SITUACION ACTUAL DE
Mons. Fernando Sebastián Aguilar, Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela
INTRODUCCIÓN
Seguramente se trata de un título
demasiado ambicioso que tenemos que reducir a dimensiones realistas,
asequibles, modestas. Nunca es posible describir CÓMO ESTÁ
Ø
¿Cómo es, cómo está esta Iglesia
de la que formamos parte? No me refiero a
Ø
¿En qué mundo vive y actúa esta
Iglesia nuestra?
I.
VERNOS CON PERSPECTIVA HISTÓRICA
1. ¿De qué Iglesia hablamos?
Tenemos que comenzar
preguntándonos de qué hablamos cuando nos preguntamos por la situación actual
de
Para nosotros
2. ¿En qué pensamos cuando
hablamos de “situación” de
No nos conviene enredarnos
demasiado en las anécdotas ni en las noticias de la prensa. Nuestra situación
actual viene de lejos. Cuando hablamos de situación actual, hablamos, primero, del grado de confianza, de
estima, de decisión y valoración de
Cristo que tenemos en la cabeza la mayoría de los cristianos. La situación
actual de
Para valorar mejor las
circunstancias del momento conviene tener una cierta perspectiva histórica. Lo
que ahora nos ocurre, lo que sentimos y piensan de nosotros, depende mucho de lo
que ha ido ocurriendo en estos años pasados. Venimos de una Iglesia poderosa
que lo llenaba todo y dominaba bastante en la vida de los españoles, una
Iglesia que dio grandes santos, que hizo grandes cosas en la difusión del
evangelio y la educación cristiana de muchos pueblos, llenó la vida de nuestros
antepasados, que se acercó a la vida real y quedó salpicada por los pecados de
los hombres. Una Iglesia a la que muchos pertenecían con gusto, y otros no
tenían más remedio que someterse a ella con resignación. La situación queda
reflejada en la sorna de Cervantes. “Con
Esta situación de dominio
indiscutible se rompe con
El Concilio Vaticano IIº clarificó
y fortaleció las aspiraciones profundas de muchos cristianos, sacerdotes y
fieles. La transición política nos ofrecía la mejor oportunidad para sintonizar
con el programa universal de
¿Qué es lo que pasó? Con el
Concilio, vivimos una época de fuerte autocrítica, abundaron los
enfrentamientos por cosas secundarias, en muchos casos se pensaba
preferentemente en un renovación de orden externo y administrativo más que
interior y religioso, creyendo ingenuamente que se podría lograr un estatuto
definitivo de convivencia y colaboración positiva con la sociedad civil en el
marco de un ordenamiento auténticamente democrático.
A partir de
1968, 1969, llegaron corrientes teológicas que introdujeron fuertes tensiones
doctrinales y prácticas en nuestra Iglesia. Cristianos por el Socialismo,
Lectura secular del evangelio, Teología de la liberación, Somos Iglesia, etc.
Estas tendencias, de naturaleza teológica fuertemente crítica y secularizante,
se fundieron fácilmente en España con las tendencias renovadoras de naturaleza
política, los progresismos eclesiales se aliaron con los progresismos políticos
de izquierda, y se creó un confuso movimiento global de autocrítica y
revisionismo que se parecía en muchas cosas a la alianza del nacional
catolicismo aunque con signo de radicalismo izquierdista. El predominio de
estas tendencias, favorecido desde algunas instancias políticas, con la
colaboración de fuertes medios de comunicación, dificultó decisivamente el
proceso de una verdadera renovación conciliar de
Como consecuencia del revisionismo
dominante, del fascinamiento de las nuevas propuestas, de la falta de una
réplica vigorosa, convincente y atrayente, se debilitó mucho el fervor
religioso de las comunidades cristianas, y se desarrolló un movimiento
generalizado de deserciones, creció el
sector de cristianos indiferentes, alejados, seducidos por la alianza con la
cultura civil, que confundían el verdadero progreso de
3. En la actualidad.
En estos momentos las tensiones
son menores, pero aun así estamos viviendo en una Iglesia castigada por la
deserción, no precisamente la de las apostasías oficiales y públicas, que son
pocas, sino por las deserciones silenciosas,
la disminución imparable de los
creyentes practicantes, cristianos practicantes no me refiero solamente a la
práctica sacramental sino también a la extensión de la pérdida o debilitación
de la comunión eclesial en materias doctrinales y morales. Hay que ver lo que
nos dicen las estadísticas y la simple observación directa acerca del
disentimiento de los católicos, incluso
entre los llamados practicantes, que no están de acuerdo con las enseñanzas de
A la vez tenemos que reconocer que
vivimos en una Iglesia en la que los fieles están sometidos a un acoso
doctrinal, un permanente desprestigio
moral, una creciente marginación institucional. La crítica, la manipulación de
los hechos referentes a la vida de
La debilidad interior de
En resumen podemos decir que
Junto a este diagnóstico, que
puede parecer demasiado sombrío, hay que decir también que somos una Iglesia
con un gran patrimonio espiritual heredado de nuestros antepasados, una Iglesia
espiritualmente rica en personas, instituciones, experiencias. Estas riquezas
no son sólo del pasado, pues ahora mismo somos una Iglesia con muchos recursos
personales y espirituales que posiblemente no estamos teniendo suficientemente
en cuenta ni estamos movilizando adecuadamente.
En estos momentos podemos reseñar
algunos datos muy positivos y contar con importantes realidades nuevas. En
nuestra Iglesia hay muchas iniciativas para la renovación doctrinal, pastoral y
espiritual de los cristianos y de los
sacerdotes, a pesar del debilitamiento evidente de las Comunidades
religiosas tenemos instituciones y
personas muy valiosas, en el amplio mundo de los seglares hay muchas personas
que viven
En estos momentos, a pesar de la
preocupación y del esfuerzo de muchas personas, me inclino a pensar que no
contamos con una respuesta clara, bien definida, compartida y respaldada por
todos, como un buen programa de
II.
EN QUE MUNDO VIVIMOS
Al hablar de la situación de
Para nosotros nunca puede ser
indiferente la situación espiritual y cultural de la sociedad y de nuestros
conciudadanos, pues la primera exigencia que tenemos como cristianos es la de
anunciar el evangelio de Jesús a nuestro mundo, tal como es, con más o menos
dificultades, con mas o menos aceptación, pero siempre con mucho amor, sincera
lealtad y humilde perseverancia.
1. La pugna del laicismo
Desde los tiempos de
Se puede decir que el laicismo
alcanza el poder y consigue su objetivo sobreponiéndose al dominio de los
católicos, en
Esta creciente marginación de
Más recientemente, el laicismo
vuelve a resurgir en los últimos años del franquismo y en los meses de la
transición. Podríamos recordar muchos pronunciamientos, como p.e. el llamado
“Documento rojo” del PSOE sobre la enseñanza. Después de un tiempo de tensiones
y titubeos, la transición clarificada y
aceptada como una operación de CONSENSO, significa un esfuerzo de
reconciliación, con la voluntad de superar las tensiones e incomprensiones del
pasado. En la fase preconstitucional se elaboran cinco líneas de pacto o de
consenso: monarquía o república, capitalismo o socialismo, centralismo o
autonomismo, continuidad o revolución, confesionalidad o laicismo. El articulo
16 de
Con el gobierno Zapatero han
quedado cuestionados estos pactos constitucionales. Se considera que la
transición estuvo demasiado condicionada por el franquismo. Por lo que a
nosotros nos interesa, la aconfesionalidad descrita en el art. 16 se quiere
interpretar en el sentido de un laicismo excluyente que no aparece en nuestra
Constitución. Se pretende imponer el laicismo estricto como ideología dominante
y excluyente. Da la impresión de que el equipo del Gobierno actúa como si
Directamente este proyecto puede
no estar pensado contra
2. El Manifiesto Socialista: Dos
afirmaciones y un corolario.
Es conocido de todos el Manifiesto
socialista aparecido con ocasión del XXº aniversario de
1ª, Las religiones monoteístas son fundamentalistas,
fuentes de conflictos, incompatibles con la democracia.
