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HOMILÍA CON MOTIVO DE LA PRIMERA JAVIERADA
Javier, 2 de marzo de 2008
Hoy comenzamos las
Javieradas. Muchos peregrinos desde el jueves han realizado la
peregrinación. Es digno de elogio y de admiración. No sólo os doy las
gracias sino que os animo para que este camino recorrido sea una
metáfora viva del camino al que estamos llamados durante la Cuaresma
para llegar a la conversión de la Pascua; sois expresión de una Iglesia
viva y manifestación de un Pueblo de Dios que está en marcha y quiere
vivir unido. Nunca tengáis miedo de pertenecer a este Pueblo que es la
Iglesia. En ella encontramos el mejor tesoro que es Jesucristo al que
amamos, adoramos y servimos en nuestros hermanos.
Habéis venido de
toda España: Madrid, Aragón, Andalucía, Cataluña, Castilla y León,
Vascongadas, Extremadura, Castilla La Mancha, Levante-Valencia… y
Navarra (desde la Montaña a la Ribera y desde Tierra Estella a Tierra de
Sangüesa). Os saludo a todos y os doy un abrazo de paz. Vuestros rostros
muestran la alegría, en medio del cansancio, de haber llegado hasta
Javier. Pero ¿quién era Francisco de Javier?. San Francisco de Javier
era un intrépido joven que supo orientar su vida en la entrega a Dios
llevando su evangelio a los que no conocían a Jesucristo. El supo tomar
la Luz que es Cristo y llevarla hasta el extremo Oriente. De él todos
podemos aprender cinco claves fundamentales para ser misioneros en
nuestros ambientes:
Ponía la
confianza en Jesucristo y en su Palabra. Creo que los
cristianos europeos nos debemos marcar un ritmo más esperanzado. Hemos
puesto la mirada en lo puramente material y esto provoca, a la larga,
‘hastío de vivir’. Un cristiano que no confía en Dios y no tiene la
amistad con él, por tanto, es un creyente que ha caducado, su esencia
cristiana se ha desvanecido. Hemos de aprender, de Francisco de
Javier, a ‘ponernos en manos de Cristo y su Palabra’.
Amaba sin
excluir a nadie. El patrono de las misiones se ganó a los
hombres y mujeres del Continente Asiático por su entrega generosa y
por su amor desinteresado sin poner límites y sin acepción de
personas. También nosotros hemos de vivir con este espíritu a la hora
de servir a los demás y sin dejarnos llevar por la exclusión: todos
los humanos son candidatos a la santidad. Por eso hemos de orar con
mayor intensidad puesto que ser “testigos de Cristo” nos hace ser más
responsables ante la sociedad. Los momentos difíciles se vencen con el
amor y solo con el amor; el amor vence siempre.
Bebía en
las fuentes de los Sacramentos. No se puede mantener la fe si
no se va a las fuentes que la alimentan y su fuente está en los
Sacramentos. San Francisco de Javier ofrecía la vida en Cristo y se
identificaba profundamente en la Eucaristía, el mejor alimento, y
bautizaba incansablemente porque proponía a Cristo de forma
convincente y nunca lo imponía. Los cristianos tenemos que proponer y
arriesgar para presentar a Cristo a aquellos que no lo conocen e
invitar a vivir la gracia del amor que sólo procede de los Sacramentos
del Perdón y de la Eucaristía que alimentan la vida de fe, nos hacen
más testigos de la esperanza y nos enardecen en la caridad. Un
creyente que no participe habitualmente en los Sacramentos es como un
hermoso árbol pero seco, no puede avanzar en la madurez espiritual y
poco a poco se debilita y pierde su frescura..
Amaba a la
Iglesia con generosidad. No la miraba con desconfianza sino
como un fiel hijo de ella. Tal vez los cristianos hemos de ser
valientes para mostrar la grandeza de nuestra Madre la Iglesia pues
ella nos cuida y alimenta porque tiene la misión, encomendada por
Cristo, para llevarnos en su seno y nutrirnos de su amor.
Defendía a
los pobres y desvalidos promoviendo la justicia. Muchas veces,
Francisco de Javier, tuvo que sufrir la persecución por defender la
justicia. La justicia y la caridad van muy unidas, viven juntas y si
queremos construir un mundo mejor no hemos de cerrar las puertas a
estas dos virtudes que se funden entre sí. Los creyentes no podemos
‘bajar la guardia’ cuando veamos alguna injusticia y cuando tengamos
que defender los derechos de los indefensos. Sabemos que el mejor
ejemplo es Jesucristo y a él hemos de imitar.
Me dirijo a todos
pero de modo especial a los jóvenes que os habéis acercado a Javier. Os
hago una propuesta clara y liberadora: si quieres ser feliz y hacer
felices a los demás, plantéate claramente tu vocación. Estoy seguro que
muchos de los que estáis aquí sentís la llamada de Cristo a ser
sacerdotes o consagrados. No dudéis en decirle que sí; la vida corre
con mucha velocidad y Cristo quiere jóvenes dispuestos a ser sus
mensajeros. Y si Dios te llama por el camino del matrimonio dile un sí
valiente para formar una familia santa. Jesucristo nunca defrauda y por
ello nunca engaña. Quien le deja de lado o tuerce la mirada busca
caminos de frustración y devaluación. Cristo realiza siempre y hace de
la vida un camino de armonía y de dignificación humana. Queridos
jóvenes: buscad personas que os puedan ayudar y nunca miréis de lado a
Cristo, siempre de frente y dispuestos a daros con generosidad a sus
propuestas. Os lo aseguro: seréis personas realizadas.
Ruego a San
Francisco de Javier que os estimule a todos para seguir manifestando con
la vida que la fe en Jesucristo y obedeciendo a sus designios podamos
gozar de su fuerza amorosa. A los pies del Cristo ponemos nuestras
inquietudes y logros haciéndolo en comunión con María nuestra Madre.
Felicito a todos
los que habéis organizado este acontecimiento y todos los cuidados que
habéis prestado a los peregrinos: a las Fuerzas de Seguridad del Estado,
a los voluntarios de Misiones, a los distintos estamentos e
instituciones sociales que como vigías habéis estado en los cruces y en
los lugares más apropiados, a los PP. Jesuitas y a todos los voluntarios
en general. ¡Muchas gracias y feliz Javierada!
+ Francisco Pérez González,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela y
Director de OMP en España

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