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Mensaje de Navidad
del Arzobispo
Queridos diocesanos:
La Navidad es un momento de profunda
contemplación al Niño-Dios que nace en Belén. Para contemplar a Dios se
requiere tener actitud de adoración. No hay realidad humana que se pueda
sustentar si no se vive la humildad que solo se adquiere en esa
ejercitación de la adoración a Dios, porque sólo a Él hemos de dar culto
y alabar. Los ídolos del materialismo, del hedonismo y del erotismo
provocan únicamente malestar espiritual y falta de dignidad humana a
quien los adora. Estamos llamados a algo más alto y digno de aquello que
nos ofrecen esas realidades que llevan por el camino de la corrupción de
las costumbres y de la armonía de la vida.
Me uno a todas las
familias navarras que celebran este tiempo, que nos evoca la paz y el
amor, propiciado por la ternura de un Niño-Dios que nació en Belén y que
hace posible vivirlo en alegría y gozo. Me uno a todos los que sufren
por razones físicas o morales, para que encuentren alivio en estos días
de gloria y alabanza al Enmanuel, al Dios con nosotros. Ruego y pido por
aquellos que se encuentran en la oscuridad de la fe, para que la
Estrella de Belén les conduzca por los caminos de la paz y el amor. En
el corazón de mi oración, ante el Belén, os tengo presente a todos.
¡Feliz Navidad y próspero
Año 2008!
Vuestro Arzobispo.
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