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RESPONSABILIDAD DE TODOS
Jornada de las Vocaciones Nativas
Este año hemos
subrayado, con acierto, que la labor de las vocaciones es
responsabilidad de todos. No son momentos fáciles pues los reclamos
sociales van marcando un ritmo distinto a lo que muestra el evangelio de
Jesucristo. No obstante esta dificultad como diría Juan Pablo II:
“Ningún ser humano puede vivir sin perspectivas de futuro. Mucho menos
la Iglesia, que vive la esperanza del Reino que viene y que ya está
presente en este mundo. Sería injusto no reconocer los signos de la
influencia del Evangelio de Cristo en la vida de la sociedad”.
Me impresiona el
pasaje de Jesucristo en el encuentro con el joven rico y que así nos
narra el evangelista Mateo (19, 16-26). Aquel joven estaba dispuesto a
ser perfecto siguiendo siendo rico de sí mismo y rico de posesiones
materiales. Cuando Cristo le invita y aconseja a dejar todo para
seguirle, él mismo se encoje, se entristece y vuelve la mirada a la
propuesta del Maestro. El orgullo de ser perfecto le impedía ser pobre
de sí mismo. En el seguimiento a Jesucristo no son necesarias las
alforjas que uno lleva encima. La que más cuesta es la del
desprendimiento de uno mismo y también el desprendimiento de los bienes
materiales.
Hablando de este
tema el Papa Pablo VI decía que “la vida cristiana es testimonio de una
búsqueda constante de Dios, de un amor único e indiviso por Jesucristo,
de una dedicación absoluta al crecimiento de su Reino”. Sin este signo
concreto, se corre el peligro de que se enfríe la caridad que anima a la
Iglesia, que atenúe la paradoja del Evangelio y que la sal de la fe se
diluya en un mundo en fase de secularización.
“El pueblo
cristiano tiene necesidad de hombres y mujeres que en la ofrenda de sí
al Señor encuentran la plena justificación de su propia existencia y
asumen sobre sí la misión de ser luz de la gentes y sal de la tierra,
constructores de esperanza para cuantos se preguntan por la perenne
novedad del ideal cristiano” (Juan Pablo II, Los consagrados, nº 3). Es
la vocación de por vida que hace posible gustar lo que después, en la
eternidad, se ha de realizar en el género humano. La misma sociedad
demanda tales vocaciones aun cuando no se entienda su modo de vida o su
característica de entrega.
La campaña de las
“Vocaciones Nativas” nos lleva a ser realistas y nos hace vivir con
mayor responsabilidad a todos, de ahí que el lema nos hable de esa
responsable actuación, información, formación y solidaria ayuda a
aquellos que han escogido el camino de consagración. En un contexto
contaminado por el laicismo y subyugado por el consumismo, la vida
consagrada, se convierte cada día más en signo de esperanza y en punto
de referencia que da testimonio de la dimensión trascendente de la vida
y de la existencia.
+ Francisco Pérez González,
Arzobispo de Pamplona-Tudela
y Director de OMP en España

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