Catequesis de D. Fernando Sebastián en el Jubileo de los jóvenes Navarros dentro de la Jornada Mundial de la Juventud
Roma, 10 de agosto de 2000
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Unas palabras como introducción Ante todo una palabra de saludo y de bienvenida: Bienvenidos los diferentes grupos de Navarra, seminaristas, pastoral juvenil diocesana, pastoral universitaria, neocatecumenales, Universidad de Navarra, etc.etc. Bienvenidos todos los que nos acompañáis por una u otra razón. Hemos venido hasta Roma con ilusión, algunos teníais ya experiencia de estas jornadas, en Polonia, en Denver, París o Santiago. Para otros será ésta la primera vez. Tenéis la intriga de saber qué es lo que va a pasar. Os digo desde ahora que no va a pasar nada extraordinario, vivimos unos días intensos, de viaje, reunión, amistad, oración. Y todo lo que nos pasa es ya extraordinario. Estos días están siendo intensos, llenos de experiencias nuevas, con muchas sugerencias, con muchas llamadas, con muchas oportunidades. Por lo pronto es bueno salir de nuestro ambiente habitual, diluirse, ver lo que pasa en otras partes. Sólo comparando podremos ver bien lo que nos pasa a nosotros. Y es bueno también juntarnos ahora, en este clima de sinceridad y de confianza, libres de las ocupaciones habituales, para ver desde fuera cómo está siendo nuestra vida. Cuáles son nuestras necesidades, cómo es nuestro ambiente, y cómo están siendo nuestras respuestas, nuestra respuesta personal a Cristo, la respuesta colectiva de los jóvenes cristianos, si es que estamos dando alguna respuesta a las necesidades de nuestra juventud en Navarra. Ante de comenzar damos gracias a los PP. Jesuitas que nos han acogido en esta hermosa Iglesia de S. Ignacio, y nos han proporcionado la posibilidad de estar aquí con paz y tranquilidad para el encuentro y la oración de esta mañana.
I. Veamos claramente el panorama
El mundo de los jóvenes no es un mundo aislado. La situación religiosa de los jóvenes, refleja muchas veces la de sus familias, la de los centros de estudio, los lugares de diversión y esparcimiento. Nuestros jóvenes viven en una sociedad determinada y reflejan en su vida lo que en ella se respira. Además viven en el marco de una Iglesia "deprimida", con poca confianza en sí misma, con divisiones y conflictos, rutinaria, en pérdidas, con algunas jornadas llamativas, con un día a día rutinario y decadente. ¿Cuántos de vuestros compañeros van a Misa los domingos, cuántos dedican algún tiempo, alguna atención a formarse y a actuar como cristianos? ¿Cuántos conocéis que viven desinteresados de ser cristianos o de ser paganos? Muchos cristianos navarros no quieren enterarse de lo que está ocurriendo. No quieren preocupaciones. En Navarra estamos perdiendo rápidamente la vigencia de la fe cristiana. Sólo el 15 % de las personas entre 30 y 50 años acuden a la Iglesia. Sólo el 3 ó el 5 % de los jóvenes entre 14 y 30 años vienen a Misa o se interesan por la religión. No más del 15 % aceptan las enseñanzas morales de la Iglesia en relación con la vida sexual, el matrimonio y la familia. Los cristianos navarros vivimos la fe en un verdadero desierto espiritual. Los medios, los ambientes, los programas, las cuestiones políticas, las propagandas, las presiones culturales en la universidad, en los ambientes jóvenes. Desestima de la Iglesia, ambiente de diversión total, dinero, liberación de cualquier norma moral inhibitoria, sólo se acepta el límite del respeto al bien físico de los demás, el no hacer daño. El principio moral realmente operativo es algo así: "todo lo que hago o hacemos libremente" si es placentero, es bueno. Si nos gusta es bueno. Bueno es lo que me