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Cuerpo Santo
La fiesta del Cuerpo Santo de Cristo es una fiesta llena de misterios. La
gente sencilla lo sabe desde siempre y ha vivido la fiesta del Corpus,
como normalmente decimos, con una especial devoción y reverencia. A veces,
los que ven el cristianismo desde fuera y con un poco de resentimiento nos
dicen que la fe cristiana desprecia el cuerpo, menosprecia la grandeza de
lo corporal, o tiene miedo a la belleza y a las maravillas del cuerpo
humano.
Pero en este día, los cristianos
vivimos una verdadera exaltación del Cuerpo, no de cualquier manera, sino
del Cuerpo de Cristo como signo y expresión de su bondad, de su amor, de
su fuerza redentora y santificadora. Para nosotros, el cuerpo es signo,
expresión e instrumento de vida. Lo bueno o lo malo no viene del cuerpo
sino de lo que se expresa o se vive corporalmente desde dentro de nuestro
corazón. “No es lo que entra por la boda, sino lo que sale del corazón, lo
que mancha al hombre”. Y lo que sale del corazón es también lo que honra y
embellece nuestro cuerpo. La cultura de nuestro tiempo se queda demasiado
en las apariencias, no valora el espíritu que hay detrás de un gesto, de
una sonrisa o de una mirada inteligente y bondadosa.
El Cuerpo de Cristo entregado por
nosotros es la expresión definitiva del amor más grande que puede haber en
el mundo. Cristo nos entregó su cuerpo aceptando serenamente la muerte en
la cruz para quebrar de una vez para siempre la fuerza del mal en el
mundo. Y nos lo volvió a entregar en el Cenáculo, al instituir el
sacramento de la Eucaristía diciendo “Haced esto en memoria mía”. Entonces
fundó esencialmente la Iglesia. Y con ello nos permitió tener en las manos
y en el corazón su cuerpo entregado, su cuerpo semilla y manantial de amor
verdadero, de amor inagotable, de amor vivificante capaz de regenerar el
mundo.
Una manera muy provechosa de
celebrar este año la fiesta del Corpus puede ser decidirnos a leer en unos
cuantos días la Exhortación Apostólica “Sacramento de Caridad”, dedicada a
la Eucaristía. Es un texto precioso que nos ayudará a descubrir mejor las
grandezas de este sacramento y del conjunto de nuestra vida cristiana. Lo
podéis encontrar en cualquier librería religiosa. Veréis como es un tiempo
muy bien empleado para la calidad y el gozo de vuestra vida espiritual y
personal.
+ Fernando Sebastián Aguilar,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela |