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1 de abril de 2007
Domingo de Ramos
Comienza la Semana Santa. Para muchos en vez
de la semana santa son las vacaciones de primavera. Está bien que sean
días de descanso, pero no debemos perder de vista el especial significado
de estos días en la vida de la Iglesia y de los cristianos.
En estos días nos reunimos para recordar y
celebrar, para revivir los acontecimientos.
Dos hechos:
La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
Queremos repetir la alegría de la gente sencilla cuando Jesús hizo su
entrada en Jerusalén. Los poderosos ya habían decidido eliminarlo. Por eso
es más valioso ese reconocimiento de la gente sencilla. Lo celebramos a
las once con la pequeña procesión desde la plaza de Sta. María la Real
hasta la Catedral, blandiendo las palmas y cantando canciones de alabanza
a Jesús.
En la Misa leemos el relato de la pasión de
Jesús escrito por Marcos. Los cuatro evangelistas nos cuentan cómo fueron
las cosas desde el prendimiento de Jesús, hasta su muerte y su
resurrección. Estos relatos fueron los primeros escritos cristianos que
corrían por las primeras comunidades cristianas. Se leían como el contexto
real de la celebración de la Eucaristía.
Mis consejos:
Primero. Celebrar la Semana Santa. En casa o
en el lugar de vacaciones. No perder de vista la semana Santa. Se debilita
nuestra sensibilidad religiosa.
Segundo. Leer personalmente el relato de la
pasión. Puede ser un momento importante. Una lectura personal reposada, o
leer unos versículos cada día.
Tercero. Asistir a las celebraciones. Bien
están las procesiones. Pero hay que rezar, confesarse, tomar en serio el
ayuno del viernes santo, hacer alguna obra de caridad importante. Muchas
personas que se han alejado durante unos años y sienten malestar porque no
están de acuerdo con su conciencia.
Tenemos que aprender a compaginar el ritmo
moderno de vida con la seriedad y la fidelidad de nuestra vida religiosa y
moral.
+ Fernando Sebastián Aguilar,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela
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