gusta, lo que me apetece. Malo es lo que me molesta, lo que no me viene bien en este momento. El bien absoluto es mi bien actual. En esta mentalidad queda diluída toda referencia a Dios, a Cristo, a la salvación eterna, al bien del prójimo. Podríamos decir que en la vida social y espontánea de la mayoría de la juventud hemos perdido la referencia al bien moral, a las normas morales no sólo del Evangelio, sino de la razón moral humana. Por lo menos en algunos puntos concretos de la conducta humana. En estos momentos, nosotros, sacerdotes, religiosos y religiosas, jóvenes cristianos tenemos que sentirnos RESPONSABLES DE LA CONTINUIDAD DE LA VIDA CRISTIANA EN NAVARRA. Si las cosas siguieran como van, en dos o tres generaciones la fe y la vida cristiana sería en Navarra poco más que un recuerdo, una realidad fuertemente minoritaria. Con todo lo que eso significa, los cambios en el ideal personal de comportamiento y de vida, el establecimiento del egoísmo en la vida familiar, en las relaciones laborales, civiles y políticas. El olvido de Dios y de la vida eterna, la falta de esperanza, con la secuela inevitable de la desesperación y amargura, decepción y tristeza. En una o dos generaciones, 15 ó 20 años más, este proceso puede estar prácticamente establecido. Es lo que se ve impulsado desde los medios de comunicación, y desde muchas instituciones como el Consejo de la Juventud, los ambientes intelectuales y callejeros. Cuando hablo de este modo me dicen que soy pesimista. ¿Esto es pesimismo? No se trata de sentimientos ni de preferencias. Se trata de ver la realidad. ¿Es verdad o no? Lo importante es saber si es verdad o no, y en el caso de que lo sea pensar cómo tenemos que reaccionar. Os voy a contar una parábola. Paco y Manuela son un matrimonio de XX que acaban de comprar un coche. Se van de excursión. Y en un momento determinado, Manuela le dice a Paco, "Me parece que queda poca gasolina. Se ha encendido la luz de la reserva". Y Paco responde, "Calla, mujer, no seas pesimista". Y sigue carretera adelante. De pronto el coche da dos respingos y se para. Por muy nuevo que fuera se quedó sin gasolina. Ser optimista o pesimista no cambia las cosas. Hay que ir por la vida con los ojos bien abiertos, tratando de ver la verdad de lo que pasa. Sería pesimismo no querer reconocer la realidad, refugiarnos en los recuerdos, "nosotros somos los mejores", para así poder seguir viviendo tranquilos. Sería pesimismo, sentirnos derrotados, tirar la toalla, pensar que no hay nada que hacer. Pensar que la vida cristiana no es para los jóvenes, que la Iglesia no tiene nada importante que decirnos. No es pesimismo sino madurez, ver la realidad, y buscar la manera de reaccionar, de influir en ella, de cumplir el mandato del Señor, de cumplir nuestra vocación cristiana de testigos, de apóstoles, de colaboradores del Señor en las tareas del Reino y de la salvación. Ante el panorama religioso de nuestra juventud y de nuestras familias jóvenes, no podemos quedarnos en lamentaciones. Tenemos la consigna del AÑO JUBILAR, que nos pide renovar las fuentes de nuestra fe, prepararnos para ser capaces de vivir cristianamente en el siglo XXI. Una primera consideración importante. No tenemos que asustarnos. Esta situación es muy frecuente en la historia de la Iglesia. La fe y la Iglesia siempre han vivido bajo la amenaza de las ideas, de los egoísmos, del orgullo, de los ambiciosos, de los grandes poderes organizados de este mundo. Y siempre la Iglesia ha superado estas dificultades, con la fuerza de la fe sincera de los cristianos convencidos, con la diligencia de los apóstoles y de los misioneros, con el valor definitivo del testimonio de los mártires.
II. La primera exigencia La consigna del Año Jubilar es volver a los orígenes, recordar con claridad y con fuerza las raíces de nuestra fe. Podemos pensar en
Aquí en Roma recibimos de una manera muy concreta la fuerza de la verdad histórica de nuestra fe. Aquí llegaron Pedro y Pablo con la gran noticia de la vida y muerte y resurrección de Jesús, con el tesoro de sus enseñanzas, de sus ejemplos, de su Evangelio entero. Los escucharon, muchos se convirtieron y soportaron la persecución. Con su fidelidad hasta la muerte vencieron todas las resistencias y todas las contradicciones. Los cristianos del siglo XXI necesitamos la fuerza y la decisión, el convencimiento y el desprendimiento de los mártires. Como los Apóstoles, nosotros contamos también con la llamada del Señor, Recordemos el gran encargo que Jesús dejó a los Apóstoles, y con ellos a la Iglesia, a la Iglesia en el mundo entero, a nosotros en Navarra: "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos en todas partes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Sabed que yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo". (Mt 28, 18-20). Si nos situamos en una actitud interior de verdadera fe, recibiremos la fuerza interior del Espíritu Santo, la fuerza de la experiencia interior cristiana de cada uno de nosotros. . Retornar a la experiencia básica consiste en sentir vivamente la verdad fundamental del anuncio de Jesús, la verdad fundamental de nuestra vocación cristiana. Esta es la experiencia básica: Dios os ama, Dios os llama, a SER, A VIVIR, A ANUNCIAR, a construir una sociedad diferente. Dios está con nosotros, en Jesús y por Jesús, nos da la vida plena de hijos suyos, y a la vez nos llama a hacernos cargo de las actuales necesidades de la Iglesia en Navarra, de las indigencias espirituales de vuestros compañeros, amigos, familiares. No se trata de reconstruir esta experiencia cristiana en el aire, en nuestra imaginación, sino con la carne concreta de Jesús en su cuerpo y en el contexto de su presencia real que se da en la Iglesia. Comenzamos viviendo y sintiendo como cristianos dentro de nuestra Iglesia, viendo con ojos y corazón de cristianos la realidad de nuestra vida, de nuestros amigos, de nuestra tierra. Como los Apóstoles, como los primeros cristianos adoramos la presencia de Jesús como Hijo de Dios. Queremos imitar a los jóvenes cristianos de las primeras generaciones. También ellos supieron arriesgar y dar la vida, dedicar tiempo, ayudar, servir, ofrecerse. Así es como hicieron los Apóstoles en aquel día de la misión. Primero le adoraron, luego escucharon su palabra y recibieron su misión. Ellos son nuestros modelos para siempre. Los Apóstoles vivieron con Jesús y estando con El aprendieron a vivir como El una vida de verdaderos hijos de Dios, verdaderos miembros del Reino, de la nueva humanidad. Nosotros si queremos ser discípulos tenemos que imitar las cosas principales que hacían los Apóstoles en su vida, lo que ellos enseñaban a los primeros cristianos. Todo se puede reducir a continuar el género de vida de Jesús, a imitar un poco la distribución del tiempo y la organización de la vida de Jesús, continuando su vida de Hijo
Hasta que el propio Jesús viviente sea el centro de nuestra vida, de nuestra atención, de nuestro amor, de nuestros deseos, de nuestros proyectos de vida. Puesto que estamos en Roma, nos puede servir y animar el ejemplo de San Pablo, el ardiente amigo y discípulo de Jesús. "Cuando Dios tuvo a bien revelarme a su Hijo" (Gal 1, 15), se entregó en cuerpo y alma al amor y al servicio de Jesucristo. "He dejado todo como si fuera basura en comparación con el conocimiento del Señor" (Fil 3), quiero vivir para Dios, no quiero vivir por mi cuenta sino que Cristo viva en mí, lo que ahora vivo lo vivo en Cristo que me amó y se entregó por mí, Por eso vivo movido por el Espíritu, según la fe que actúa por la caridad, porque toda la ley se reduce a esto, amar al prójimo como a nosotros mismos. Empleemos nuestra vida no para nosotros sino para hacer el bien a nuestros hermanos. No nos cansemos de hacer el bien. Dios dará a cada uno según sus obras (Gal 3. 5.6).