2ª, Es preciso edificar la convivencia democrática
sobre otros principios éticos sin ninguna
referencia religiosa que sean como la base moral de la democracia. Es
competencia del Gobierno formular y
proponer a la sociedad este denominador común de los principios éticos
democráticos. Esta base moral de la democracia no puede consistir en el reconocimiento
de ninguna ley moral objetiva y vinculante, en un Estado no confesional (laico)
la moral sólo puede ser consensuada y contingente, mudable, lo moral es lo
legal.
Corolario: La nueva asignatura escolar “Educación para
Es justo
advertir que este Manifiesto que nació con la pretensión de que fuera asumido
oficialmente por el PSOE no llegó a serlo. Pero no deja de ser expresión de lo
que piensan hoy muchos de los socialistas influyentes y dirigentes.
No es fácil describir la ideología
vigente actualmente en el PSOE y en el equipo de Gobierno. Me inclino a pensar
que es un laicismo romántico y radical que históricamente se elabora a partir
del antifranquismo erigido como ideología. El contenido de esta ideología, en
sus rasgos esenciales, sería algo parecido a esto:
Si parece que este análisis es
parcial o exagerado, basta con atenerse a los hechos: Pacto del Tinell, leyes
de enseñanza, dificultades para la clase de religión, criterios sobre el aborto
y sexualidad, disolución del concepto de matrimonio, divorcio exprés y sin
razones, fecundación in vitro, clonación, manipulación de embriones, ideología
de género, negación de la moral objetiva, encumbramiento de las instituciones
políticas como fuente de moralidad, alianza con los grandes medios de
comunicación, pacto con los partidos nacionalistas y de extrema izquierda,
forma negociada de terminar con el terrorismo, exclusión del PP de la
alternancia en el poder.
3. Analizar el rechazo actual a
En
la descripción de la situación actual, por lo que se refiere a
-la resistencia popular frente a una Iglesia poderosa,
reflejado en el cervantino “con
-este sentimiento se vio reforzado durante los años del
franquismo por debajo de las apariencias;
-una vez superado el marxismo, el socialismo y las
izquierdas en general tienen que reconstruir su programa y sus señas de
identidad, y recogen como elemento suyo el liberalismo radical, del que heredan
y mantienen la crítica de
-existe también un rechazo real de
No nos dejemos engañar. Lo que hoy
está en juego no es un rechazo del integrismo o del fundamentalismo religioso,
no son unas determinadas cuestiones morales discutibles. Lo que estamos viviendo,
quizás sin darnos cuenta de ello, es un
rechazo de la religión en cuanto tal, y más en concreto de
Además de estos rasgos, tan
preocupantes, en la juventud actual hay síntomas nuevos, no menos negativos,
con relación a la fe cristiana y a la religión en general. Nuestros jóvenes son
hijos del relativismo y de la inseguridad doctrinal de los adultos. Ellos son
el resultado visible de las tendencias ocultas de la sociedad de los adultos.
En sus propios ambientes, han desarrollado una cultura individualista,
fuertemente pragmatista, no les interesan las cuestiones teóricas, quieren
dinero y bienestar, son fuertemente consumistas y narcisistas. En este marco
cultural ha crecido un desinterés radical por la religión y todas sus
manifestaciones, que no entran en el mundo de sus valores. Ante una invitación
religiosa su primera reacción es preguntar “para qué me sirve”. Se vive del
actualismo, a merced de las “apetencias”. Sin quererlo, pero sin poder evitarlo,
muchos de nuestros jóvenes están condenados al nihilismo y a la desesperanza.
Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para librarlos de estas
amenazas. No quiero olvidar los grupos juveniles que creen gozosamente en Jesús
y viven generosamente su fe en circunstancias bastante adversas, con muchas
dificultades, en sus ambientes universitarios, laborales y sociales. Contamos
con ellos y daría mi vida por ayudarles.
No hay nada que sea del todo y
solo negativo. También en estos momentos podemos encontrar rasgos y aspectos
positivos, como p.e.
