Calendario litúrgico de la Diócesis

CALENDARIO LITÚRGICO PROPIO DE LAS

DIÓCESIS DE PAMPLONA Y DE TUDELA

 

Este calendario ha sido aprobado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en fecha: 5 de mayo de 1976 (Prot. n. 816/75), 19 de enero de 1980 (Prot. n. 157/80), 9 de junio de 1998 (Prot. n. 1252/98/L)

Febrero

6 de febrero Santos Martín de la Ascensión, Pablo Miki y compañeros, mártires Memoria obligatoria

Marzo

1 de marzo San León, obispo y mártir Memoria libre

8 de marzo

San Veremundo de Irache, abad Memoria obligatoria

15 de marzo

San Raimundo de Fitero, abad Memoria libre

Marzo-abril

Martes después del domingo II de Pascua

En la diócesis de Pamplona: La Dedicación de la iglesia catedral metropolitana de Santa María de Pamplona

Fiesta (en la catedral: solemnidad)

Mayo

8 de mayo Santa María Virgen, Madre y Medianera de la gracia Memoria libre
9 de mayo San Gregorio de la Berrueza, obispo Memoria libre
13 de mayo San Miguel Garikoitz, presbítero Memoria libre
16 de mayo San Andrés Huberto Fournet, presbítero Memoria libre
25 de mayo Santa Vicenta María López Vicuña, virgen Memoria obligatoria

Junio

26 de junio Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero Memoria libre

Julio

7 de julio San Fermín, obispo y mártir

Fiesta, (en la ciudad de Pamplona: solemnidad)

26 de julio Santa Ana, madre de la Virgen María En la ciudad de Tudela: Solemnidad
31 de julio San Ignacio de Loyola, presbítero Fiesta

Agosto

19 de agosto San Ezequiel Moreno Díaz, obispo Memoria libre
28 de agosto San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia En la diócesis de Tudela, Fiesta
30 de agosto Beatos Esteban de Zudaire, Juan de Mayorga y compañeros mártires Memoria obligatoria

Septiembre

2 de septiembre Beato Francisco Dardan, presbítero y compañeros, mártires En la diócesis de Pamplona: Memoria
2 de septiembre Dedicación de la iglesia catedral de Santa María de Tudela

Fiesta (en la catedral: solemnidad)

22 de septiembre Beatos Mártires Navarros Memoria libre
25 de septiembre El martirio de san Fermín, obispo y mártir Memoria libre
29 de septiembre San Miguel Arcángel

Solemnidad en su santuario y donde es titular de la iglesia o patrono

Octubre

3 de octubre San Virila de Leyre, abad Memoria libre

22 de octubre

Santas Nunilo y Alodia, vírgenes y mártires Memoria obligatoria

Noviembre

5 de noviembre Todos los Santos de Navarra Memoria obligatoria
28 de noviembre San Honesto de Nimes, presbítero Memoria libre
29 de noviembre San Saturnino, obispo y mártir Fiesta (en la ciudad de Pamplona: solemnidad)

Diciembre

3 de diciembre San Francisco Javier, presbítero Solemnidad

 

NOTA PARA LAS FAMILIAS RELIGIOSAS

QUE SE ENCUENTRAN DENTRO DEL TERRITORIO DIOCESANO

 

«Los miembros de las familias religiosas se unen a la comunidad de la Iglesia local para celebrar la dedicación de la iglesia catedral y el patrono principal del lugar y del territorio donde viven» (Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 52c).

— Las familias religiosas que se encuentran en el territorio de la diócesis de Pamplona deberán celebrar: La Dedicación de la iglesia catedral metropolitana de Santa María de Pamplona (martes después del domingo II de Pascua), San Fermín (7 de julio), San Francisco Javier (3 de diciembre); si además están en Pamplona: San Saturnino (29 de noviembre).

— Las familias religiosas que se encuentran en el territorio de la diócesis de Tudela deberán celebrar: San Fermín (7 de julio), San Agustín (28 de agosto), La Dedicación de la iglesia catedral de Santa María de Tudela (2 de septiembre), San Francisco Javier (3 de diciembre); si además están en Tudela: Santa Ana (26 de julio).

 

 
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6 de febrero

SANTOS MARTÍN DE LA ASCENSIÓN,

PABLO MIKI Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES

Memoria

Martín de la Ascensión nació en un pueblo de Guipúzcoa, perteneciente entonces a la diócesis de Pamplona. A mediados del siglo XVI, ingresó en la Orden franciscana y marchó como misionero a Japón. Al arreciar la persecución contra los católicos, fue encarcelado junto con otros veinticinco. Después de soportar graves ultrajes, fueron crucificados en Nagasaki el 5 de febrero de 1597.

 

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1 de marzo

SAN LEÓN, OBISPO Y MÁRTIR

 Primer Obispo de Bayona, en la segunda mitad del siglo IX. Dice la tradición que vino desde Rouen, en donde ya era Obispo, enviado como evangelizador de los normandos entonces establecidos en las tierras de Bayona. Extendió su apostolado a las dos vertientes del Pirineo en la región de los Vascones. Hacia el año 890 fue decapitado por los gentiles.

 

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8 de marzo

SAN VEREMUNDO DE IRACHE, ABAD

Memoria

Fue abad del monasterio de Irache bajo cuyo gobierno alcanzó una de sus momentos de esplendor. El hospital de peregrinos con el que contaban era etapa indispensable de los peregrinos del Camino de Santiago. El rey Sancho IV de Peñalén favoreció al monasterio con numerosas donaciones, a las que se sumaron otras donaciones particulares.

Parece que poco después de su muerte recibió culto como santo. No obstante, las primeras noticias hagiográficas sobre su persona has llegado a través de testimonios muy tardíos (Leccionario de Irache, 1547). Según estas piadosas tradiciones, el santo nació en Villatuerta o Arellano hacia 1020 y fue sobrino de su predecesor, el abad Munio. Una de sus virtudes más notables fue la caridad solícita en tiempos de peste y de hambre que padeció el reino de Pamplona. Falleció el 8 de marzo de 1090.

A consecuencia de la desamortización los restos del santo pasaron a Ayegui (1839) y desde 1840 los conservan alternativamente durante plazos quinquenales los dos pueblos que disputan su nacimiento. La catedral de Pamplona posee reliquias del santo.

El monasterio tuvo importancia en la defensa de nuestra liturgia hispánica o mozarábica en la polémica del cambio de rito. En el pontificado de Alejandro II, el Liber ordinum de Irache fue llevado a Roma (1065 o 1069) para ser inspeccionado y aprobado, junto con el Liber Missarum de Estella, a fin de disipar las acusaciones de herejía.

 

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15 de marzo

SAN RAIMUNDO DE FITERO, ABAD

Nació a finales del siglo XI en Tarazona, de cuyo cabildo habría formado parte, o quizá en Saint Gaudens de Comminges, cerca de Tolosa (Francia), patria a su vez del obispo Miguel de Tarazona, que lo habría traído consigo a la Península. Algunos sitúan su toma de hábito en el monasterio cisterciense de Scala Dei (Tarbes, Francia), aunque problablemente ingresó inicialmente en el de Yerga en torno al 1140. Un año después estaba al frente de la comunidad, que trasladó a Niencebas para establecerse después en Fitero (1152) creando el monasterio de Santa María. En 1158-1159 fundó la Orden Militar de Calatrava, bajo la regla del Císter. Murió cinco años más tarde, el 6 de febrero de 1163, en Ciruelos (Toledo).

Sus restos permanecieron en la iglesia monástica de la Orden Militar de Calatrava de Ciruelos (Toledo) hasta el 15 de marzo de 1468 cuando, con la autorización del papa Pablo II, se trasladaron al monasterio de Monte Sión en Toledo y desde el siglo pasado se veneran en la catedral de la misma ciudad.

 

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Martes después del domingo II de Pascua

En la diócesis de Pamplona:

LA DEDICACIÓN DE LA IGLESIA CATEDRAL METROPOLITANA

DE SANTA MARÍA DE PAMPLONA

Fiesta

(En la catedral: solemnidad)

Las noticias relativas a la presencia de obispos pamploneses en los Concilios III de Toledo (589) y II de Zaragoza (592) indican la existencia de una iglesia catedral en la Pamplona de esa época. La siguiente información documental al respecto señala que en el año 924 Abd-Al-Rahman III, en su campaña contra el naciente reino de Pamplona, destruyó la iglesia allí existente. No queda nada del templo diocesano que Sancho III el Mayor restauró, a principios del siglo XI, con el fin de albergar la cátedra episcopal. Fue demolido para levantar de nueva planta una grandiosa catedral románica, iniciada en el 1100 por el obispo don Pedro de Roda, quien colocó la primera piedra. Siguió las obras de la catedral el obispo Guillermo (1115-1122), que fue el primero en recibir sepultura en la sala capitular. En 1127, durante el pontificado de Sancho de Larrosa (1122-1142), se consagró solemnemente, con la presencia de Alfonso I el Batallador y de muchos obispos, abades, nobles e innumerable muchedumbre de fieles. Aparece en esta época los canónigos regulares, antes seculares, bajo la regla de san Agustín. Para 1137 estaba terminado el claustro, que desapareció después del vandálico saqueo de la catedral hacia la fiesta de San Miguel de 1276. Las obras del nuevo claustro comenzaron en 1280 a instancias del obispo don Miguel Sánchez de Uncastillo. El obispo Arnaldo de Barbazán (1318-1355) mandó construir la otra mitad del claustro y la capilla que lleva su nombre. En 1390 se hundió la catedral románica. La construcción de la catedral gótica comenzó en 1394 gracias al impulso del rey Carlos III y del obispo de Pamplona, cardenal Martín de Zalba, y se terminaron las obras a principios del siglo XVI. La catedral no sufrió ninguna intervención importante hasta este siglo, salvo la fachada neoclásica levantada en los últimos años del siglo XVIII. En el mes de agosto del año 1992 comezó la profunda restauración de la catedral de Pamplona: escavaciones arqueológicas, investigación histórico-artística, restauración plena de la estructura. Finalizaron en octubre de 1994 y el día 6 de noviembre de ese año se dedicó de nuevo la iglesia catedral de Santa María.

La fiesta de la dedicación no es fija y se celebra siempre en la feria III del domingo «in albis». Esta norma se estableció en 1301, no como algo nuevo, sino ya tradicional, observado desde antiguo.

 

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8 de mayo

SANTA MARÍA VIRGEN,

MADRE Y MEDIANERA DE LA GRACIA

En este día del mes de mayo veneramos en Navarra a la Virgen, como mediadora subordinada a su Hijo Jesucristo. La Iglesia experimenta esta función de María «continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que apoyados en este patrocinio maternal se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador» (Lumen Gentium, n. 62) (Cfr. Marialis Cultus, nn. 22 y 56).

Antes del Concilio Vaticano II se celebraba el día 31 de mayo y su denominación era: Beata Maria Virgo, omnium gratiarum Mediatrix. En 1971 esta celebración fue revisada por la Sagrada Congregación para el Culto Divino con el fin de armonizarla con la doctrina que el Concilio Vaticano II había expuesto sobre el significado y el contenido de la mediación de la Virgen. Pasó a denominarse: Beata Maria Virgo, gratia Mater ac Mediatrix, recogiendo en sus textos a la vez la función maternal y el papel mediador de la Virgen. La fecha de la celebración que quedaba impedida por la fiesta de la Visitación por lo que en muchos lugares se tomó el 8 de mayo como día más apropiado.

 

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9 de mayo

SAN GREGORIO DE LA BERRUEZA, OBISPO

Según la tradición fue obispo de Ostia, nombrado cardenal por Benedicto IX. Este Papa lo habría enviado a Navarra como legado pontificio, cuando el rey García Sánchez III el de Nájera promovía esta ciudad de su monarquía. Desarrolló una gran actividad misionera y apostólica por grandes zonas del reino. Por la oración y su vida santa obtuvo la liberación de una durísima plaga de langostas en las tierras que lindaban con Logroño. Santo Domingo de La Calzada convivió con san Gregorio, de quien fue discípulo. Murió el 9 de mayo de 1044.

Se encontraron sus reliquias en Logroño (1266), de donde pasaron a Sorlada (valle de la Berrueza) depositándose en una ermita dedicada a san Salvador, en el monte de Piñalba. Sobre este enclave se levantó siglos más tarde la preciosa basílica barroca de San Gregorio Ostiense. Las reliquias se conservan en un arca, excepto la cabeza, cuyo relicario de plata se utiliza para bendecir agua como remedio contra las plagas agrícolas.

Desde 1754 su culto alcanzó a toda Navarra, extendiéndose también por diversas regiones de España. El relicario de la cabeza fue llevado, a petición del rey Fernando VI, por Aragón, Valencia, Murcia, Andalucía, Extremadura y la Mancha (1756). En la actualidad continúa visitando los pueblos de Navarra para bendecir sus campos y librarlos de las plagas.

 

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13 de mayo

SAN MIGUEL GARIKOITZ, PRESBÍTERO

Nacido el 15 de abril de 1797 en Ibarra (Baja Navarra). Tras su ordenación presbiteral fue enviado como coadjutor de una parroquia para pasar a ser, más tarde profesor de Filosofía y rector del seminario mayor de Betharram. Aquí proyectó la fundación del Instituto de Sacerdotes del Sagrado Corazón —llamados betharramitas— cuya finalidad es la ayuda a los sacerdotes en las parroquias, en los colegios y en los seminarios, con la predicación y la enseñanza. Recibió la ayuda moral de santa Juana Isabel Bichier des Ages, cofundadora de las Hijas de la Cruz, a quienes san Miguel Garikoitz dirigió. Aprobado el Instituto (1841), Betharram fue la sede en donde pasó sus años predicando, enseñando, estudiando, orando y dando ejercicios espirituales. Paralítico desde 1853, el día 14 de mayo de 1863, día de la Ascensión, entregó su alma al Señor.

Presentamos a continuación tres textos de san Miguel Garikoitz, incluidos en la Liturgia de las Horas de Navarra

(Père, me voici, París 1962, pp. 56-58. 66)

¡Señor, enséñame a hacer tu voluntad!

El hombre ha sido creado para alabar, adorar, y servir a Dios. De estos tres deberes, el primero es el más fácil; el segundo no es muy difícil; el tercero sin embargo, encuentra inmensas dificultades en nuestra naturaleza, viciada por el pecado.

Sin ninguna duda, el servicio de Dios es la gloria y la felicidad del hombre. La voluntad de Dios es siempre buena, siempre perfecta en sí misma, y siempre deseable para la criatura. Sin embargo nuestra ceguera es tan grande, que rara vez la conocemos con claridad; y tan grande es nuestra malicia, que incluso, cuando conocemos bien esta voluntad tan adorable y buena, nuestra voluntad rehusa con frecuencia el cumplirla. El hombre no quiere depender de nadie más que de sí mismo. Desea una libertad desordenada, una independencia engañosa. He ahí la fuente de todo mal; del mismo modo que toda la felicidad del hombre proviene de servir a Dios y de hacer su voluntad.

Digamos, pues, con insistencia: Señor, ¿qué quieres que haga? ¡Enséñame a hacer tu voluntad! Entre estos tres deberes, el que merece por nuestra parte, la atención más seria es el de servir a Dios, el de hacer su voluntad. Lo primero, porque es el que encuentra en nosotros los mayores obstáculos; además, porque el servicio de Dios es cosa de todo instante, sin interrupción. No podemos estar haciendo sin cesar actos de alabanza y de adoración; pero continuamente podemos y debemos servir a Dios. Este deber abarca todos los instantes de nuestra vida, incluso los de nuestro sueño, e incluso el momento de nuestra muerte.

Servir a Dios es mantenerse en una absoluta dependencia de su voluntad en todo. En todo lugar y tiempo, lo que Dios quiere, como Dios quiere, porque Dios quiere. Con un corazón grande, con un espíritu decidido y pronto.

Con esta actitud de amor y de entrega a la voluntad de Dios, debemos buscar la alegría, la paz, el bien, la plenitud.

El amor es clarividente: ve todo, comprende todo, prevé, adivina. Desde el extremo de las Indías, san Francisco Javier, adivina los deseos, los proyectos, los pensamientos de san Ignacio.

Para ver la voluntad de Dios, es necesario amarle.

 

(Père, me voici, París 1962, pp. 63. 33. 66. 38-39)

La gran ilusión de Javier

era cumplir la voluntad de Dios

Dios, ciertamente, toma cuidado de mí en el camino a donde me llama. Dios quiere salvarme. Él es sabio, él me ama, está comprometido por su palabra, por su promesa y por sus juramentos tantas veces reiterados, para querernos y hacernos el bien. ¡Cuánto dicen a favor nuestro, cerca de él, el honor de ser aliados del Verbo encarnado y el título de nuestra adopción filial! Nuestra sola confianza en su misericordia sería suficiente para inspirarle los sentimientos más tiernos, siguiendo esta palabra: ¡Qué tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti!

Por eso no me sorprende el que, lleno de estos sentimientos respetuosos sobre la bondad de un Dios en el que pone toda su confianza, Javier estuviese dispuesto a partir para las Indias al menor deseo de su superior, e, incluso, a volver, a pesar del gran bien que hacía allí y la poca posibilidad de encontrar quien le reemplazara dignamente.

La conformidad con la voluntad divina produce este verdadero y total abandono en Dios, de los cuales los santos nos dan excelsa idea, que Dios encuentra tan agradable en su servidor, como está escrito: El Señor se ha buscado un hombre según su corazón.

Para ver la voluntad de Dios, es necesario amar. El amor es clarividente: todo lo ve, todo lo comprende, lo previene, lo adivina. San Francisco Javier, desde el extremo de las Indias, adivina la voluntad de san Ignacio, sus puntos de vista, sus designios.

¡Qué ejemplos tenemos en estos hombres que, renunciando a su propia voluntad, atentos únicamente a la voluntad de Dios, vivieron siempre contentos y alegres! La gran ilusión de san Francisco Javier era renunciar a su propio querer y conformarse con la divina voluntad. Por eso terminaba todas sus oraciones con estas palabras de san Pablo: Señor, ¿qué quieres que haga? Inundado por alegrías celestiales en el camino de Macao, mientras sus pies quedaban desgarrados por los espinos y las piedras, Javier no sentía ningún dolor. Nos cuenta el historiador de su vida que ordinariamente estaba tan lleno de delicias espirituales que, no pudiendo reprimirlas, exclamaba: «¡Basta, Señor, basta!», rogando así a Dios que moderara la abundancia e intimidad de tales delicias.

 

 

(Père, me voici, París 1962, pp. 18-19. 21-22. 27-29)

El camino de los santos, la conformidad con la voluntad de Dios

¿Cuál es el camino más corto para ir al cielo? La conformidad con la voluntad de Dios. Como los santos, no podremos tener una disposición más santa que la de querer lo que Dios quiere, porque él lo quiere y como él lo quiere.

La conformidad con la voluntad de Dios es una disposición permanente de nuestra alma para hacer y sufrir todo lo que Dios quiera que yo haga y que yo sufra.

¿Cuál es la prueba más sólida y menos equívoca de amor? Es la conformidad con la voluntad de Dios en todas las cosas: hacer de ella el objeto de todas las empresas.

Para ver la voluntad de Dios es necesario amar. El amor es clarividente: todo lo ve, todo lo comprende, lo previene, lo adivina. San Francisco Javier, desde el extremo de las Indias, adivina la voluntad de san Ignacio, sus puntos de vista, sus designios.

Ahí tenemos esta ley de amor que el Espíritu Santo graba en el alma de los justos, esta abnegación de sí mismos tan recomendada por nuestro Señor Jesucristo, este yugo tan suave, esta carga tan ligera, esta perfecta obediencia que nuestro divino Maestro nos ha enseñado siempre con sus palabras y con sus ejemplos.

El punto de partida de la santificación es la conformidad con la voluntad de Dios. La más alta santidad reside en la más perfecta conformidad con la voluntad de Dios. Esta es la voluntad de Dios, nuestra santificación. La plenitud de la fe es el amor y el principal efecto del amor, la identificación de nuestra voluntad con la de Dios.

En el cielo, la voluntad de los santos se dirige a considerar siempre aquello que Dios quiere y que es de su mayor gloria, hacia lo cual se encaminan todos sus deseos. En el cielo, los bienaventurados se regocijan más por el cumplimiento de la voluntad de Dios que por la magnitud de su gloria. Su voluntad está transformada en la de Dios de tal modo que podríamos decir que ambas son una misma voluntad.

Ésta es la consigna: «Hágase la voluntad de Dios.» Es el grito de paz que brota de la boca de todos los héroes cristianos, la divisa de todos los justos de todos los tiempos.

 

 

16 de mayo

SAN ANDRÉS HUBERTO FOURNET, PRESBÍTERO

Nació en Maillé (diócesis de Poitou) en 1752. Ordenado presbítero en 1776, fue nombrado párroco de Haims. Ante la negativa a prestar juramento para adscribirse al clero civil, en 1791, fue expulsado por la Revolución Francesa y vino como refugiado a la villa navarra de Los Arcos. Aquí estuvo cinco años al servicio de la iglesia de Santa María, edificando al pueblo cristiano con su espíritu sacerdotal. Volvió a su parroquia francesa en 1797. Al poco tiempo fundó junto con santa Isabel Bichier des Ages, la Congregación de las Hijas de la Cruz, dedicada a la formación de las jóvenes y al cuidado de los enfermos. Dejando su parroquia marchó a La Puye. Dictó la Regla y dirigió a las religiosas durante quince años. El 13 de mayo de 1834 entregó su alma al Señor.

A continuación se presenta el fragmento de una carta de S. Andrés Huberto

 

(Carta 37: Recuiel de Lettres de san Andrés Huberto Fournet, St-Julien-l´Ars (Vienne) 1969, pp. 55-56)

Haz siempre lo que Dios quiere, porque él lo quiere y como él lo quiere

He aquí algunos medios que pueden ayudarte a alcanzar la perfección de tu estado. Vive bajo la mirada del Espíritu Santo. No hagas nada sin consultarle, no le entristezcas nunca. Renuncia a tu propia voluntad; actúa siempre con espíritu de fe para agradecer a Dios y no al mundo. ¡Sólo Dios!

Recibe con entera sumisión los pequeños contratiempos de cada día. En la sequedad y en el abatimiento recuerda a nuestro Señor en la cruz y di para ti mismo: «Jesús, no tengo que hacer mi voluntad sino la tuya; quiero lo que tú quieras, porque tú lo quieres y como tú lo quieres.»

Cuando cometas alguna falta, humíllate pero no te inquietes y no te desanimes; la turbación debilita el alma. Vive con confianza, con amor y con alegría. Conserva la paz y la unión con Dios ya que sin ellas nada bueno se puede hacer. Para conservar esta paz hay que caminar y vivir bajo la presencia de Dios y hacer todo ordenadamente.

Sé fiel en las cosas pequeñas, pero sin escrúpulos. No temas que te molesten en tus ocupaciones o en tus rezos. Vuelve a ellos tan pronto como te sea posible, con corazón alegre. No desees con vehemencia nada de lo que es terrenal. Bendice a Dios tanto en el éxito como en el fracaso. Bendice a Dios, siempre y en todo.

Cuando hables con las personas del mundo, háblales de Dios. Recógete a menudo interiormente para gozar de la presencia de la Santísima Trinidad siguiendo el ejemplo de nuestro Señor Jesús. Habla a Dios de tus necesidades, de tus debilidades, de tu falta de confianza para escucharle, para conocerle, para seguirle, para abrirle de par en par tu corazón y para dejarle que reine sobre todo tu ser.

No empieces obra alguna por vanidad, pero tampoco dejes de hacerla por miedo a caer en ella, ya que la vanidad no pretende sino impedir que lleguen a Dios las obras que haces. Cuando se obra con recta intención no debe temerse nada.

Piensa frecuentemente sobre la excelencia de tu vocación, sobre los deberes que te impone, las ventajas que te ofrece en esta vida y en la otra. Observa todas las reglas y prácticas inherentes a tu estado. Tiende a hacer siempre lo más perfecto, vive con desprendimiento de todo. No dejes que tu alma se apegue a las cosas creadas. El perfecto conocimiento de tu nada y de tus limitaciones, debe mantenerte continuamente en humildad. Lucha contra el mal humor y la pereza espiritual y sobre todo ofrece a menudo a Dios pequeños sacrificios. Centra tu felicidad allí donde la centró nuestro Señor Jesús, en la cruz. No te excuses nunca aunque tengas razón. Ama a los que te desagradan. No permitas que la antipatía hacia persona alguna reine en tu corazón. Vive siempre en la presencia de Dios y haz frecuentes actos de amor. Aprovecha todos los medio de salvación que tienes a tu alcance. Sé fiel a las inspiraciones que te impulsan a hacer algún sacrificio. Rompe con todo lo que pueda ser obstáculo a tu perfección. Haz siempre lo que Dios quiere, porque él lo quiere y como él lo quiere.

 

 

25 de mayo

SANTA VICENTA MARÍA LÓPEZ VICUÑA, VIRGEN

Memoria

 

Nacida en Cascante el día 22 de marzo de 1847, desde niña se distinguió por su amor a la doctrina cristiana. En 1866, rechazando el matrimonio, hizo voto de castidad. Para atender a las necesidades de las jóvenes sirvientas, fundó en Madrid, el 11 de junio de 1876, el Instituto de Religiosas de María Inmaculada, donde tomó el hábito y, dos años más tarde, emitió sus votos religiosos. Empleando generosamente su vida por las almas, sobresalió por su eximia caridad a Dios y a sus hermanos, y especialmente a los pobres y humildes, característica que dejó en herencia a sus hijas. Dejó esta vida mortal en Madrid el 26 de diciembre de 1890. El 25 de mayo de 1975 el papa Pablo VI la elevó a los altares.

 

(M. Canós, El alma de la beata Vicenta María, Roma 1966, pp. 132-133. 139. 143-144)

¡Gracias, Dios mío, por poder hacer algo por vuestra gloria y por el bien de las almas!

Les digo, desde el fondo de mi alma y con el amor mas tierno de mi corazón, que se amen las unas a las otras como Jesucristo nos amó y como yo las amo a todas, y con la gracia de Dios espero amarlas hasta el fin.

Y sepan que no me contento con que se amen unas a otras con verdadero amor, sino que además deseo que amen con el mismo amor a todas las almas redimidas con la sangre de Jesucristo, y especialmente a las colegialas, a quienes, después de Dios y de mis hijas, amo con el amor de la mas tierna madre, y a ellas especialmente, para gloria de Dios y para ejemplo que imitarán siempre mis hijas, he consagrado mis haberes y mi vida.

El Señor es quien nos ha embarcado en esta nave de salvación para muchas almas, él nos llevará al puerto y cuidará de nosotras.

Meditemos con frecuencia sobre el valor de un alma redimida con la preciosa sangre. Consideremos el amor que Jesucristo le tiene.

Tengamos presente que el Señor escoge de entre millares de almas, aquellas que desea se salven mediante nuestra cooperación. ¡Qué valor han de tener a nuestros ojos!

Mas para que esta cooperación sea eficaz, no olvidemos que depende en mucho de cómo cumplamos nuestros deberes, de suerte que el fruto mayor o menor que de ellas obtengamos dependa quizá de los grados de virtud que adornen y fortalezcan nuestras almas.

Por eso no hemos de perdonar sacrificio alguno a trueque de procurar su salvación, dando por bien empleadas, no sólo las fatigas de toda la vida sino la vida misma para salvar a una sola de ellas.

¡Gracias, Dios mío, por la merced que me hacéis en poder hacer algo por vuestra gloria y el bien de las almas!

 

 

 

26 de junio

BEATO JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, PRESBÍTERO

Nació en Barbastro en 1902, y fue ordenado presbítero en 1925. El 2 de octubre de 1928 fundó el Opus Dei, abriendo en la Iglesia un nuevo camino, para que hombres y mujeres de toda condición vivan con plenitud la vocación cristiana, santificando sus ocupaciones en el mundo. El Opus Dei fue erigido en 1982 en prelatura personal. Josemaría Escrivá fundó la Universidad de Navarra en 1952 y en 1960 recibió el título de Hijo Adoptivo de Pamplona. Murió en Roma el 26 de junio de 1975. A continuación se ofrecen algunos fragmentos de una de las homilías del beato Josemaría:

 

(Hacia la santidad, Madrid 1973, pp. 7-9. 12-13. 20-21. 23-24. 32-33. 40-41. 52)

Contemplativos en medio del mundo

Nos quedamos removidos, con una fuerte sacudida en el corazón, el escuchar atentamente aquel grito de san Pablo: ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación. Hoy, una vez más me lo propongo a mí, y os lo recuerdo también a vosotros y a la humanidad entera: ésta es la voluntad de Dios, que seamos santos. Para pacificar las almas con auténtica paz, para transformar la tierra, para buscar en el mundo y a través de las cosas del mundo a Dios Señor nuestro, resulta indispensable la santidad personal. A cada uno llama a la santidad, de cada uno pide amor: jóvenes y ancianos, solteros y casados, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajan donde trabajen, estén donde estén. Hay un solo modo de crecer en la oración, hablar con él, manifestarle -de corazón a corazón nuestro afecto.

Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma eficaz, con dulce sobresalto.

Pero no olvidéis que estar con Jesús es, seguramente, toparse con su cruz. Cuando nos abandonamos en las manos de Dios, es frecuente que él permita que saboreemos el dolor, la soledad, las contradicciones, las calumnias, las difamaciones, las burlas, por dentro y por fuera: porque quiere conformarnos a su imagen y semejanza, y tolera también que nos llamen locos y que nos tomen por necios. Al admira y al amar de veras a la humanidad santísima de Jesús, descubriremos una a una sus llagas. Y en esos tiempos de purgación pasiva, penosos, fuertes, de lágrimas dulces y amargas que procuramos esconder, necesitamos mantenernos dentro de cada una de aquellas santísimas heridas: para purificarnos, para gozarnos con esa sangre redentora, para fortalecernos.

El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es como un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo. Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discute, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas.

Con esta entrega, el celo apostólico se enciende, aumenta cada día -pegando esta ansia a los otros-, porque el bien es difusivo. No es posible que nuestra pobre naturaliza, tan cerca de Dios, no arda en hambre de sembrar en el mundo entero la alegría y la paz. de regar todo con las aguas redentoras que brotan del costado abierto de Cristo, de empezar y acabar todas las tareas por Amor.

Que la Madre de Dios y Madre nuestra nos proteja, con el fin de que cada uno de nosotros pueda servir a la iglesia en plenitud de la fe, con los dones del Espíritu Santo y con la vida contemplativa.

 

 

 

 

7 de julio

SAN FERMÍN, OBISPO Y MÁRTIR,

PATRONO PRINCIPAL DE NAVARRA

Y DE LA DIÓCESIS DE PAMPLONA

Fiesta

(En la ciudad de Pamplona: solemnidad)

 Según una tardía tradición, Fermín habría sido hijo de Firmo, senador de la Pamplona romana convertido con toda su familia a la fe cristiana a raíz de la predicación de san Honesto, discípulo de san Saturnino. Con el tiempo, el joven Fermín llegaría a ser primer obispo de su ciudad natal y evangelizador de la Galia, en una de cuyas ciudades, Amiens, sufriría el martirio por decapitación el 25 de septiembre del 290, siendo emperador Diocleciano.

El más antiguo testimonio que nos ha llegado acerca de su culto en Pamplona es del año 1186, cuando el obispo Pedro de París (1167-1193), que había conseguido una reliquia de la cabeza del mártir, elevó el rango litúrgico de la fiesta de san Fermín, equiparándola a la de los apóstoles. En 1466 la festividad del santo y su octava se extendieron a toda la diócesis, pero el santo, venerado en un altar de la catedral, solo era popular en Pamplona. Por entonces se celebraba con más solemnidad otra fiesta en su honor el 10 de octubre (conmemoración de la entrada de Fermín en Amiens) y la ciudad pidió y obtuvo del obispo de Pamplona, Bernardo de Rojas y Sandoval, en 1591 que se trasladara al 7 de julio para hacerla coincidir con la feria. El culto se intensificó en el siglo XVII, especialmente cuando el clero secular lo contrapuso al de san Francisco Javier, patrocinado por los jesuitas. La querella entre «ferministas» y «javieristas» quedó zanjada cuando el papa Alejandro VII, el 14 de abril de 1657, proclamó a san Fermín y a san Francisco Javier copatronos igualmente principales de Navarra.

 

 

 

 

26 de julio

En la ciudad de Tudela:

SANTA ANA, MADRE DE LA VIRGEN MARÍA,

PATRONA DE LA CIUDAD DE TUDELA

 

Solemnidad

 

Una antigua tradición, que arranca del s. II, atribuye este nombre a la madre de la Virgen María.

El culto a santa Ana se introdujo en la Iglesia oriental en el s. VI, pasó a la Iglesia occidental en el s. X. El origen de la devoción a santa Ana en Navarra no es conocido. Pero la primera noticia escrita procede del testamento del rey de Navarra Teobaldo II (1253-1270), quien casó en 1258 con doña Isabel, hija del rey de Francia san Luis, con él marchó a la cruzada de Túnez. El mismo día que se embarcaba, el 4 de julio de 1270, en una carta firmada en la Rocha, cerca de Marsella, dio exenciones exenciones de penas y dejó en su testamento 20 sueldos de renta del peaje de Tudela para el día que se celebre la fiesta de santa Ana «a partir de la manera sobredicha en la iglesia antedicha», en la catedral. Cinco meses después moría en en Trápani (Sicilia), a los 32 años. En 1530 santa Ana fue nombrada patrona de Tudela.

 

 

31 de julio

SAN IGNACIO DE LOYOLA, PRESBÍTERO

Fiesta

 

Nació en 1491 en Loyola, perteneciente entonces al obispado de Pamplona. Siendo militar a las órdenes del rey de Castilla, don Fernando, cayó herido el 20 de mayo de 1521 en el sitio de Pamplona cerca de donde hoy estás la iglesia a él dedicada. Durante su gran convalecencia en Loyola se convertido a Dios, completó los estudios teológicos en París, en La Sorbona, y aquí reunió a sus primeros discípulos, entre los que se encontraba san Francisco Javier, con los que fundó en Roma la Compañía de Jesús. Ejerció un apostolado meritorio, siendo con los suyos un autentico renovador de la Iglesia en la Contrarreforma. Murió en Roma el 31 de julio de 1556.

 

 

19 de agosto

SAN EZEQUIEL MORENO DÍAZ, OBISPO

 

Nació en Alfaro (La Rioja), diócesis de Tarazona, el 9 de abril de 1848. A los 16 años ingresó en el convento de Agustinos Recoletos de Monteagudo. Fue ordenado presbítero en Manila en 1871. Sus quince primeros años sacerdotales, llenos de ilusión apostólica, transcurrieron en Filipinas. En mayo de 1885 fue nombrado prior de Monteagudo, destacando por su celo apostólico tanto dentro como fuera del convento. Desde 1888 hasta pocos meses antes de su muerte dedicó a Colombia su multiforme actividad: vitalizó la provincia de la Candelaria, instauró una nueva época misional, fue primer vicario apostólico de Casanare y desde 1896 obispo de Pasto. A su servicialidad sincera unió una fortaleza a toda prueba cuando mediaban los intereses de Cristo y la fidelidad a la Iglesia. Defendió la familia y combatió los errores doctrinales. Visitó al papa León XIII con el fin de renunciar a su diócesis, pero escuchó de labios del Vicario de Cristo: «Vuelva a su diócesis; obispos así, necesita el mundo.» Murió en el convento de Monteagudo, donde había profesado y del que fue prior, el 19 de agosto de 1906. Se ofrecen a continuación dos ejemplos de su extensa correspondencia pastoral;

 

De las cartas pastorales de san Ezequiel, obispo

(O.A.R. Toribio Minguella, Cartas pastorales, pastorales, circulares y otros escritos del Ilmo. y Rvmo. Sr. D. Fr. Ezequiel Moreno y Díaz, Madrid 1908, pp. 171. 173-174)

 

Tú eres mifortaleza y mi refugio

Bien sabemos que vosotros, amados hijos, habéis obrado sin intermisión al Padre celestial por vuestro obispo, y habéis hecho dulce violencia al sagrado Corazón de su divino Hijo con vuestros ruegos para que volviéramos (a la diócesis). Dios nos ha oído, y ha querido nuestra vuelta; vosotros lo habéis celebrado de un modo extraordinario, y nos viviremos siempre agradecido a vuestras oraciones y demostraciones de afecto, que es lo que queremos manifestar en este escrito para que quede memoria perpetua de nuestra gratitud.

Tal es la recompensa que deseamos para todos vosotros, amados hijos, y que pediremos a Dios nuestro Señor con instancia todos los días de nuestra vida. Vuestra eterna salvación es el deseo ardiente de nuestro corazón de obispo y de padre; pero no sólo os ofrecemos como recompensa a vuestros obsequios ese buen deseo, sino que os ofrecemos también duplicar nuestros esfuerzos en bien de vuestras almas. Confesamos nuestra flaqueza y debilidad; pero bien sabéis que nuestro escudo de armas es la imagen del sagrado Corazón de Jesús, y que a esa imagen preciosa rodean estas palabras: «Fortitudo mea et refugium meum es tu» (tu eres mi fortaleza y mi refugio). Colocamos de intento estas palabras alrededor del divino Corazón para que fueran una confesión constante de nuestra propia debilidad, acto continuo de nuestra confianza en él, y perpetua jaculatoria que le mueva a protegernos. No hay momento en que no hablen esas palabras al Corazón de Jesús, porque ésa es nuestra intención de siempre, ni instante en que no le repitamos: Tu eres mi fortaleza y mi refugio; y nos parece que ese divino Corazón nos está diciendo: «Ergo ero tecum» (yo estaré contigo). Esto nos anima en medio de nuestra propia debilidad, y confiando en el Corazón del Omnipotente, es como os prometemos seguir luchando por su gloria y por la salvación de vuestras almas hasta el último momento de nuestra vida.