III. Con unos objetivos concretos Estamos en Roma, junto a los sepulcros de los Apóstoles y de los mártires, sentimos la fuerza de nuestros orígenes cristianos. Este recuerdo nos da entusiasmo y responsabilidad. Nos preguntamos qué podemos hacer, qué tenemos que hacer, en Navarra, en las actuales circunstancias, a favor de nuestros jóvenes, a favor de la obra de Jesucristo. 1) Una primera respuesta puede ser ésta. Entre todos, El Obispo con vosotros, tenemos que ser capaces de hacer desde la Iglesia una propuesta del mensaje de Jesús, que llame la atención de los jóvenes, algo que les podamos ofrecer con fuerza, que les podamos presentar con autenticidad, algo que se pueda defender y recomendar en contra de otras propuestas y de otros modelos de vida. Yo querría que fuéramos capaces de presentarles un plan de vida cristiana juvenil que fuera una propuesta
2) Pero enseguida tenemos que añadir algo de primera importancia. Nuestra colaboración tiene que ser decidida y efectiva. En Roma podemos afirmar que nada hubiera sido posible sin la fuerza tremenda de la decisión de los mártires. Si los cristianos se hubieran echado atrás ante la crueldad de las persecuciones, la fe no se habría propagado. Hubiera sido una tentativa o una moda de tantas que pasan sin dejar huella. Pero los mártires llevaron las cosas hasta el final. Demostraron que la oferta del evangelio era una oferta decisiva, absoluta, innegociable, más valiosa que todas las demás cosas de su tiempo, de su tierra, de su vida. En verdad cumplieron lo que dice el Señor: el Reino de Dios vale más que todas las cosas, éste es el verdadero tesoro por el cual hay que dar hasta la vida. A nosotros nos falta muchas veces la claridad y la firmeza y la efectividad de los mártires. Queremos ser cristianos, queremos tener los bienes de la fe y de la amistad con Jesús, pero querríamos tenerlo sin tener que renunciar a nada, sin distinguirnos de los demás, sin tener que cambiar de vida, ni dejar fines de semana, ni diversiones, ni comodidades, sueños ni proyectos de vida. El cristianismo que hoy presentamos y aceptamos en Europa, en los países de la abundancia y de la comodidad. es un cristianismo sin renuncias, un cristianismo sin mártires, un cristianismo sin efectividad. Tenemos que preguntarnos ¿en qué consiste en Navarra nuestro martirio? Porque nadie nos persigue por el hecho de ser cristianos. Por lo menos aparentemente. Os digo, en Navarra para ser cristiano de verdad, los jóvenes tiene que aceptar un martirio espiritual y moral que consiste en esto:
Para ser cristianos tenemos que estar dispuestos a serlo de una manera ROMPEDORA, LLAMATIVA, EFECTIVA, DIFERENCIADA. Los cristianos diluidos y desapercibidos terminan no siendo cristianos. Son como la sal sosa que no sirve para nada, como la luz mortecina y escondida que tampoco resuelve nada. 3) Tendríamos que concretar esta ruptura y esta diferencia en un verdadero plan de vida, elaborado en grupo y asumido personalmente con fidelidad. Un plan que especificara nuestros
No podemos olvidar aquellas palabras de Jesús que hacen referencia a la renuncia y a la efectividad del seguimiento: Si alguno ama a su padre o a su madre o a sus hermanos, más que a Mí no es digno de Mí. El que no renuncia a lo que tiene, toma su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo. Deja a los muertos que entierren a sus muertos, Tú deja tus cosas y sígueme. El cristianismo "blando" se queda en palabras, en bonitas fórmulas humanitarias, pero no pasa a las obras ni a la efectividad.
IV. Construir la Iglesia para el siglo XXI
Cada uno tiene que decir y vivir la oración de San Francisco Javier: Jesús, Salvador, ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI? Jesús Salvador ¿QUÉ PUEDO HACER POR TI? Jesús Salvador, ¿QUÉ ESPERAS DE MÍ?
No se trata de cosas extraordinarias, sino de ir construyendo poco a poco una Iglesia renovada, segura de sí misma, tranquila,
Clara en la doctrina, con el Catecismo de la Iglesia Católica, en el dogma, en los sacramentos, en el sacramento de la penitencia, en el recuerdo de la vida eterna, en la moral personal, familiar y social, en el servicio generoso a los necesitados. Coherente en la conducta, práctica sacramental sobre todo Eucaristía y penitencia, vida en gracia en castidad y generosidad, moral sexual y familiar, moral económica, respeto a la verdad y a la justicia, aunque se pierda dinero, aunque tengamos conflictos, aunque se rían de nosotros. Para CONSTRUIR LA IGLESIA DEL FUTURO, en Navarra, tenemos que insistir principalmente en estos puntos:
Tenemos que darnos cuenta de que actualmente estamos viviendo en la mínima expresión de grupos, de presencias, de entusiasmos, de iniciativas apostólicas. Tenemos que ser capaces de ir creando cosas, de enriquecer y fortalecer nuestras parroquias. Todo esto lo tenemos que hacer sin angustias, sin extremismos ni fanatismos, sin temores. De manera tranquila, poco a poco, sin querer forzar ni apresurar los tiempos de Dios o los tiempos de cada persona. Vayamos trabajando para ir construyendo desde abajo verdaderas comunidades cristianos, verdaderos grupos de familias cristianas, itinerarios de vida al servicio de la comunidad, entregados sin reservas y sin compromisos al seguimiento de Cristo, al anuncio del Evangelio y al servicio de los necesitados. Que nadie se quede angustiado. Que nadie se sienta forzado a nada. Existe un verdadero talante cristiana que vale la pena recordar antes de terminar.
Para concluir rezamos ahora la oración de san Ignacio, pedimos al Señor que haga de nosotros verdaderos discípulos y verdaderos instrumentos de su Reino. Tomad, Señor y recibid, todo mi ser, todo mi amor, toda mi libertad, todo lo que tengo y deseo tener. Pongo mi vida en tus manos, Dispón de mí, dime lo que quieres y necesitas de mí, Ilumina mi vida por dentro, ayúdame a conocerte y a quererte con todo mi corazón, Cuenta conmigo para anunciar tu evangelio Para ayudar y servir en todo a tus hermanos, a los que no te conocen, a los que sufren sin esperanza, a los que ahora mismo necesitan sentir de cerca que Tú estás a su lado y les amas. Hazme, Señor, con tus Apóstoles, un discípulo fiel, un mensajero diligente de tu Reino de amor y de salvación.
Pamplona, 23 de agosto de 2000
JUBILEO JÓVENES NAVARRA HOMILÍA
Primera lectura: Hechos 2, 32-41 Evangelio: Lucas 5, 1-11 En estos días estamos oyendo muchas cosas, vivimos muchos momentos de verdadero fervor y entusiasmo. No es preciso ahora hablar mucho ni entretenernos en largas consideraciones. Se trata más bien de facilitar nuestro encuentro íntimo con el Señor para clarificar y decidir nuestra postura personal. A todos os planteo en la presencia del Señor esta pregunta: ¿Dónde y cómo quiero situarme dentro de la Iglesia de Jesús, cual es mi sitio, cual es mi compromiso? Todo depende de mi relación personal con el Señor, cerca? lejos? de frente? un poco ladeado? escondido entre la gente para que no se fije en mí? Lo resumimos todo en estos tres puntos.
Tendríamos que sentir delante de nosotros la proclamación de Jesús, presentada con el entusiasmo y la firmeza de los Apóstoles, acogida con la sorpresa y la conmoción interior de los primeros discípulos. . Jesús el hijo de Dios que vivió haciendo el bien. Rechazado, humillado, muerto, entonces y ahora Despreciado por muchos, incluso bautizados Resucitado y exaltado por Dios Causa de salvación para todo el que cree en El de verdad. II. CREER EN JESÚS COMO ÚNICO SALVADOR Es cuestión de la inteligencia, de verlo presente, de tenerlo delante, con todos los rasgos del Evangelio, sus palabras, sus gestos, sus hechos, y de ponernos delante de El, Cada día tenemos que comenzar la jornada intentando conectar con El, tratando de vivir a su lado, sintiéndonos dentro de su grupo, de sus discípulos, de su Iglesia. Ser Iglesia es caminar constantemente en la "cuadrilla de los amigos de Jesús". Creo, Señor, ayuda mi incredulidad El Camino, Verdad, Vida verdadera III. PONER NUESTRA VIDA EN SUS MANOS Sin amarras previasSin proyectos prefabricados Sin defender nada contra su llamada. ¿Eres capaz de ponerte delante de Cristo y decirle de verdad "dispón de mí, qué quieres que haga, que quieres que sea, donde quieres que vaya"? El Cristianismo necesita la fuerza de gente convencida, entregada, dispuesta a entregar la vida en el anuncio del evangelio, Ahora mismo necesitamos la fuerza y la colaboración de jóvenes que se entreguen a Cristo y pongan su vida en manos de la Iglesia a disposición de los Obispos para el servicio del Evangelio, en el ministerio sacerdotal, en el apostolado organizado y constante, en la ejecución de las obras de la misión, del apostolado, de la caridad. Ahora no decimos cómo ni dónde, Cada uno verá lo que más le ayuda. No os estoy diciendo que seáis todos sacerdotes. No estoy pidiendo sacerdotes. Estoy pidiendo cristianos y cristianas, que lo sean de verdad, que empleen su vida y su tiempo y sus energías en servir a Jesús, al Evangelio, a la Iglesia, a los hermanos, donde el Señor quiera y como el Señor quiera. Casado o soltero y virgen, sacerdote o laico, misionero o profesional. Pero todos cristianos y apóstoles. Vamos a vivir esta entrega en tres momentos
Como Javier. Con la Virgen María. Hágase en mí según tu palabra" Pamplona, 23 de agosto de 2000 |
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