-la valoración de la libertad,
-la centralidad de la persona, aunque no siempre con la
coherencia deseable,
-el fuerte sentimiento de igualdad y solidaridad,
-la saturación de bienes materiales, el deseo aunque sea
confuso de espiritualidad, de silencio y de paz.
III. ¿QUÉ PODEMOS, QUÉ TENEMOS QUE HACER?
Lo que yo pueda deciros no es
ninguna fórmula mágica. Es simplemente el resultado de mis experiencias y
reflexiones, con muchos ratos de oración, que ahora os quiero ofrecer
fraternalmente. Me gustaría poder presentaros una respuesta a estas
situaciones, elaborada desde la responsabilidad y la sensibilidad de
Es urgente que todos nos
preguntemos ¿Cómo podemos acercarnos a tantos alejados, cómo lograremos
pronunciar en nuestro mundo el nombre del Señor y anunciar su salvación? Hoy en
Navarra, sólo el 50% de los jóvenes se consideran católicos. De los que sí se
consideran solamente el 15 % acude habitualmente a
1. Descartar actitudes falsas
Tenemos
que tener en cuenta que una respuesta cristiana excluye una serie de actitudes
que no son compatibles con la fe en Cristo ni en la bondad de Dios.
-Debemos prescindir de sentimientos negativos, como el
miedo, la nostalgia, el abandonismo, el sometimiento, la incompatibilidad.
Estas actitudes no son compatibles con una postura de fe y fidelidad. Hemos de
asumir las responsabilidades y las exigencias de una verdadera convivencia, con
dos exigencias básicas, la fidelidad y la evangelización.
-No hay que pretender cambios repentinos o novedades
milagrosas, repentinas, gratificantes.
-Ni vale tampoco traspasar las responsabilidades a los
demás. Así, de uno en uno, vamos echando la responsabilidad afuera y no
comenzamos nunca a cambiar nada.
-Debemos asumir nuestra propia responsabilidad. Junto con
la acción permanente del Señor, somos protagonistas, porque El lo ha querido
así. No haremos nada sin El, pero El quiere actuar con nosotros.
2. Clarificar y organizar nuestros
objetivos.
Debemos reconocer que tenemos un
gran patrimonio espiritual, en nuestra Iglesia, sin hacer ruido, hay muchas
personas que aman al Señor y están dispuestas a trabajar, contamos con una gran
historia y una gran realidad actual que a veces no valoramos, y sobre todo
podemos y debemos contar con la ayuda del Señor, de
Lo primero que se impone es contar con
lo que tenemos, movilizar a los que somos, concienciarnos, animarnos, ser más
coherentes, dar ejemplo de fidelidad, de satisfacción, de eficacia. Vivir con
alegría y santidad, hasta que digan “Mirad cómo viven, en la familia, en la
profesión, en su vida personal y su relación con los demás, que alegría tienen,
qué coherentes son, qué buena gente”.
Pero hemos de aprender a actuar
con orden y disciplina. Tenemos que centrar nuestros esfuerzos en unos objetivos
especialmente estratégicos:
Primero. COMENZAR
POR NOSOTROS MISMOS, POR
El primer objetivo es reconstruir
nuestra fe y nuestra vida personal. Si fallan los cimientos de una casa, para
arreglarla no basta con pintar las
habitaciones o modernizar la instalación eléctrica. (Organizaciones, métodos,
técnicas, modernidad de superficie.). La fortaleza de
Ø
Hay que fortalecer la fe de los
cristianos, clarificando los contenidos y sobre todo fortaleciendo las
adhesiones, hasta que la fe llegue a ser principio determinante de la vida
entera de los creyentes. Hay muchos que se creen cristianos, pero no viven la
verdad de su bautismo. Hay muchas formas de vivir la propia fe que han podido
ser suficientes en cierta manera, pero que ahora resultan insuficientes, para
la vida personal y más todavía para influir en el ambiente y en las personas.
Ø
Hace falta también clarificar los
contenidos de la fe y modernizar sus expresiones, en comunión con
Ø
Y sobre todo es imprescindible
adecuar los comportamientos, practicar, actuar, militar. Los adultos no vivimos
así, y tampoco educamos así a los jóvenes. Hay demasiadas incertidumbres,
demasiados silencios, demasiadas condescendencias, demasiados personalismos y desobediencias.
Ø
Necesitamos evolucionar hacia unas
comunidades cristianas que lo sean de verdad, considerando la comunión eclesial
espiritual y la asistencia a la eucaristía dominical como elementos
determinantes, que dan realidad interior y hacen visible la comunidad
cristiana. Los que conscientemente disienten de las enseñanzas auténticas de
Segundo. DESDE EL
PUNTO DE VISTA PASTORAL tenemos que tomar bastante más en serio la recomendación del Concilio
de volver a las fuentes, teniendo en cuenta que las fuentes de nuestra fe, en
lo referente a contenidos son, ante todo,
- el reconocimiento de la existencia y la providencia de
Dios;
- la fe en Jesucristo, como Hijo de Dios, testigo de su
amor y de su providencia misericordiosa, salvador único y necesario de la
humanidad,
- la fe en la vida eterna
- los mandamientos del amor de Dios
- los mandamientos del amor de Dios y del amor fraterno como resumen y superación
de la ley natural
- junto con estos contenidos es preciso reconocer el valor
central de
Todo ello
tiene que informar y enriquecer las prácticas fundamentales y los objetivos
principales de la pastoral y de la atención a la comunidad cristiana y
católica, como son
Ø
La iniciación cristiana, formada
por la recepción de los sacramentos preparada con una catequesis adecuada con
la colaboración de los padres y de la comunidad cristiana. Actualmente no
pedimos a los padres de los bautizados suficientes garantías de la educación
cristiana de sus hijos. Con demasiada frecuencia celebramos el bautismo en
falso. No hay que caer en el rigorismo,
pero tampoco en el laxismo. En algunos sitios comenzamos a exigir a los padres alguna catequesis
preparatoria. No podemos aceptar como normal la actual situación de tantos
bautizados que viven realmente en
Ø
La atención y dignificación del
matrimonio cristiano y de la familia. Vivimos en un mundo en el que el
verdadero matrimonio ya no existe más que en
Ø
Y por fin el ejercicio de la
caridad social.
Tercero. COMO HACERNOS
PRESENTES EN
En primer lugar tendremos que
reivindicar el derecho a presentarnos y actuar
de acuerdo con la fe. No podemos renunciar a hacerlo. No podemos aceptar la
pretendida separación e incomunicación entre vida privada y vida pública. Es
una distinción inadecuada, confusa, engañosa.
1. En el orden estricto de las
convicciones religiosas y morales
No podemos olvidar que la primera
obligación de
Hemos de comenzar por preguntarnos
qué es evangelizar. La humanidad y a veces también los cristianos tenemos que
redescubrir la importancia de Dios y de la religión en la visión del mundo y en
las fuentes de la libertad y del propio comportamiento. El lema es AYUDAR A
CREER EN DIOS Y EN JESUCRISTO. El que cree se salva, el que no cree se pierde.
Esta es una palabra del Señor que no podemos silenciar. Seguramente tendremos
que explicarla pero no podemos ocultarla como si ya no fuera posible aceptarla
ni tenerla en cuenta.
No podemos desconocer que en
nuestra cultura y en la mente de las generaciones jóvenes no están claras una
serie de convicciones teóricas y morales sin las cuales es muy difícil llegar a
la percepción y aceptación del mensaje cristiano en su integridad. Me refiero a
la idea de libertad, la responsabilidad
de la propia existencia y de la existencia de los demás, el reconocimiento de
la realidad como referencia prioritaria y constituyente, la condición de
inmortalidad y la vocación para la vida eterna, la necesidad de una referencia
a un Dios vivo y trascendente como indispensable para la auténtica y plena
existencia personal, etc.
Ya Juan
Pablo II, decía que la nueva evangelización necesitaría un nuevo estilo.
Podemos decir ahora que necesitamos seguir el ESTILO BENEDICTO XVI. Es decir un
estilo respetuoso, sereno, humilde, servicial, positivo, persuasivo,
convincente, fundado en el amor más que en el temor, presentando siempre el
evangelio como una acción salvadora que viene de Dios para todos. Benedicto XVI
decía en Verona “Quiero poner de relieve cómo de nuestro testimonio tiene que
brotar el gran “sí” que en Jesucristo dijo Dios al hombre y a su vida, al amor
humano, a nuestra libertad y a nuestra inteligencia, y por tanto cómo la fe en
Dios trae la alegría al mundo. El cristianismo está abierto a todo lo que hay
de justo, verdadero y puro en las culturas y en las civilizaciones, a lo que
alegra, consuela y fortalece nuestra existencia” (19 de octubre de 2006). Es
preciso revisar muchos procedimientos y muchas actitudes para que la
presentación del evangelio de Jesús sea percibido y pueda ser acogido como un
mensaje positivo, un mensaje de verdadera salvación, una buena noticia que se
recibe con gratitud y alegría porque proviene de un Dios que nos quiere de
verdad, un Dios amigo del hombre y de la vida.
2. En el orden del servicio a la
sociedad temporal
En relación con la vida social de los hombres,
3. En el campo de las
instituciones y actividades políticas.
Antes de entrar en este punto es
preciso recordar una distinción fundamental, presente en
En cambio, los fieles cristianos,
como ciudadanos de pleno derecho que son, pueden y deben intervenir en
cuestiones políticas, bajo su propia responsabilidad, sin comprometer a
Teniendo esto en cuenta, tenemos
que reaccionar contra el repliegue y la retirada de los cristianos de la vida
social y política. No somos un partido, pero no podemos desentendernos de las
realidades políticas, ni podemos intervenir en ellas de manera vergonzante, sin
tener en cuenta y sin manifestar la iluminación de la fe y las aspiraciones de
la caridad. He aquí unos cuantos objetivos comunes de los cristianos en el
ejercicio de las responsabilidades políticas.
4. Defender la dimensión moral de
la política.
Se dice con frecuencia que en
política no cabe el reconocimiento de
normas morales objetivas y vinculantes. Eso no es aceptable para un cristiano.
Las actuaciones políticas son acciones humanas y cada uno tiene que actuar
según su recta conciencia. La política no puede estar exenta del respeto a la
ley natural que los hombres conocemos por el ejercicio de la razón, por el
dictamen de la conciencia, por la experiencia histórica de cada cultura y de
cada pueblo. Al decir esto no pretendemos imponer los elementos morales
específicos del cristianismo, no queremos volver a un Estado confesional. La
doctrina católica no está a favor de un Estado confesional, pero sí de un
Estado moral, un Estado y unas instituciones políticas que tengan en cuenta las
exigencias morales de la ley moral, tal como en cada sociedad es conocida y
aceptada, como referencia moral anterior y superior a cualquier actividad y a
cualquier decisión humana. La política no puede ser considerada como una
actividad humana superior y anterior a las dimensiones morales de la mente y de
la libertad del hombre. Cuando el hombre intenta organizarse políticamente, ya
es un ser moral, ya tiene su conciencia moral en ejercicio.
Esta doctrina requiere que las
actuaciones políticas de gobernantes y gobernados, al elaborar los programas
políticos y ejercer las actividades legislativas y judiciales, tengan en cuenta
y respeten los postulados de la ley moral socialmente vigente, valorando las dimensiones morales de los
programas, de las actuaciones de los políticos, del voto. Los cristianos, por
encima de las diferencias opinables en sus diferentes preferencias políticas,
al valorar los programas de los diferentes partidos, al examinar las
circunstancias y necesidades de cada momento, al intervenir y actuar como
militantes dentro de los partidos, deben mantener y hacer valer la inspiración
cristiana de sus objetivos políticos,. Somos nosotros los últimos responsables
de la marcha de la sociedad. Tenemos que aprender a defendernos de los adoctrinamientos
de los medios, debemos intentar conocer y juzgar la realidad sin
intermediarios, intentando analizarla y ponderarla por nosotros mismos, según
nuestras convicciones morales, en relación con otras personas y ayudados por
instrumentos dignos de confianza, no sólo desde el punto de vista práctico sino
también desde el punto de vista cristiano y moral.
