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Un año más
queremos resaltar la importancia de la Infancia Misionera. Para ello
hemos pensado hacer realidad aquello de “manos a la obra”. No podemos
pararnos. Es necesario remangarse y ponernos a trabajar con los niños y
para los niños. Dentro de poco les tocará construir un mundo más en
consonancia con los valores del Evangelio. Para eso conviene trabajar
desde estos momentos sin miedos y con valentía. Hemos de presentarles
con ilusión y realismo todo lo que han de aprender para formarse como
hombres y mujeres del futuro. La confusión que hoy se cierne en la
sociedad y que se ha ido fraguando con el paso del tiempo, hemos de
desenmascararla sin titubeos y con firmeza. La causa de la misma hunde
sus raíces en el relativismo. ¡Cuánto daño se puede hacer, y de hecho se
está haciendo, a los que llevarán sobre sus hombros los destinos de la
sociedad dentro de pocos años! Por ello conviene movilizarse y preparar
con audacia a los niños que, como planta tierna, reciben todo y lo
asumen con sencillez y asombro.
No todo es
válido, como enseñan las filosofías relativistas, ni todo es bueno,
como enseñan los maestros del “vacío existencial”. Una sociedad que no
se forme en el principio moral de “aceptar el bien y rechazar el mal” se
convierte en enemiga de sí misma. La niñez es como una esponja que
absorbe todo lo que se le pone por delante, y marca para toda la vida.
Tanto lo bueno como lo malo puede convertirse o en una vida sana, con
actitudes moralmente bien orientadas, o en una bomba de relojería que el
día menos pensado explota con formas de actuar que contradicen la
dignidad humana. Libertad no es “hacer lo que a uno le apetece”; es algo
sagrado que ayuda a crecer a la persona en un estilo de vida auténtico y
que tiene como norma “hacer el bien y buscar lo bueno”.
Para ello, los
medios de comunicación social, que son el “púlpito” desde donde se debe
enseñar a vivir y orientar la vida en la verdad, deben echar una mano.
Desgraciadamente son frecuentes las veces que nos hallamos ante
informaciones o programas interesados que contradicen y amenazan a la
persona con modos de vida rastreros; son la “basura” que nada tiene que
ver con la identidad de la naturaleza humana, llamada a la armonía y a
la belleza. En este campo hay que ponerse “manos a la obra”. Y son las
familias, apoyadas por las parroquias, el colegio y los diversos ámbitos
de Iglesia, quienes deben llegar a los niños para presentarles el
seguimiento de Jesús como lo más hermoso que hay en la vida. Quien va
tras las huellas de Cristo hace de su vida un camino. Los diez
mandamientos son el mejor programa de vida cristiana, más aún, de
experiencia humana. Tanto los tres primeros, que hacen referencia a
Dios, como los siete restantes, que hacen referencia al prójimo, nos
muestran el modo de hacer el bien y rechazar el mal.
Desde las Obras
Misionales Pontificias deseamos que la Infancia Misionera sea un
aliciente para todos los niños españoles y que, con su ejemplo, sean
muchos los que se sumen a esta forma nueva de vida que será una alegría
para el futuro. Cuando tenía once años, al ver cómo vivían otros niños,
quedé impresionado. Aprendí a rezar con ellos y sentía un gran gozo
dentro de mí. Pero lo que me dejaba atónito era el testimonio de los
santos; mucho me ayudaron San Francisco Javier, San Francisco de Asís,
San Pío X… Y todos venían a decirme lo mismo: hay que hacerse amigos de
Jesús. Así comencé una aventura nueva que aún dura después de tanto
tiempo. Conviene volver a presentar –con viñetas– la vida de los santos
para que los niños descubran la grandeza de aquellos que supieron amar a
Dios y entregarse a los demás.
Desde Obras
Misionales Pontificias se está preparando todo un material catequético,
muy bueno, para niños. Invito a las parroquias, escuelas, colegios y
familias a utilizarlo con ellos, ya que ellos son los que más necesitan
orientaciones claras y firmes. Pongámonos todos “manos a la obra” para
proclamar clara y gozosamente que ser cristiano hoy es la aventura más
hermosa que vivirse pueda. Es este un momento importante para ayudar a
comprender lo que significa la infancia en la Iglesia. Desde Infancia
Misionera queremos mostrar el rostro amable de los niños que son los
“pequeños misioneros” y que han de llevar a los demás el mensaje de
Jesús.
Además Infancia
Misionera se compromete a ayudar a otros niños que están faltos de amor.
Se solidariza con ellos para que puedan tener un hospital o una escuela
o una capilla o un ambiente más digno. Los niños con toda facilidad se
ponen “manos a la obra” compartiendo sus ahorros para la consecución de
dichos fines. No les cuesta, e incluso piden a los mayores que les
ayudemos. España es una de las naciones más generosas. Hagamos de esta
Jornada de la Infancia Misionera un espacio de verdadera formación para
nuestros niños a fin de que, siendo amigos de Jesús, se pongan “manos a
la obra” y miren a otros que, como ellos, son también hijos de Dios y
merecen lo mejor de nosotros.
Mons. Francisco Pérez González,
Arzobispo de
Pamplona y Obispo de Tudela
Director Nacional de Obras
Misionales Pontificias

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