Bien sabemos lo que nos espera en esa lucha, y demasiado lo sabéis vosotros también, amados hijos, porque ya lo habéis visto: burlas, ultrajes, calumnias, persecución, continuo sufrir; pero ¿qué cosa puede haber más dulce para nos, que sufrir por la gloria de Dios y por vuestro bien, por vosotros, que tan acreedores os habéis hecho a eso y a más que pudiéramos daros? ¿De qué otro modo pudiera corresponder mejor a vuestro afecto que sufriendo por vuestras almas y salud eternas? ¿A qué mayor bien, además, podemos aspirar que a sufrir por aquel que sufrió por nosotros hasta la muerte, y una muerte de cruz? De esa manera, y con la gracia de Dios, quisiéramos pasar el poco tiempo que nos quede de vida temporal, como la mejor preparación para pasar a la vida eterna y feliz de la gloria, único bien positivo al que todos debemos aspirar con toda nuestra alma, y procurar con todas nuestras fuerzas.

 

De las cartas pastorales de san Ezequiel, obispo

(A los fieles de Pasto, 1905: O.A.R. Toribio Minguella, Cartas pastorales, circulares y otros escritos del Ilmo. y Rvmo. Sr. D. Fr. Ezequiel Moreno y Díaz, Madrid 1908, pp. 547-549)

Jesucristo dio su vida para unir a los hijos de Dios que andaban dispersos

El omnipotente Criador del hombre quiso y procuró desde el principio del mundo que los hombres, como hermanos que eran, vivieran como una sola familia en unión y paz.

Ése era el hermoso plan divino; plan de unión y paz entre los hombres, y de todos los hombres con él, que es y será siempre el origen y fuente de toda unión durable y de la paz verdadera.

Para que reinara esa unión grabó Dios en el corazón de los hombres, desde que formó al primero, una ley de amor hacia él, su Criador, y entre ellos mutuamente; ley que más adelante les dio, escrita en el Sinaí con solemnidad aterradora, para que más les impresionara y más la apreciaran.

Los hombres, a pesar de esas precauciones tomada por Dios, abusando de la libertad que les diera, en vez de vivir en unión y paz y amarse como hermanos, entraron en divisiones y se aborrecieron como enemigos.

Cuatro mil años llevaban los hombres de desunión y venganzas, y Dios, movido a misericordia, de tal modo amó al mundo, que le dio a su Unigénito. El Verbo se hizo carne, habitó entre los hombres y, con sus humillaciones, con sus sufrimientos y con su dolorosa muerte, restauró el reino del amor y de la paz. Jesucristo dio su vida en la cruz entre malhechores para unir a los hijos de Dios que andaban dispersos.

Para consolidar esa unión que Jesucristo procuró a los hombres con su pasión y muerte, fundó su Iglesia Santa, en la que dejó medios admirables, que mantuvieron esa unión. En ella se propone a todos la misma fe; se señalan los mismos beatíficos destinos para la eternidad; se ordena la misma caridad; se imponen los mismos preceptos; se alienta a todos con el mismo culto, y se vivifica con los mismos sacramentos. Dentro de la Iglesia todos los hombres son lo mismo, todos tienen los mismos derechos, todos son hermanos, y sólo se ve diferencia en la Jerarquía instituida por el divino Fundador; pero el supremo jerarca de esa Iglesia se llama con gusto siervo de los siervos de Dios.

¿Y qué diremos de la eficacia de la doctrina de Jesucristo para fomentar la unión y la paz entre los hombres? Jesucristo manda que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos; que suframos mutuamente nuestros defectos en caridad; que nos ayudemos unos a otros a llevar la carga; que a nadie dejemos de hacer bien, ni a los que nos odian, y que oremos hasta por los que nos persiguen.

¿Qué más tenía que hacer Jesucristo para dar a entender que quería la unión entre los hombres y que la procuraba? ¡Ah! Además de proporcionar los medios indicados y de dejarlos en su Iglesia para sostener la unión, pidió también esa unión a su eterno Padre en el momento solemne y de la manera más tierna y conmovedora.

 

 

28 de agosto

En la diócesis de Tudela:

SAN AGUSTÍN,

OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA,

PATRONO DE LA DIÓCESIS DE TUDELA

Fiesta

 

Nació en Tagaste (África) el año 354; después de una juventud algo desviada doctrinal y moralmente, se convirtió, estando en Milán, y el año 387 fue bautizado por el obispo Ambrosio. Vuelto a su patria, llevó una vida dedicada al ascetismo, y fue elegido obispo de Hipona. Durante treinta y cuatro años en que ejerció su ministerio, fue un modelo para su grey, a la que dio una sólida formación por medio de sus sermones y de sus numerosos escritos, con los que contribuyó en gran manera a una mayor profundización de la fe cristiana contra los errores doctrinales de su tiempo. Murió el año 430.

Es el creador de la teología occidental y padre espiritual de Occidente: paladín del Humanismo Cristiano. Es fundador de la vida monástica, cuya regla siguieron los cabildos de Pamplona, Tudela, Aralar y Roncesvalles.

 

Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo

(Libros 7, 10. 18; 10, 27: CSEL 33, 157-163. 255)

¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad!

Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad.

¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de tí, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: «Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».

Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.

¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de tí aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de tí, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.

 

 

 

30 de agosto

BEATOS ESTEBAN DE ZUDAIRE, JUAN DE MAYORGA Y COMPAÑEROS,

MÁRTIRES

Memoria

 

Esteban nació en Zudaire, Améscoa Baja, en 1548. Entró como hermano coadjutor en la Compañía de Jesús a los 19 años de edad, en el otoño de 1567, en Villarejo de Fuentes (Cuenca). Su oficio era sastre. Terminada su formación pasó al colegio de Plasencia (Cáceres) y aquí fue destinado a la misión del Brasil.

Juan de Mayorga nació en San Juan de Pie de Puerto (Baja Navarra) el año 1533. Sus cuadros como pintor eran muy celebrados en Zaragoza, donde entró en la Compañía de Jesús en 1568. Pasó a Valencia y desde allí partió para el Brasil en la misma expedición que Esteban de Zudaire.

El 15 de julio de 1570 cuatro navíos y un galeón de piratas calvinistas, en Tazacorte, junto a las islas Canarias, abordaron la nave Santiago en la que navegaban los misioneros a las órdenes del padre Ignacio Azevedo. Todos fueron martirizados.

 

 

 

2 de septiembre

En la diócesis de Pamplona:

BEATO FRANCISCO DARDAN, PRESBÍTERO,

Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES

 

Francisco Dardan nació en 1733 en el pueblo de Isturitz (Baja Navarra). De los trabajos agrícolas en la casa paterna pasó al seminario de Larresore, en donde, ya presbítero, fue profesor durante diez años. Después se trasladó a París y allí permaneció veinte años ejerciendo su ministerio como confesor de los alumnos del colegio de Santa Bárbara, en donde dos siglos antes había residido san Francisco Javier. Al negarse a hacer el juramento cismático que imponía la Constitución del clero durante la Revolución Francesa, fue detenido en el convento de los carmelitas. Por ser fiel a Cristo y a su Iglesia sufrió el martirio el 2 de septiembre de 1792 junto con otros cerca de doscientos: obispos, presbíteros, religiosos y fieles, entre los cuales se encontraban cinco superiores del colegio navarro, fundado en el año 1304 en París por nuestra reina Juana I.

 

 

 

En la diócesis de Tudela:

LA DEDICACIÓN DE LA SANTA IGLESIA CATEDRAL

DE SANTA MARÍA DE TUDELA

Fiesta

(En la catedral: solemnidad)

 

En febrero de 1119, Alfonso I el Batallador, rey de los pamploneses y aragoneses, conquistó la ciudad de Tudela, que pasó así a formar parte de su monarquía. Tras ello, el edificio de la mezquita mayor fue transformado en la iglesia colegial de Santa María, bendecida el 14 de abril de 1121 por el obispo Miguel de Tarazona y consagrada en 1149, en presencia del rey pamplonés García Ramírez el Restaurador y su segunda esposa Urraca. Este primer templo fue sustituido por la que hoy es la catedral románica, cuyas obras comenzaron en el año 1168. La dedicación de la nueva iglesia tuvo lugar el 2 de septiembre de 1188, según indica el Breviario del Deanato de Tudela; fue consagrada en 1204 por el arzobispo de Tarragona Ramón de Rocabertí. Las obras terminaron poco después del 1263.

El cabildo siguió la regla de san Agustín y tuvo diez priores hasta su secularización en 1239. En este mismo año se nombró al primer deán don Pedro Jiménez. Más adelante, el papa Alejandro IV a petición del rey Teobaldo II de Navarra, en 1258, concedió a los deanes el uso de anillo y mitra.

Por dos veces consecutivas, en los siglos XIV y XV, se pretendió hacer de la iglesia de Santa María, catedral de Tudela, pero sin conseguirlo. Fue el 27 de marzo de 1783 cuando el papa Pío VI, al erigir la diócesis de Tudela, elevó el rango de esta iglesia colegial a iglesia catedral. La vida de esta catedral con obispo propio fue muy breve, hasta 1844. A partir de esa fecha, la diócesis de Tudela, fue regida por el obispo de Tarazona hasta 1955 y después por el arzobispo de Pamplona; siendo el obispo correspondiente administrador apostólico de Tudela. El 11 de agosto de 1984 el papa Juan Pablo II unió las diócesis de Pamplona y Tudela bajo el cayado de un mismo pastor que sería juntamente arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela.

 

 

22 de septiembre

BEATOS MÁRTIRES NAVARROS

Celebramos en este día a todos los mártires navarros que murieron víctimas de la persecución religiosa acontecida en España en el año 1936. Aceptaron gozosos el martirio y rogaron por sus perseguidores. Hoy hacemos memoria de su gloriosa oblación que les ha llevado a los altares.

Los mártires beatificados pertenecen a seis congregaciones religiosas: Congregación de la Pasión de Jesucristo, Orden de San Juan de Dios, Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, Hermanos de las Escuelas Cristianas y Orden de la Visitación de Santa María.

Fueron veintiséis los Pasionistas que dieron su vida por Cristo en diversos lugares durante el año 1936. Entre ellos estaban los navarros Zacarías Fernández Crespo (de Cintruénigo), José Osés Sainz (de Peralta), José María Ruiz Martínez (de Puente la Reina), Félix Ugalde Irurzun (de Mendigorría), Benito Solana Ruiz (de Cintruénigo), Pablo María Leoz Portillo (de Leoz).

Setenta y un religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios murieron también dentro de la persecución religiosa de ese año. Diez son hijos de Navarra: Braulio María Corres Díaz de Cerio (de Torralba del Río), Jerónimo Ochoa Urdangarín (de Goñi), Tomás Urdánoz Aldaz (de Echarri), Rafael Flamarique Salinas (de Mendívil), Manuel López Orbara (de Puente la Reina), Eutimio Aramendía García (de Oteiza de la Solana), Carmelo Gil Arano (de Tudela), Rufino Lasheras Aizcorbe (de Arandigoyen), Juan Bautista Egozcuezábal Aldaz (de Nuin), Pedro de Alcántara Villanueva Larráyoz (de Osinaga).

Los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María —claretianos— que entregaron ejemplarmente su vida por amor a Jesucristo en Barbastro, entre los días 2 y 18 de agosto de 1936, fueron cincuenta y uno. Los navarros son: Felipe de Jesús Munárriz Azcona (de Allo), Nicasio Sierra Úcar (de Cascante), Javier Luis Bandrés Jiménez (de Sangüesa), Juan Echarri Vique (de Olite), Teodoro Ruiz de Larrínaga (de Bargota), Manuel Martínez Jarauta (de Murchante), Faustino Pérez García (de Baríndano), Jesús Agustín Viela (de Oteiza de la Solana), Anastasio Vidaurreta Labra (de Adiós).

Trece religiosos Escolapios fueron martirizados en España durante la persecución religiosa. Entre ellos estaban el padre Faustino Oteiza Segura (de Ayegui) y el hermano David Carlos de Bergara Marañón (de Asarta).

Un grupo de siete Hermanos de las Escuelas Cristianas fueron martirizados en el colegio La Salle de Almería, en donde dedicaban su vida a la enseñanza. Uno de estos mártires es el navarro Justo Zariquiegui (hermano Amalio), natural de Salinas de Oro.

La hermana Maria Inés Zudaire Galdeano, natural de Echávarri (Valle de Allín) fue martirizada junto con otras seis compañeras religiosas salesas a finales del año 1936.

Se recogen a continuación dos textos de dos beatos martirizados: 

De la carta de despedida del beato Faustino Pérez, mártir, a la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María

(Gabriel Campo Villegas, Esta es nuestra sangre. 51 claretianos mártires, Basbastro, agosto 1936, Madrid 1990, pp. 242-243)

Morimos por llevar la sotana

Querida Congregación: Anteayer, día 11, murieron, con la generosidad con que mueren los mártires, seis de nuestros hermanos; hoy, 13, han alcanzado la palma de la victoria veinte, y mañana, 14, esperamos morir los veintiuno restantes. ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios! ¡Y qué nobles y heroicos se están portando tus hijos, Congregación querida!

Pasamos el día animándonos para el martirio y rezando por nuestros enemigos y por nuestro querido Instituto; cuando llega el momento de designar las víctimas hay en todos serenidad santa y ansia de oír el nombre para adelantar y ponernos en las filas de los elegidos; esperamos el momento con generosa impaciencia y, cuando ha llegado, hemos visto a unos besar los cordeles con que los ataban y a otros dirigir palabras de perdón a la turba armada; cuando van en el camión hacia el cementerio, los oímos gritar «¡viva Cristo Rey!» Responde el popularacho, rabioso, «¡muera!, ¡muera!», pero nada los intimida. Son tus hijos, Congregación querida, éstos que entre pistolas y fusiles se atreven a gritar serenos cuando van hacia el cementerio «¡viva Cristo Rey!» Mañana iremos los restantes y ya tenemos la consigna de aclamar, aunque suenen los disparos, al Corazón de nuestra Madre, a Cristo Rey, a la Iglesia católica y a ti, madre común de todos nosotros. Me dicen mis compañeros que inicie yo los «¡vivas!» y que ellos ya responderán. Yo gritaré con toda la fuerza de mis pulmones, y en nuestros clamores entusiasmados adivina tú, Congregación querida, el amor que te tenemos, pues te llevamos en nuestros recuerdos hasta estas regiones de dolor y de muerte.

Morimos todos contentos, sin que nadie sienta desmayos ni pesares; morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule tu desarrollo y expansión por todo el mundo. ¡Adiós, querida Congregación! Tus hijos, mártires de Barbastro te saludan desde la prisión y te ofrecen sus dolores y angustias en holocausto expiatorio por nuestras deficiencias y en testimonio de nuestro amor fiel, generoso y perpetuo. Los mártires de mañana, 14, recuerdan que mueren en vísperas de la Asunción; y ¡qué recuerdo éste! Morimos por llevar la sotana y morimos precisamente en el mismo día en que nos la impusieron.

Los mártires de Barbastro, y, en nombre de todos, el último y más indigno, Faustino Pérez, C.M.F. «¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Corazón de María! ¡Viva la Congregación! Adiós, querido Instituto. Vamos al cielo a rogar por ti. ¡Adiós, adiós!»

 

 

De las cartas de los beatos Dionisio Pamplona, Faustino Oteiza, presbíteros y mártires, y David Carlos Marañón, mártir

(Cartas autógrafas de los mártires Dionisio Pamplona, Faustino Oteiza y David Carlos Marañón)

El Señor nos quiere santos

El Señor nos quiere santos, ¡santos realmente! Y no debemos contentarnos con menos. No nos avergonzamos de haber estado en la cárcel por Jesucristo. Antes fue Él preso por nosotros. Con la prisión, adquirimos un cierto derecho a que Jesucristo el Señor nos confiese como discípulos delante de su Padre.

Siempre es preciso cumplir el deber pero ahora es de toda necesidad porque son muchos los que miran interesados nuestro modo de vivir. Aunque ignoramos si salvaremos esta vida. Un poco oscuro se nos presenta. En los tiempos difíciles hay que obrar con toda prudencia para que nadie pueda decir que estamos fuera de nuestro lugar.

Y la tristeza es mala consejera y peor compañía. Si la melancolía no se ataja pronto, degenera en desaliento. Cuando tan bien nos prueba el Señor es que nos quiere mucho. No podemos perder ni un ápice del tesoro que se puede cosechar. Paguemos, paguemos que nuestras deudas son muchas. Llevemos algo por delante, que de mucho consuelo nos servirá algún día.

La vida presente es breve. Hay que ganar la otra a fuerza de trabajos, sacrificios y perdones. Nunca el rencor ni la mala voluntad a los causantes de la prisión o de la muerte. Perdón, perdonar con todo el corazón. Así el Señor le perdona a uno.

Además, la mayor parte del pueblo, más que maldad, lo que tiene es ignorancia. por eso confío en que el Señor se compadecerá de él si insistimos en la oración. Pongamos a todos en las manos de Dios. Vivamos tranquilos. Contentos. Dios es sabio y misericordioso. No tenemos más recurso que la oración para que pase esta ola amarga. Después de unos tiempos, vienen otros.

¡Si vierais mi corazón...! Siento a veces que se sale de su sitio por la alegría y la satisfacción que siente. ¡Cuántas gracias tenemos que dar a Dios por ser religiosos! La vocación nos libra de los grandes peligros del mundo.

 

 

 

25 de septiembre

EL MARTIRIO DE SAN FERMÍN, OBISPO Y MÁRTIR

La diócesis de Pamplona celebra el dies natalis del martirio de su primer obispo, acaecido en Amiens (Francia) el 25 de septiembre del 290 por decapitación, siendo emperador Diocleciano. Las numerosas reliquias de san Fermín que se conservan en Navarra son testimonio del floreciente culto que el mártir recibió en nuestra tierra.

Las noticias de la primera reliquia del santo aparecen en un documento fechado en 1186 por el que sabemos que don Pedro de París (1167-1193), obispo de Pamplona, recibió de Amiens (Francia) unas reliquias del cráneo de san Fermín. Según datos del cronista Fermín de Lubian (1754) estas reliquias se conservaban en la catedral en una pequeña caja de plata que está en una imagen también de plata. Más tarde, el 9 de octubre de 1532, don Martín de Azpilcueta recibió otra reliquia, donada por el cardenal Juan Brit, obispo de Amiens (Francia).

El 8 de abril de 1569, don Antonio, cardenal de Crequi, obispo de Amiens (Francia), dio al embajador de Felipe II en París, don Francisco de Alaba, y a instancias de su prima pamplonesa doña Beatriz de Beaumont una reliquia de la cabeza de san Fermín. Esta reliquia se recibió solemnemente el 13 de abril de 1572, por el obispo, cabildo, clero de san Lorenzo, por el virrey de Navarra, el príncipe Vespasiano Gonzaga, y por los ciudadanos de Pamplona.

Cuando las tropas españolas ocuparon Amiens (Francia) en marzo de 1597, el capitán Miguel, natural de Olagüe, y sus soldados custodiaron la catedral y la persona del obispo de esa ciudad en previsión de desmanes. En reconocimiento el obispo de Amiens (Francia), Teogfridus de la Martonia, regaló al capitán Martín una reliquia de la cabeza de san Fermín. Muerto el capitán al poco tiempo, don Joanetín de Casanova, sargento mayor, trajo la reliquia a Olagüe. El 22 de julio de 1638 el pueblo de Olagüe da la mitad de la reliquia a la comisión de Pamplona que la solicitó oficialmente. Y el 25 se depositó solemnemente en el pecho del busto de san Fermín de la parroquia de San Lorenzo. Los pergaminos con sus sellos, las actas de los traslados se guardan en este mismo busto del santo.