5. Defensa del bien común y de la
libertad religiosa.
La justificación moral de la
política proviene del servicio al bien común. Sólo el servicio al bien común,
de acuerdo con la naturaleza del hombre y las exigencias de la justicia,
justifican la existencia y el ejercicio de la autoridad de unos hombres sobre
otros. Esta es la naturaleza y el servicio de la autoridad, también de la
autoridad política. Quiere esto decir
que el ejercicio de la autoridad es moralmente justo cuando está ordenado al
bien común, y resulta injusto cuando se aparta de la ley natural o se orienta
al bien particular de un grupo determinado con exclusión de los demás. Los cristianos
tenemos que favorecer una política que esté de verdad al servicio del común. La
partitocracia, la lucha excluyente y destructiva entre partidos son situaciones
contrarias al bien común. Estos defectos pueden producir una verdadera
degeneración moral de la política. La visión religiosa de la vida ayuda a
precisar los contenidos de la justicia, y proporciona la rectitud y la
fortaleza para promoverla y respetarla en las situaciones concretas. Sin la
ayuda de la fe y de la gracia de Dios la justicia resulta más difícil de
conocer y de cumplir, la corrupción es difícilmente evitable.
Dentro del bien común, los
cristianos debemos defender el pleno respeto a la libertad religiosa como parte
esencial e importante del bien común. El
servicio al bien común requiere el apoyo
positivo del gobierno para que los ciudadanos puedan practicar la religión que
ellos quieran desde el ejercicio de su libertad y como resultado de una
búsqueda honesta y razonable de la verdad. Nuestra Constitución reconoce
plenamente la libertad religiosa de los ciudadanos y acepta el apoyo explícito
del Estado a las instituciones religiosas en favor del ejercicio de la libertad
religiosa de los ciudadanos. Muchos se extrañan de ello y no faltan quienes
rechazan como opuesto a la verdadera democracia y a la laicidad del Estado este
apoyo constitucionalmente reconocido de la administración pública a la libertad
religiosa de los ciudadanos y a las Iglesias y las instituciones que la
protegen, favorecen y sirven. En una mentalidad verdaderamente laica, no
beligerante en materia de religión, no se ve qué dificultad puede haber en ello.
Si se ayuda a los ciudadanos para que tengan un gimnasio o puedan visitar un
museo, ¿por qué no se les va a ayudar desde las instituciones públicas al
servicio del bien común de todos, para que tengan también un templo que les
permita practicar su religión?
6. Los límites de la acción
política.
La visión cristiana de la vida
social nos lleva también a no aceptar el desmesuramiento de la política y de la
autoridad de los políticos en la vida cultural, espiritual y moral de la vida
de las personas, de las familias y de la sociedad. Cuanto más disminuye la
confianza en la religión más tiende la política y los políticos a erigirse como
protectores y directores de la totalidad de nuestra vida. La autoridad política
no tiene la misión de ser origen y rectora de las convicciones personales de
los ciudadanos, ni en lo cultural ni en lo moral. Somos los ciudadanos quienes
construimos las instituciones y elegimos a nuestros representantes desde
nuestras propias convicciones personales y de acuerdo con ellas. La persona es
anterior a cualquier institución política.
Las convicciones espirituales, culturales y morales las elabora la
propia persona con la ayuda de otras personas y de otras instituciones, en la
familia, en la escuela y la universidad, con medios adecuados, en un clima de
comunicación abierta y diálogo permanente.
7. El ejercicio del voto.
Hay dos actuaciones especialmente
importantes de las que es preciso decir una palabra: el ejercicio del voto y la
militancia en los partidos incluida la posibilidad del ejercicio de la
autoridad. La primera nos afecta a todos. La segunda es voluntaria y afecta a
unos pocos.
