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Fiesta de San Fermín 2007
Los días de fiesta son días de alegría, de
comunicación y de convivencia. De manera singular han sido siempre días de
alegría estas fiestas nuestras de san Fermín. Sin embargo, este año,
nuestra alegría está herida por el dolor del agravio a la persona de Nuestro Señor
Jesucristo que la pancarta de una de las peñas va paseando impíamente por
las calles de Pamplona.
No nos consuelan las excusas porque las
obras desmienten las palabras. Ni vale tampoco como justificación de esta
caricatura irreverente esas afirmaciones que se me atribuyen y que yo ya
desmentí y expliqué en su momento. No quiero hacer cuestión de las
alusiones a mi persona. Solamente digo, en atención al derecho de
información que tenéis como miembros de la Iglesia de Navarra, que yo no
quiero enseñar ni recomendar nada que no esté estrictamente conforme con
el Magisterio del Vaticano II y del Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro.
Lo que nos duele, lo que nos parece
gravemente ofensivo es la caricatura que ofende directamente a la persona
de Jesucristo precisamente en su imagen de Crucificado, cuando estaba
ofreciendo su vida por la reconciliación de todos los hombres con Dios y
entre sí, con la fuerza del amor y del perdón. Ante un hecho como éste no
valen las excusas ni las polémicas. No se puede honrar a San Fermín
agraviando a Jesucristo. Ni se puede exaltar la tolerancia y la
solidaridad ofendiendo los sentimientos más íntimos y sagrados de miles de
conciudadanos. Así no se hace patria ni se consolida la convivencia ni se
multiplica la alegría.
No vamos a responder a la ofensa con otras
ofensas. Es el momento de dominar nuestros sentimientos para reaccionar
con un talante verdaderamente cristiano. Es el momento de vencer el mal
con el bien, de responder a los insultos con la serenidad y la grandeza
del perdón. Jesús fue anunciado por los Profetas como el Justo perseguido
y humillado. Estas profecías se cumplieron durante su vida terrestre y por
desgracia siguen siendo verdaderas a lo largo de la historia, también en
nuestros tiempos, también en nuestra Navarra.
Pero no debemos quedarnos en estos
sentimientos de amargura. Podemos decir que estos acontecimientos entran
en el guión y fueron previstos por el Señor en el momento de su despedida.
“Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis
tribulación. Pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). Los
discípulos no podemos esperar mejores tratos que el Maestro. Nuestro
patrono San Fermín siguió de cerca las huellas del Maestro hasta el
martirio.
Para estos momentos nos dejó dicho el
Señor, Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán
misericordia. Bienaventurados los que buscan la paz porque serán llamados
hijos de Dios. Bienaventurados seréis cuando hablen mal de vosotros con
mentira por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestros nombres
estarán escritos en el Libro de la vida. Perdonad y seréis perdonados. Sed
misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. Así seréis luz del
mundo y sal de la tierra.
Sean fruto de la impiedad o de la simple
ligereza, las ofensas no oscurecen el esplendor de la figura de Cristo. El
verdadero mal de estos hechos consiste en el deterioro espiritual de
quienes le niegan el respeto y el honor que se merece. Jesús es Verdad y
es Vida, Él es el verdadero Camino de la humanidad, Él es la única
Esperanza definitiva para nuestra salvación. Esta fe ha sido el fundamento
de la grandeza moral de nuestros padres. Apartarse de ella será fuente de
muchos errores y de muchos sufrimientos.
Por eso hoy nuestra Eucaristía, además de
ser una celebración en memoria de Jesucristo, Salvador de todos los
hombres, es también una celebración de penitencia, de perdón y de
intercesión, para que la fe en Jesucristo renazca vigorosamente en el
corazón de todos los pamploneses. Pedimos también que si ahora no podemos
vivir el gozo de una verdadera fraternidad en la fe cristiana, podamos al
menos vivir la tranquilidad de una convivencia sincera y verdadera
fundamentada en el respeto a las personas y a las instituciones por encima
de las inevitables diferencias. Que nuestro Padre Dios, con la intercesión
de San Fermín, nos conceda la alegría de la paz y de convivencia, fruto a
la vez de la verdadera religiosidad y de la auténtica cultura.
+ Fernando Sebastián Aguilar,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela |