|
CONTEMPLATIVOS PARA
MOSTRAR EL AMOR DE DIOS
En la Jornada
dedicada a vosotros que tenéis la vocación tan hermosa dedicada a la
vida contemplativa, quiero expresaros mi cercanía gozosa en este tiempo
y daros las gracias por el gran bien que realizáis en la Iglesia y en
favor de la misma sociedad. ¿Qué sería de la Iglesia sin este pulmón de
la contemplación? ¿Qué aportaría la Iglesia a las gentes, que están
faltas de esperanza, sin contemplativos? Hoy os necesitamos y os
apoyamos. No es inútil la vida contemplativa. Con el oxígeno la vida
corporal se revitaliza permanentemente. Lo mismo podemos decir de la
oración contemplativa y de los que se consagran a ella.
Este año la
Jornada dedicada a los que oráis y rezáis tiene un título muy sugestivo:
“La Palabra en el silencio”. Si a alguien habéis de imitar es a la
Virgen María que supo dar lo mejor de sí misma y se muestra como la
puerta que deja paso a Dios hecho Hombre, el silencio que recoge y deja
paso a la Palabra, la oscuridad que da fondo a la Luz del mundo y el
vacío que da paso a la Plenitud. Cuando nos acercamos a vuestros
Monasterios el silencio que en ellos se siente e impregna es la mayor
expresión para manifestar que la Palabra está presente. El protagonista
fundamental es Jesucristo que es Palabra de Vida.
En la sociedad
actual hay muchas prisas, muchos ruidos y muchas actividades. Creo que
estamos necesitando mayor silencio para que el corazón se pacifique y
para que la vida sea permanente armonía del espíritu. Es muy común que
existan momentos de aburrido trabajo, experiencias vacías, metas
inalcanzables y frustraciones incontroladas. Es la muestra concreta que
nos hace ponernos a reflexionar que la vida necesita el silencio
interior y exterior para que la única Palabra que llena y cumple sus
promesas sea auténtica; las otras palabras son confusas, inexactas y
faltas del poder de convicción que llene el corazón.
Nos sentimos muy
orgullosos de vosotros y rogamos a Dios para que sigáis siendo reclamo
de paz y esperanza en medio de un mundo a veces tan atrapado por las
prisas, el materialismo y las solicitaciones vacías del hedonismo.
Vuestras vidas ocultas y entregadas son el ejemplo más concreto de lo
que hoy se necesita en el corazón de la humanidad. Si Santa Teresa del
Niño Jesús vivió su vocación en la clausura sólo por un motivo que era
el de ser testigo del amor en medio de la Iglesia hoy también vosotros
haciendo esta experiencia nos reclamáis lo que es más esencial en la
vida cristiana. No dejéis de ser lo que sois y no olvidéis que
necesitamos vuestras plegarias y peticiones
+ Francisco Pérez González,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

|