En el ejercicio del voto lo que
Los cristianos no debemos someter
la vida de
8. Intervención de los católicos
en los partidos no confesionales.
El otro tema importante anunciado
es la participación de los católicos en los partidos políticos no
confesionales. Hoy en España hay algunos partidos políticos que quieren ser
fieles a la doctrina social de
-
-
Es
legítimo a los católicos participar en partidos no confesionales, colaborando
con no católicos, siempre que se reconozca la validez de la ley moral natural
como norma moral para el tratamiento de todos los temas políticos.
-
Los
partidos laicos, para que los católicos puedan participar en ellos, deben
también reconocer y respetar la libertad de conciencia de los católicos para
manifestar sus puntos de vista confesionales como fundados en la recta razón, y
se admita la objeción de conciencia en todos aquellos temas que les parezcan
contrarios a la moral natural o a la moral católica, tanto en las decisiones
partidistas, como en las votaciones de los diputados y las decisiones de
gobierno.
- Los católicos no deben
intervenir en aquellos partidos que expresamente nieguen la existencia de una
ley moral objetiva que se debe respetar en la vida política o se manifiesten
contrarios a la libertad religiosa de los ciudadanos en general, de los católicos, o de
En una sociedad tan abierta y
compleja como la nuestra, con tantas diferencias, es necesario que los católicos no queramos
someter a
Por eso mismo los pastores, obispos y
sacerdotes, tenemos que abstenernos de
opinar y actuar en todo aquello que sea políticamente discutible y no tenga claras
y graves implicaciones morales obligatorias para todos. También hemos de saber
aceptar con normalidad las restricciones políticas que puede llevar consigo la
comunión católica, es decir la no posibilidad de apoyar a un partido que
propugna elementos claramente inmorales, como pueden ser la legitimación de la
violencia, la extensión de la permisividad moral, la legitimación del aborto,
de la eutanasia, o la disolución del matrimonio y de la familia.
CONCLUSIÓN
ESPERANZADA
Quiero terminar con un mensaje de
esperanza, aun a sabiendas de que la esperanza cristiana no es lo mismo que el optimismo. La esperanza
produce optimismo, pero no todos los optimismos son fruto de una verdadera
esperanza. La esperanza es el deseo firme de algo difícil, consciente,
responsable, efectivo, un deseo que vemos como posible porque confiamos en la
propia capacidad o en la ayuda de otro digno de confianza. Los cristianos
podemos contar con la ayuda del señor y de su Espíritu, sabemos que El está con
nosotros hasta el fin de los tiempos, sabemos que Dios escribe derecho con
líneas torcidas. El nos ama y saca bienes de los males, de nuestros propios
errores y pecados.
Tenemos que aprender a considerar
las dificultades de estos momentos como una oportunidad de purificación, de
fortalecimiento espiritual y apostólico de nuestra Iglesia, como una llamada de
Dios a la conversión personal, una fuerte invitación a volver a las raíces de
nuestra fe y de nuestra vida, a vivir con mayor desprendimiento y con una
valoración más grande de nuestra fe y de los dones de Dios que tenemos que
vivir y que debemos también ofrecer a los demás, saliendo de nuestra comodidad,
de nuestra apatía y de nuestros miedos e
inseguridades.
Vamos hacia una Iglesia
posiblemente menos numerosa, menos fuerte sociológicamente, pero más claramente
cristiana, con perfiles más definidos, con una vida más santa y coherente, con
más fuerza testimoniante, más interpelante y convincente. Y para eso tiene que
llegar a presentarse más claramente arraigada en Cristo y movida por su
Espíritu, más purificada, más unida, más
diferenciada de la vida mundana, más apoyada en la calidad de las personas y en
el ejemplo de las familias que en los recursos institucionales.
Vivimos tiempos de prueba, hagamos
que con la ayuda de Dios se conviertan en tiempos de renovación, tiempos de
evangelización, tiempos de regeneración moral de la sociedad, tiempos de
convivencia de paz y prosperidad. Seamos fermento de paz y de confianza. En el
nombre y con la ayuda del Señor.
León, 17 de marzo de 2007.