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La Eucaristía, esperanza para el pobre
El domingo pasado celebramos con gran gozo la fiesta del Corpus Christi
y ya tenemos en Pamplona una Capilla (la Basílica Menor de San Ignacio)
dedicada a la Adoración Eucarística Perpetua. Día y noche estará abierta
para que todos los que lo deseen puedan tener la posibilidad de adorar
al Señor que, como él nos dijo, estará presente entre nosotros hasta el
final de los tiempos. No hay duda que este acontecimiento divino se
perpetúa desde que Cristo resucitó y nos da la garantía de que nunca más
estaremos huérfanos. La experiencia nos demuestra que el ser humano
padece muchas enfermedades pero una que le es característica es la de la
orfandad; sus síntomas se muestran en el sentimiento profundo de la
soledad, del desamparo y de los dramas interiores que se padecen con
amargura y desesperación en muchos casos. Todos estamos apresados por
dolores y sufrimientos que nos afligen. Y ante tales momentos
necesitamos una mano amiga que nos consuele y nos aliente.
La adoración a Dios es una manifestación de confianza y de
reconocimiento, la primera porque Dios nunca defrauda y la segunda
porque nadie nos ama tanto como él. Muchos navarros y emigrantes de
distintos países del mundo, que viven entre nosotros, han dado parte de
su tiempo para dedicar una hora semanal a encontrarse cara a cara con
Cristo Eucaristía. Felicito tal generosidad y ruego que el Señor nos
conceda la gracia de convertirnos cada día más a él. Pero no olvidemos
que este amor de Dios que recibiremos abundantemente debemos darlo a
raudales a aquellos que están sufriendo y padecen la pobreza en diversas
facetas. Pensemos en los enfermos, en los encarcelados, en los que
padecen el hambre, en los que están abandonados y en tantas formas de
pobreza que hoy existen. Ellos han de percibir que Cristo Eucaristía les
da esperanza porque los que vivimos unidos en adoración no podemos
dividir el amor a Dios del amor al prójimo pues de lo contrario la
adoración sería falsa si no atendemos a los que sufren la pobreza en sus
múltiples manifestaciones.
No hay mayor amor que la entrega generosa por los que sufren y padecen.
Los santos han dado prioridad al Amor poniendo como punto de mira los
dos amores: amor al Dios vivo y verdadero y amor a los pobres. Quien
adora ama y quien ama sirve. Pues de nada nos valdría amar a Dios a
quien no vemos si no amamos al hermano a quien vemos como nos subraya la
Palabra de Dios. Por lo tanto en este tiempo de gracia que será con
creces la Adoración Eucarística Perpetua nos impulsará a tener muy
presente a los pobres y ésta será la garantía de una verdadera
adoración. Como decía Benedicto XVI “no es la ciencia la que redime
al hombre, éste sólo puede ser redimido por el amor”. En el centro
de la ciudad siempre habrá un Amigo que nos espera, un Amigo que nos
consuela y nos alivia, un Amigo que nos invita a vivir coherentemente
con el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia, un Amigo que nos
comprende y que nos apoya con su misericordia y un Amigo que nos da el
abrazo de su amor.
+ Francisco Pérez González,
Arzobispo de Pamplona-Tudela
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