El obispo de Amiens (Francia), Luciano Martín, trajo personalmente una insigne reliquia de san Fermín el 16 de marzo de 1941. Fue recibida por el obispo, clero, autoridades y fieles de Pamplona en la Diputación Foral. Hoy se conserva con su relicario en la catedral de Pamplona.

 

 

 

29 de septiembre

En su santuario y donde es titular de la iglesia o patrono del lugar:

SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Solemnidad

 

Siguiendo una tendencia habitual en toda la cristiandad, el reino de Pamplona contó desde fechas tempranas con numerosas iglesias y ermitas dedicadas a san Miguel. Entre los santuarios navarros consagrados al arcángel, San Miguel de Excelsis es, sin duda, el que más adhesiones ha suscitado. En este templo, levantado en las alturas de la sierra de Aralar, han visto algunos especialistas restos de una iglesia prerrománica (s. IX-X); sin embargo, lo cierto es que hay que esperar al s. XI para encontrar las primeras noticias documentales relativas al santuario. No era, por entonces, sino una dependencia de Santa María de Zamarce (en el actual Huarte-Araquil) y, por lo tanto, de la catedral de Pamplona.

El santuario de Excelsis alcanzó su momento de esplendor en las primeras décadas del siglo XII. A ello contribuyeron las cuantiosas donaciones de los monarcas pamploneses y de algunos particulares, así como la presencia en él de una comunidad de clérigos regulares de san Agustín. En la base de este auge se descubre el profundo arraigo popular de la devoción al santo Arcángel, al que se atribuía el doble ministerio de taumaturgo y protector de los reinos cristianos. A su servicio nació a fines del s. XII la cofradía de San Miguel, llamada a conocer un notable desarrollo.

La basílica de Aralar custodia una llamativa representación del titular. Se trata de un ángel crucífero, iconografía sumamente peculiar en el arte cristiano y, al parecer, privativa del antiguo reino de Pamplona. La actual imagen es un relicario de plata sobredorada realizado en 1756 para sustituir al anterior. Alberga los restos de una vieja talla de madera, de cronología difícilmente precisable, así como un Lignum Crucis. La imagen de San Miguel de Excelsis visita durante la primavera en torno a 280 entidades de población repartidas por la Montaña Occidental y la Zona Media de Navarra.

También se conserva en el santuario de Aralar un hermoso frontal de altar, de estilo románico, que ha sido considerado como la pieza cumbre de la esmaltería europea. Debió de fabricarse hacia 1175-1185, quizá en un taller pamplonés que contaría con algún esmaltador procedente de Limoges. Las planchas del frontal o «retablo» fueron robadas en octubre de 1979 y recuperadas, en su mayor parte, en febrero de 1981.

 

 

3 de octubre

SAN VIRILA DE LEYRE, ABAD

 

Se trata de un personaje real situado en el tiempo y en el espacio. Fue abad de Leyre en la primera mitad del siglo X, y su culto es continuo desde su muerte hasta nuestros días. La tradición afirma su nacimiento en Tiermas.

El único texto sobre san Virila procede de una carta del año 928 del obispo de Pamplona Galindo conservada en el «Libro Gótico» de la catedral. Algunos escritos posteriores (entre 1014-1037) citan al santo «abad y confesor»; sin embargo, se trata de documentos manipulados, de dudosa credibilidad. Hay que esperar a 1064 para encontrar la primera referencia en un texto original al culto que en la comunidad legerense se tributaba a san Virila.

En el monasterio legerense, lo mismo que en Tiermas, hasta su desaparición, se ha celebrado siempre la fiesta del santo Abad el día primero de octubre. El Oficio coral lo ha mencionado constantemente.

Las reliquias de su cuerpo se conservaron en Leyre hasta el 1835, excepto los años de 1820 al 1825, que estuvieron en Tiermas. En la última desamortización que padeció el monasterio, se transportaron a la catedral de Pamplona, hasta el 24 de octubre de 1979, en que fueron devueltas honorifica y personalmente por el cabildo catedral a los monjes benedictinos.

Casi todos los libros piadosos y legendarios, después del siglo XII hacen referencia a la leyenda del sueño tres veces secular de san Virila: numerosos Alphabeta Exemplorum o Narrationum del medioevo y entre ellos uno de los primeros la Disciplina Clericorum del hebreo convertido de Huesca y bautizado con el nombre de Pedro Alonso y la Leyenda Aurea de Varazze (1230-1290), como también otros muchos testimonios de los siglos XIV y XV, uno de ellos el Manuscrito inédito de Leyre, copiado el 1798. Sin embargo, la leyenda del monje que se extasía oyendo al ruiseñor mientras transcurre el tiempo -alegoría del misterio de la eternidad del cielo- no es privativa de Leyre. Por el contrario, durante el período medieval este relato se extendió, con variantes, por todo el Occidente europeo. Al parecer, su difusión estuvo ligada a las comunidades cistercienses; así, la versión más antigua de la leyenda es de mediados del siglo XII y se localiza en el monasterio de Afflinghen (Bélgica). En la península Ibérica existen relatos similares en los monasterios de Armenteira (Galicia) y Villar de Frades (Portugal).

 

 


 

 

22 de octubre

SANTAS NUNILO Y ALODIA,

VÍRGENES Y MÁRTIRES

Memoria

 

Nacieron hacia el año 833, de estirpe señorial y visigótica, en Adahuesca (Barbastro). Su padre era muladí (convertido al Islam) y su madre continuó siendo cristiana. A pesar de que la ley les obligaba a seguir la religión de su padre, su madre las educó en la fe cristiana. Siendo califa Abd al-Rahman II, fueron decapitadas en la ciudad de Huesca el 21 de octubre del 851 por confesar heroicamente la fe católica, primero Nunilo y a continuación Alodia, a la edad de 18 y 14 años respectivamente.

San Eulogio de Córdoba hace mención expresa del glorioso martirio en su obra «Memorial de los santos». Los restos de sus cuerpos, por deseo de los reyes de Navarra, fueron trasladados, unos 29 años más tarde, al monasterio de San Salvador de Leyre en donde reposaron durante diez siglos en la arqueta arábigo-persa hasta la época de la desamortización definitiva (1862). En tres ocasiones en 1672, 1821 y 1862, parte de las reliquias se trasladaron a Adahuesca. Desde el 22 de octubre de 1974, por cesión oficial del cabildo metropolitano de Pamplona, el monasterio de Leyre vuelve a conservar algunas en un artístico cofre-vitrina de plata, colocado en el bello retablo de 1638. También la catedral de Pamplona guarda una reliquia insigne.

La devoción a las Santas ha sido singular en el reino de Navarra. Se extendió pronto a la Rioja y en el siglo XVI a Toledo. En 1491 el conde de Lerín y condestable del reino, cuñado de Fernando el Católico, marchó exilado de Navarra, junto con su familia y otros caballeros beamonteses a la toma de Granada y con ellos fueron dos imágenes góticas de las santas, actualmente patronas de Huéscar y La Puebla, en la región granadina.

 

 

5 de noviembre

TODOS LOS SANTOS DE NAVARRA

Memoria

 

Veneramos en este día a todos los santos, aun los olvidados en el tiempo, que nacieron o ejercieron su apostolado entre nosotros o sus reliquias se guardan en Navarra. También hacemos memoria de todos los hijos del pueblo de Dios en Navarra que gozan ya de la presencia del Señor y cuyos restos descansan en el territorio del reino, esperando la resurrección de la carme.

Sustituye a la antigua celebración: Sacrarum reliquiarum quæ in ecclesiis diœcesis asservantur.

 

 

 

28 de noviembre

SAN HONESTO DE NIMES, PRESBÍTERO

 

Las noticias de san Honesto nos vienen de la «Vida de san Fermín» escrita por el obispo Salvio de Amiens en el 614. Originario de Nimes (Francia) y discípulo de san Saturnino, fue enviado por éste a Pamplona, en donde convirtió a la fe al senador Firmo, a su esposa y a su hijo san Fermín. La iglesia basilical de Tolosa (Francia) conserva un bello relicario de san Honesto, del siglo XVII.

 

 

 

29 de noviembre

SAN SATURNINO, OBISPO Y MÁRTIR,

PATRONO DE LA CIUDAD DE PAMPLONA

Fiesta

(En la ciudad de Pamplona: solemnidad)

 

Obispo de Tolosa, donde se instaló bajo el consulado de Decio y Grato (250), cuando el cristianismo apenas se había extendido en la Galia. Según el acta de su martirio, la Passio, compuesta hacia el siglo V, su predicación hizo enmudecer a los falsos oráculos y provocó las iras de los sacerdotes paganos, que instaron al prelado cristiano a ofrecer sacrifico a los ídolos. Ante su negativa lo ataron a la cola de un toro que lo arrastró hasta la muerte por martirio, hecho acaecido un 29 de noviembre.

Su culto, atestiguado por Gregorio de Tours en el siglo III, se propagó por toda la Galia y penetró también en Hispania, probablemente desde finales del siglo V. En el territorio navaro se le venera ya por lo menos en la segunda mitad del siglo X, como lo demuestra la advocación del monasterio de Lisave, próximo a Lumbier; pero su devoción se divulgó sobre todo a finales del siglo XI a ritmo de las ondas de la peregrinación a Compostela y, en especial, como consecuencia de la implantación en Pamplona de mercaderes y clérigos de la región tolosana y superiferia. El santo dio nombre al burgo así nacido —de San Saturnino o San Cernin— y a él se dedicaron como mínimo otras ocho parroquias y diversas ermitas. Quizá cristalizó entonces la tradición que nos lo presenta bautizando a san Fermín, a sus padres y al pueblo pamplonés, considerándolo el promotor de la evangelización en Pamplona. Desde antiguo se le venera como patrón de Pamplona.

