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Catedral de
Pamplona, 23 septiembre 2007
Despedida de D. Fernando
No pretendo en estos minutos resumir la trayectoria de la presencia
de don Fernando entre nosotros. Además, como dice Pablo a Timoteo y
es lo que más le agrada a don Fernando, El honor y la gloria son
siempre para Dios, que derrochó su gracia en él (Cf 1Tim 1,
12-17). El Obispo es un don de la Providencia: Sucesor de los
Apóstoles, es Maestro de la fe, pontífice y pastor (CE 5) de
la Iglesia Diocesana.
Don Fernando
ha entregado a nuestras diócesis -además de su excelente servicio a
la Conferencia Episcopal- catorce años de su vida y ministerio,
consagrado totalmente a la misión y dejándonos una profunda huella
personal y pastoral.
Es el momento del agradecimiento. Damos gracias a Dios y le
agradecemos a él su servicio a la Iglesia, a través de su
testimonio, su palabra, sus escritos, su trabajo incansable, su
entrega personal. En todo momento nos ha alentado a vivir con
fidelidad y alegría el amor a la Iglesia. Su presencia entre
nosotros ha sido fuente de gracia, comprensión, apoyo y aliento. Nos
vemos muy honrados de poder definirle como un buen pastor apasionado
por Dios y por el anuncio del Evangelio de Jesucristo al mundo. Nos
ha santificado celebrando la fe y subrayando la importancia de la
vida sacramental, especialmente la celebración de la Eucaristía y
del Domingo. Nos ha ayudado a amar a Jesús, a querer a la Virgen y a
vivir con alegría nuestra condición de bautizados. Firme en la fe,
nos ha confirmado en ella, -en la certeza de la fe, la
fortaleza de la fe-, testimoniada por escrito, de palabra y
obra, contagiándonos su entusiasmo por la misión evangelizadora.
Veritas in caritate
-primacía de la verdad y del amor-,
ha sido el hilo conductor que le ha guiado en su misionar por
Navarra:
-
Como Obispo, Teólogo y Pastor, siguiendo la gran tradición de
los Padres de la Iglesia.
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Con personalidad vigorosa, inteligencia, lucidez, compromiso y
libertad de espíritu, austeridad de vida, sentido
de comunión,
buscando siempre lo que une y no lo que aparentemente separa;
amoris officium: caridad pastoral.
-
Con abundante magisterio,
clarificando y enardeciendo.
-
En la atención a los sacerdotes en horas de escucha confiada,
retiros, visitas a los enfermos, conferencias, formación
permanente, convivencias fraternales.
-
Con un sabio pastoreo en la animación de tantos proyectos
pastorales: la familia, la iniciación cristiana, la transmisión
de la fe, Caritas, los enfermos, la vida religiosa, la
Televisión Popular y los otros medios de comunicación social,
etc., aprovechándolos siempre para evangelizar; nunca
olvidaremos su empeño y esfuerzo en el estudio y aprendizaje del
euskera.
-
En el interés por suscitar vocaciones sacerdotales y misioneras
en tiempos de sequía vocacional.
-
Con el apoyo y aliento a los jóvenes animándoles a vivir la
alegría de la fe, en privado y en público, aunque sea
contracorriente.
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Con valentía profética ante el terrorismo y el laicismo.
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Con aguante sereno y esperanzado en los momentos más duros.
Solicitud pastoral de presencia y contacto con el latir de la vida y
de la cultura entre los gozos y esperanzas, las angustias y
tristezas de los hombres de nuestro tiempo… (GS 1) que han sido
su gozo y su corona (Filip 4,1). Muchos dones de Dios, que él
ha hecho fructificar en su vida.
Admiramos su capacidad de discernimiento, su claridad y coraje para
anunciar y denunciar, defender y corregir, animar y exhortar, a
tiempo y a destiempo como recomienda Pablo a Timoteo, yendo
siempre a lo esencial.
Por
su valentía en defender la verdad aunque duela, por llamar a las
cosas por su nombre, por hablar alto y claro orientando sobre las
grandes cuestiones morales, por poner los puntos sobre las íes...
(como le recordaban en Tudela), ha recibido los mayores
reconocimientos de dentro y de fuera de las diócesis. Y eso mismo le
ha acarreado también, las mayores ofensas y críticas. La
verdad os hará libres (Jn 8, 32). Dios es quien da el incremento y
hace fructificar la siembra. A él le queda el gozo del deber cumplido.
Cuánto bien ha hecho entre nosotros! Cómo tenemos que agradecerle su
labor de Pastor hecha de caridad y de fidelidad a Cristo y a su Iglesia,
y cómo nos gustaría imitar su coherencia y lealtad!
No lo ha tenido fácil.
Ya en su primera Javierada del año 94 cargó con la cruz a cuestas en el
Viacrucis. Al final de su pontificado una imagen quedará grabada para
siempre en Navarra: Un Obispo con los pies descalzos.
Humildad, penitencia, indefensión. Sólo tenemos el poder del amor de
Dios en la Cruz victoriosa de Cristo Resucitado. Y nos dijo entonces:
“Esta fe ha sido el fundamento de la grandeza moral de nuestros padres;
apartarse de ella será fuente de muchos errores y muchos sufrimientos”.
Qué hermosos los pies del mensajero que anuncia el Evangelio (Rom
10,15).
Durante estos días, ha pedido perdón en todas las despedidas.
Creo que también nosotros tenemos que pedirle perdón a él. Nos
tiene que perdonar el no haber estado a la altura de lo que esperaba de
nosotros como sacerdotes, religiosos y fieles laicos, en fidelidad y
entrega a Cristo y a los hermanos. Queremos que nos perdone por no
haberle prestado la colaboración y el apoyo que le debíamos como enviado
en nombre del Señor; por no haber caminado más unidos valorando la
diocesaneidad.
Los
Vicarios y colaboradores más próximos del Arzobispado destacamos que,
conocido y tratado de cerca, son todavía mayores su vida de oración y
sintonía con el Señor; su humanidad, su lealtad y nobleza, su entrega,
su bondad; hemos experimentado al Obispo como Padre, Pastor y Amigo. Nos
ha convertido de colaboradores en amigos, en confianza y
cordialidad.
Don Fernando:
Cuando damos gracias a Dios por su fecundo ministerio, reciba el
testimonio de nuestra admiración, afecto y profunda gratitud.
Sabe que le apreciamos y le queremos. Rezamos para que Dios le premie
y recompense todo lo que nosotros no pudimos o no supimos agradecer.
El
Señor le conceda buena salud y muchos años de vida para que siga
iluminando y sirviendo ininterrumpidamente a la Iglesia. Que Santa
Ana, la abuela, como rezábamos el domingo en Tudela, le conceda
envejecer con piedad y serenidad.
Y
no olvide nunca ese cartel que dice: NAVARRA: VENIR ES VOLVER.
Tiene abiertas las puertas de nuestro corazón y de nuestra casa, mejor
dicho, como está grabado en latín en el arco de la puerta de entrada al
Ayuntamiento: patet omnibus janua cor valde magis. Le
quedan abiertas las puertas, pero mucho más el corazón.
Eskerrik asko. Agur.
Luis Mª Oroz Arraiza
Vicario General de Pamplona-Tudela.
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