gustan o las que no valen la pena. Lo demás es paganismo.
2º. Podemos pensar así por la
gran bondad de Dios que ha querido hacer las cosas de esta manera. "La salvación es
de nuestro Dios". Mucha gente vive obsesionada con las cosas materiales como si no
hubiera otra esperanza. O se dejan llevar de la tristeza y la desesperación como si no
hubiera salvación. Puede haber sufrimientos y tribulaciones, pero por encima de todo
está la bondad de Dios que nos tiene abiertas las puertas de la gran salvación. En todo
momento, para todos nosotros. El que no entra en esta vida nueva y dichosa es porque no
quiere, porque no busca sinceramente la verdad, porque se deja enredar en los laberintos
que nosotros mismos organizamos.
3º. El camino de la salvación y
de la felicidad no es como muchos piensan. No se llega a la felicidad verdadera por el
camino del mucho dinero, de las diversiones locas, del sexo desenfrenado y degenerado. El
camino de la felicidad verdadera lo abrió Cristo con su propia vida y desde entonces ha
quedado abierto para todos. El Evangelio nos ha recogido los pasos fundamentales:
- hay que empezar por la pobreza
de corazón, que es sobriedad, humildad, confianza en Dios;
- y seguir por el deseo de la
justicia verdadera, la que viene de Dios, la que brota del corazón, la que disfruta
haciendo el bien a los demás;
- hace falta valorar la
misericordia, la comprensión, el respeto a los demás y el servicio a cuantos necesiten
de nosotros;
- y hay que buscar y favorecer
siempre la paz, como lo más parecido a la vida de fraternidad y alegría que Dios quiere
para todos los hombres. La violencia, la agresión, las amenazas no sirven para construir
nada ni para engrandecer ninguna causa.
- y todo esto en el amor y el
servicio de Dios y de Jesucristo por quienes vale la pena vivir y morir.
- Delante como una estrella de
esperanza que nos guía y nos aliente siempre esta gran esperanza "vuestra recompensa
será grande en el Cielo".
A la Virgen María pedimos hoy que
seamos también nosotros uno de estos santos que hoy recordamos y celebramos los
cristianos.
Pamplona, 28 de octubre de
1993
+Fernando Sebastián Aguilar Arzpo. de Pamplona, Obpo. de Tudela |