 

 

 

 

3 de diciembre

SAN FRANCISCO JAVIER, PRESBÍTERO,

PATRONO PRINCIPAL DE NAVARRA

Solemnidad

 

Nació de noble familia navarra el 7 de abril de 1506 en el castillo de Javier. En 1525 se trasladó a París donde cursó estudios de filosofía. En esta ciudad conoció a san Ignacio de Loyola, amistad que imprimió un nuevo carácter a su vida. Fue ordenado presbítero el 24 de junio de 1537 en Roma, y se dedicó a obras de caridad en varias ciudades de Italia. Carlos I de España y Juan III de Portugal solicitaron la evangelización de sus posesiones ultramarinas a la Compañía de Jesús y Francisco Javier fue el encargado de esta expedición que partió hacia las Indias Orientales. Durante diez años evangelizó incansablemente la India y el Japón donde convirtió a muchos a la fe católica. Estaba ya a punto de entrar en China cuando murió el 3 de diciembre de 1552 por una pulmonía. Según la tradición en el momento de su muerte el Cristo de su castillo natal manó sangre. Su cuerpo se conserva incorrupto en Goa.

El 12 de marzo de 1622 Gregorio XV lo canonizó. Desde el 14 de abril de 1657, por decreto del papa Alejandro VII, ostenta juntamente con san Fermín el patronazgo del reino de Navarra; siendo ambos patronos igualmente principales. Por otra parte Benedicto XIV lo designó patrono de las misiones de Oriente en 1749, san Pío X de las Obras para la propagación de la fe en 1904, Pío XI le hizo, junto a santa Teresa de Lisieux, patrono universal de las misiones en 1927, y Pío XII del turismo en 1952.

 

De las cartas de san Francisco Javier, presbítero, a san Ignacio

(Cartas 4 [1542] y 5 [1544]: BAC 101, Cartas y escritos de san Francisco Javier, pp. 107-108. 115-116)

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Venimos por lugares de cristianos que ahora hará ocho años que se hiciesen cristianos. En estos lugares no habitan portugueses, por ser la tierra muy estéril en extremo y paupérrima. Los cristianos de estos lugares, por no haber quien les enseñe en nuestra fe, no saben más de ella que decir que son cristianos. No tienen quien les diga misa, ni menos quien les enseñe el Credo, Pater noster, Ave María, ni los mandamientos.

En estos lugares, cuando llegaba, bautizaba a todos los muchachos que no eran bautizados; de manera que bauticé una gran multitud de infantes que no sabían distinguir la mano derecha de la izquierda. Cuando llegaba en los lugares, no me dejaban los muchachos ni rezar el Oficio, ni comer, ni dormir, sino que les enseñara algunas oraciones. Entonces comencé a conocer por qué de los tales es el reino de los cielos.

Como tan santa petición no podía sino impíamente negarla, comenzando por la confesión del Padre, Hijo y Espíritu Santo, por el Credo, Pater noster, Ave María, así los enseñaba. Conocí en ellos grandes ingenios; y, si hubiese quien los enseñase en la santa fe, tengo por muy cierto que serían buenos cristianos.

Muchos cristianos se dejan de hacer, en estas partes, por no haber muchas personas que en tan pías y santas cosas se ocupen. Muchas veces me mueven pensamiento de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la universidad de París, diciendo en Sorbona a los que tienen más letras que voluntad, para disponerse a fructificar con ellas: «¡Cuántas ánimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la neglicencia de ellos!»

Y así como van estudiando en letras, si estudiasen en la cuenta de Dios, nuestro Señor, les demandará de ellas, y del talento que les tiene dado, muchos de ellos se moverían, tomando medios y ejercicios espirituales para conocer y sentir dentro de sus ánimas la voluntad divina, conformándose más con ella que con sus propias afecciones, diciendo: «Aquí estoy, Señor, ¿qué debo hacer? Envíame adonde quieras; y, si conviene, aun a los indios.»

 

 

De las cartas de san Francisco Javier, presbítero, a san Ignacio y a sus compañeros de Europa

(Cartas 60 [1548] y 96 [1552]: BAC 101, Cartas y escritos de san Francisco Javier, pp. 238-239. 416-418)

Gustan de oír los misterios de la pasión de Cristo

Ninguna cosa desea más esta tierra de nuestra Compañía que predicadores. Entre los que ha enviado a esas partes el maestro Simón, no hay, que yo sepa, ningún predicador. Los portugueses que viven en la India, por su grande amor y benevolencia para con nosotros, desean grandemente predicadores de la Compañía. Por tanto rúegoos por Dios y su servicio que, en vista de tan piadosa y justa demanda, enviéis a estas tierras algunos padres aptos para este ministerio que muestren a los que van desviados, el camino recto de la salvación. Además, los que enviéis de la Compañía para recorrer los lugares de gentiles, para predicarles el Evangelio, conviene sean de tan señalada virtud, que puedan ir con seguridad acompañados y solos a dondequiera que los reclame la causa cristiana, sea a Moluco, a la China y al Japón. Por la descripción de China y del Japón y de sus gentes que os envío dentro de esta carta, entenderéis fácilmente qué clase de personas requiere este negocio.

En la tierra de Japón hay una universidad muy grande, la cual se llama Bandou, adonde acude gran número de bonzos a aprender sus sectas. Estas sectas, como arriba dije, vinieron de la China, y están escritas en letra de China, porque la letra de Japón y la de la China son muy diferentes.

Estos bonzos tienen grandes ingenios y muy delgados. Ocúpanse mucho en contemplar, pensando qué ha de ser de ellos, y qué fin han de tener, y otras contemplaciones así. Hay muchos de éstos que en sus contemplaciones hallan que no se pueden salvar en las sectas, diciendo que todas las cosas dependen de algún principio; y por cuanto no hay libro que hable de este principio, ni de la creación de las cosas, los que alcanzan este principio, como no tienen libros ni autoridad, no lo manifiestan a los otros. Estos tales huelgan mucho de oír la ley de Dios.

En la ciudad de Amanguche se hizo un hombre cristiano, el cual estudiara muchos años en Bandou; era tenido por muy letrado. Éste, antes que nosotros fuésemos a Japón, dejó de ser bonzo, era por parecerle que las leyes de Japón no eran verdaderas; por eso no creía en ellas, y que él siempre adoraba a Aquel que crió el mundo. Mucho holgaron los cristianos, cuando este hombre se bautizó; porque era tenido en Amaguche por el mayor sabedor que había en la ciudad.

El padre Cosme de Torres y Juan Fernández se ocupan ahora mucho en declarar los misterios de la vida de Cristo, haciendo predicaciones sobre cada uno de ellos. Gustan en la tierra mucho de oír los misterios de la pasión de Cristo, y lloran algunas personas de oírlos. Ahora, después de haber oído cómo han de adorar a Dios y creer en Jesucristo, aprenden todos primero a santiguarse.

Y son tan curiosos, que quieren saber qué quiere decir: «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», y por qué ponen la mano derecha en la cabeza diciendo: «en el nombre del Padre», «y del Hijo» en los pechos, «y del Espíritu Santo», en el hombro izquierdo y derecho. Dándoles nosotros la declaración de esto, quedan grandemente consolados. Después de esto, dicen «Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison», y luego preguntan la significación de las palabras; después de esto pasan sus cuentas, diciendo a cada cuenta «Jesús, María». El Pater noster, Ave María y Credo van aprendiendo poco a poco, por escrito.

 

De una carta de san Francisco Javier, presbítero, a la Compañía de Jesús

(Cartas 85 [1549]: BAC 101, Cartas y escritos de san Francisco Javier, pp. 352-353)

Servir a Dios para que los hombres le conozcan

Grande es la consolación que llevamos en ver que Dios nuestro Señor ve las intenciones, voluntades y fines. Y pues nuestra vida es solamente para que las imágenes de Dios conozcan a su Criador, y el Criador sea glorificado por las criaturas que a su imagen y semejanza crió, y para que los límites de la santa madre Iglesia, esposa de Jesucristo, sean acrecentados, vamos muy confiados que tendrá buen suceso nuestro viaje. Dos cosas nos ayudan a los que en este viaje vamos para vencer los muchos impedimentos que el demonio pone por su parte: la primera es ver que Dios sabe nuestras intenciones; la segunda, ver que todas las criaturas dependen de la voluntad de Dios y que no pueden hacer cosa sin permitirlo Dios. Hasta los demonios están a obediencia de Dios, porque el enemigo, cuando quería hacer mal a Job pedía licencia a Dios.

Esto digo por los muchos trabajos y peligros de muerte corporal en que andamos metidos con tantos riesgos en estas partes.

Mucha diferencia hay del que confía en Dios teniendo todo lo necesario, al que confía en Dios sin tener ninguna cosa, privándose de lo necesario, pudiéndolo tener, por más imitar a Cristo. Y así mucha diferencia hay de los que tienen fe, esperanza y confianza en Dios, fuera de los peligros de muerte, a los que tienen fe, esperanza y confianza en Dios, cuando por su amor y servicio, de voluntad se ponen en peligros casi evidentes de muerte, pudiéndolos evitar si quisieren, pues queda en su libertad dejarlos o tomarlos. Paréceme que los que en peligros continuos de muerte vivieron, solamente por servir a Dios, sin otro respeto ni fin, que en poco tiempo les vendrá aborrecer la vida y de