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Si escuchas hoy su voz
“Si escuchas hoy su voz”: este es el lema
con el que vamos a celebrar este año en nuestras diócesis el Día del
Seminario. Y yo, en este mi primer año como pastor de la diócesis de
Pamplona-Tudela, deseo y os pido que esta frase sea algo más, mucho más
que una invitación o un anhelo. Escuchar a quien es la Palabra de Vida,
a Cristo, está siempre en el corazón de la Iglesia, de todo seguidor de
Jesucristo. Nos interesa a todos conocer las razones de este lema:
Benedicto XVI, tras la gozosa experiencia del Sínodo dedicado a la
Eucaristía, nos ha convocado este año a meditar y contemplar la Palabra
de Dios, en la vida y en la misión de la Iglesia. Tal será el título del
sínodo que se celebrará Dios mediante, en octubre del presente año. En
esa línea, la campaña del Día del Seminario recoge un aspecto central y
muy actual de nuestra fe.
“Si conocieras el Don de Dios”, es la
delicada sugerencia del Señor a la samaritana que busca una agua viva
que sacie su sed espiritual. Si escuchas hoy su voz, es la honda
inspiración del Espíritu en el corazón de cada hombre, de cada mujer. Y
el mundo, nuestro mundo y nuestros ambientes, necesita brazos,
corazones, bocas y ojos que traigan esta invitación. Muchos no han
encontrado la fuente, o ni siquiera se plantean que tras su
insatisfacción se encuentra la verdadera sed de vida plena, de vida
pacificada y capaz de los retos más hermosos.
Y esa invitación en definitiva es del
Espíritu Santo quien interpela a muchos jóvenes que pertenecen a
parroquias, a movimientos eclesiales o que están tocados por la gracia
de Dios de forma inesperada. Pero hay sorderas propiciadas por el
ambiente que sofocan la voz de Dios. Yo tengo la convicción de que esa
llamada interior resuena de forma más intensa en aquellos muchachos y
jóvenes en los que el Señor se ha fijado desde siempre para hacerle
presente en sus comunidades como cabeza, pastor y esposo. Acogisteis con
esperanza la noticia de que cinco jóvenes aceptaron el reto de
entregarse al Señor para responderle en el camino del sacerdocio. Es una
prueba palpable de que el Espíritu Santo no se sujeta a ninguna cadena y
sigue llamando al seguimiento de Cristo y enviando a algunos para el
bien de muchos hermanos.
Yo, como sucesor de los apóstoles, tengo
como una de las tareas principales la de proveer a las parroquias y
comunidades de nuestra Diócesis de los necesarios trabajadores de la
mies y, por eso, tenemos que recuperar la esperanza. Os quiero decir en
especial a los sacerdotes que la crisis vocacional que más nos debe
preocupar es la de la propia respuesta al Señor. Si cada uno es fiel en
su parcela, no hay lugar para el desánimo, los frutos llegarán.
A los jóvenes os pido que consideréis que
Dios nunca ha dejado ni dejará de tocar vuestro corazón para amar y
servir allá donde se precise. En un tiempo de cambios, lo esencial es
que haya quien recoja el testigo de los fieles y buenos administradores
de la viña que, adelantados en años, son felices por servir hasta el fin
de sus vidas. Atreveos a hacer silencio, a quitaros auriculares, cascos
y ruidos para dar con la sintonía que llena, convence y anima a vivir.
A las familias os sugiero: dejadle un
hueco a Jesús entre vosotros. ¡Tiene tanto que aportar y que deciros...!
Vuestros hijos sólo serán felices si tienen un trato habitual con el
Padre que les ha llamado a la vida, con el Hijo que les llama a
seguirle, y con el Espíritu que les empuja a dar testimonio de amor y
servicio ante el mundo.
Si escuchas hoy su voz no tengas miedo,
pues la tarea nunca supera las propias fuerzas y capacidades. No tengas
miedo, pues sólo el amor merece la pena. Si escuchas hoy su voz, no
endurezcas el corazón, busca un sacerdote, al párroco, a quien fue o es
tu catequista y pide que te acompañen y ayuden a discernir, a
trabajarte. Infórmate de las actividades que prepara la Delegación de
Juventud de la Diócesis, en especial pastoral vocacional, sus encuentros
de oración, de discernimiento.
Como Francisco de Javier acude a los
ejercicios espirituales, haz un retiro, vive con intensidad la Cuaresma,
las Javieradas y atrévete a preguntar a Cristo: ¿qué quieres que haga?
Te aseguro que no quedará lugar para el aburrimiento o el sinsentido, y
que serás feliz. Y si su voz te pide ser pescador de hombres, que no
tiemble tu garganta y dile: aquí estoy, tú me has llamado. Guíame y
llévame a vivir contigo y como Tú.
+ Francisco Pérez González,
Arzobispo de
Pamplona y Obispo de Tudela

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