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La Adoración Eucarística Perpetua en Pamplona
25 de mayo de 2008,
Solemnidad del Corpus Christi
Hace pocos días
escribía una carta a todos los que han aceptado ser adoradores del
Santísimo Sacramento. El día del Corpus Christi se inaugurará, en la
Capilla de la Basílica Menor de San Ignacio en Pamplona, lo que va a ser
el “lugar sagrado permanente” de la presencia viva de Cristo que nos
prometió permanecer para siempre en medio de nosotros. Les dirigí estas
palabras de agradecimiento y aliento.
“Con especial alegría
os agradezco que hayáis escuchado la llamada a la adoración perpetua de
Jesús en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y en su nombre os
agradezco este gran detalle que habéis tenido al dedicar un tiempo de la
semana para estar a su lado y adorarlo profundamente.
Vuestra respuesta
generosa, además de llevar frutos abundantes en la vida personal, será
un precioso servicio que daréis al Señor, a la Iglesia y a la sociedad.
Vuestra oración silenciosa y constante ante Él gritará al mundo que su
Presencia Real está en medio de nosotros y os haréis testigos del
Resucitado y profetas de la Eucaristía.
Esta
maravillosa cadena de oración permanente, día y noche, hará que otros
muchos hermanos, gracias a vuestra disponibilidad, serán conducidos al
Señor y descubrirán su presencia benéfica en sus vidas y en sus
trabajos. Estoy seguro que habrá muchas conversiones al Señor.
Ser adorador
significa vivir a Jesús en la oración por los hermanos y a encontrar en
Él la fuerza para llegar a ellos, a sus vidas, con el anuncio del amor
de Dios y con la solidaria fraternidad en la caridad. La Eucaristía
cobija a los pobres y a los pobres hemos de tener en el centro de la
misma. Espero que la Caridad en Cristo nos lleve a cuidar la Caridad en
los pobres.
Es mi deseo
que podáis redescubrir con estupor el don inestimable de la Presencia
Real de Jesús que se hace Pan de Vida en este Sacramento, que de Él
podáis nutriros y saciaros y que la comunión con Él os vuelva portadores
de la Buena Noticia, discípulos que viven por el Maestro en favor de los
hermanos.
Pido a María
bajo tantas advocaciones en nuestra Diócesis que, como Madre, os
conduzca al Señor con dulzura y sea la Maestra que os enseñe a mirar,
escuchar, alabar y a vivir en Jesucristo durante los momentos de
adoración”.
+ Francisco Pérez González,
Arzobispo de Pamplona-Tudela
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