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Familia
cristiana ¡sé lo que eres!
en euskera
Me dirijo a todas las familias
de la Diócesis de Pamplona-Tudela para alentar y animar vuestra vocación
que nadie puede sustituir. Estamos en unos momentos muy importantes en
la sociedad, que requieren una reflexión especial. La familia es lo más
grande y más sagrado que existe en la humanidad, en todas las épocas y
en todos los tiempos. Por eso la hemos de defender desde todas las
instancias sociales y religiosas. Un cuerpo no tendría mucho futuro si
sus células estuvieran desintegradas; lo mismo sucede en la sociedad si
la familia está desintegrada y dispersa. La solución a este gran
problema conviene atajarlo cuanto antes, pues el tiempo corre en contra
de nosotros.
La Navidad nos pone las claves
fundamentales que ayudan a comprender la grandeza de la familia. Basta
mirar a José, María y Jesús que vivieron en una actitud de respeto y
amor. Cultivar en la familia la unidad y la ayuda mutua recrea la fuerza
del gozo y de la felicidad. Además, hay un factor importante que es el
de revitalizar el sentido del sacrificio. No hay un amor auténtico si no
se hace oblativo por quien se ama, es decir, si no está dispuesto a
sacrificarse por la persona amada. Tal vez se ha perdido este espíritu
porque lo que cuesta y lo que supone esfuerzo no se tiene en
consideración. Se buscan ‘nuevas sensaciones’ aunque estén llenas de
veneno antimoral o vayan contra toda ética.
Conviene que la familia se
despierte y tome las riendas de lo que es en sí misma. Me cuesta creer
que no hay solución ante tantas dificultades. La familia ha de
afianzarse en el gozo de ser coherentes con su fe y las familias
cristianas tienen la responsabilidad de manifestar que esta forma de
vida es posible. Será un bien que ayudará, y no tardando mucho, a la
sociedad. Los reclamos de una vida vacía y sin sentido lo único que
pueden producir y a corto plazo es una debacle existencial que provocará
en la sociedad un desastre incalculable.
Ruego al Niño-Dios que haga
crecer en nosotros los mismos sentimientos que se vivieron en Belén: la
paz y el amor. Felicito a aquellos que luchan por una familia
ennoblecida por las virtudes y valores que nunca pasan, por las familias
que buscan juntos caminos de madurez y entrega mutua, por una familia
que apuesta por un futuro mejor, por una sociedad más audaz en sus
planteamientos y que solo pretende llevar la sana experiencia de una
armonía que está implícita en la misma naturaleza. ¡Feliz Navidad a
todas las familias!
Invitación a la Jornada del 30 de
diciembre de 2007

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