Cartas desde la Fe |
Homilía en la Jornada de la Vida Consagrada
Hermanos y Hermanas, Habéis querido celebrar esta Jornada de la Vida consagrada bajo el signo de la Comunión El lema de este año reza así. Expertos en comunión. Al servicio de la Iglesia y del mundo. Es necesario tener la precaución de asomarse al interior de las palabras para captar su sentido real y verdadero. Y más todavía cuando hablamos de cosa espirituales e impalpables. Comunión es tanto como comunicación en el amor, tanto como inhabitación de una persona en otra. Esta comunión se produce cuando una persona decide libremente, amorosamente, que la vida y el bien de otra persona forme parte de su vida, de su bien, de su felicidad. Para ser yo feliz necesito que tú también lo seas conmigo. Tu vida forma parte de mi vida, y la mía de la tuya. Este amor, cuando es mutuo y verdadero, crea una relación interpersonal que es un nuevo nivel de existencia, una nueva realidad, la realidad y la riqueza del nosotros. Esta realidad humana la podemos vivir con Jesucristo porque El la quiso vivir con nosotros. "Como el Padre me amó, yo os he amado, permaneced en mi amor, como yo vivo en el amor del Padre". Estas palabras de Jesús nos descubren el fondo más íntimo de la comunión cristiana. El Padre ama a Jesús y habita en El. Jesús responde a este amor del Padre con un amor filial y habita en El. Jesús, unido con el Padre, se siente movido a amarnos con el mismo amor con el que el Padre nos ama a todos. El amor universal y personal de Jesús es la realización humana del amor universal de Dios. Este amor nos transforma y nos hace capaces de amar también a los demás. Como Jesús, los santos tenemos que ser capaces de amar a todos, de abrirnos al encuentro y a la comunión con todos, hasta donde podamos, del mejor modo que nos sea posible. Como en Jesús, esta vida de comunión no puede ser un agua estancada, es agua viva, que corre de corazón en corazón. Del corazón de Dios al corazón de Jesús, del corazón de Cristo al corazón de todos los fieles cristianos, de nuestro propio corazón al corazón de los hermanos. La comunión es el manantial de donde brota la misión. Hablamos de Dios porque lo amamos, porque nos sentimos queridos por El, porque queremos que los demás vivan la misma alegría que vivimos nosotros sintiéndonos hijos de Dios y viviendo en su presencia y en la esperanza de sus dones. Una llamada a la Evangelización Así el recuerdo de nuestra comunión cristiana, en Cristo, en la Trinidad en la Iglesia, nos plantea con un singular vigor la llamada a la evangelización En este día quiero invitaros a reflexionar sobre el papel que os corresponde como religiosos en el programa de evangelización que el Papa está proponiendo sin cesar a toda la Iglesia. Podemos fijarnos concretamente en el contenido de la Exhortación Apostólica "Al comenzar el nuevo milenio". Este documento pontificio es un texto lleno de esperanza y de responsabilidad ante el futuro. El Papa no disimula las dificultades que se pueden presentar a la Iglesia en el futuro, la secularización de la vida y de las conciencias, el debilitamiento de la sensibilidad religiosa, la idolatría de los bienes de los bienes materiales, el desinterés y la desconfianza ante las promesas de la vida eterna. La respuesta verdaderamente cristiana Ante tantas dificultades el Papa nos invita a dar una respuesta inspirada en la esperanza. Duc in altum, vamos mar adentro, vamos a anunciar el evangelio, a ayudar a nuestros hermanos a vivir en la presencia de Dios, vamos a transformar el mundo con el poder y el Espíritu de Jesús. Sentimos a veces la tentación del cansancio, del desaliento. Llegamos incluso a dudar de nosotros mismos, de nuestras instituciones, de nuestras actividades. Estas dudas, estas angustias pueden ser purificadoras y fecundas si las vivimos con actitudes cristianas, desconfiando de nosotros mismos, poniendo nuestra confianza en el Señor y tratando de buscar en el Evangelio las verdaderas respuestas a las necesidades de nuestro tiempo. "No tengáis miedo", nos dice el Señor, "yo he vencido al mundo". También a los poderes y a las enfermedades espirituales de nuestro mundo. Jesús es Señor también del siglo XXI, y de siempre, por los siglos de los siglos. Las propuestas del Papa se concretan en unas recomendaciones que valen para todos los cristianos, y que nosotros nos podemos aplicar en un sentido muy especial y muy apremiante. La evangelización de nuestro mundo comienza por nosotros mismos. La Iglesia, para transmitir el mensaje de Jesús al mundo de hoy, no tiene otro camino que ser cada día más de verdad la Iglesia de Jesús. Y eso es tarea y obligación de cada uno de nosotros.
De forma expresiva el Papa nos invita a mirarnos en el rostro de Jesús, a dejarnos iluminar por su mirada, a situarnos sinceramente en su presencia. La historia de Jesús, su memoria, sus palabras y sus hechos, el tono y el estilo de su vida tienen que ser el modelo verdadero de nuestra vida. El estilo de vida de Jesús profeta y anunciador del Reino de Dios, llamando a la conversión, perdonando los pecados, atendiendo a los enfermos hasta el agotamiento. El rostro dolorido y paciente de la Pasión, el amor infinito de su vida ofrecida por nosotros. Y por encima de todo el rostro resplandeciente del Cristo resucitado fuente de vida, vencedor del mundo, reclamo y esperanza de nuestra vida. El anuncio de Dios y la evangelización de nuestro mundo nos piden una santa rebeldía, contra nuestra mediocridad, contra el poder de la mentira, contra el reino y las esclavitudes de este mundo. La respuesta de los cristianos tiene que ser vivir más de verdad en la fe y de la fe de Jesucristo, orar como El, obedecer como El, amar y servir como El, dar la vida como El por el testimonio de la verdad y el servicio a los hermanos. Rebeldía en una palabra contra la mediocridad, contra el conformismo, contra la tibieza, contra el cansancio y el comodismo de nuestras vida. En esta perspectiva el Papa nos recuerda que los religiosos tenemos que ser de manera singular, "Memoria viviente del estilo de vida de Jesús. Testimonio de la presencia del Señor resucitado en nuestro mundo". Discípulos cercanos de Jesucristo.
Comunión en la Iglesia y desde la Iglesia.
Nuestra felicidad está en la fidelidad. Le fuerza evangelizadora está en la verdad de nuestra conversión y en el vigor de nuestro amor. Pidamos a la Virgen María, madre de la Iglesia, ejemplo y modelo de consagración y fidelidad que nos ayude a renovar nuestros corazones en la caridad para que seamos instrumentos valioso del anuncio y del advenimiento del Reino de Jesús en nuestro mundo. 1 de enero de 2003 + Fernando Sebastián Aguilar Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela |