Recuerdo que
un día un amigo mío con dotes extraordinarias y
muy entregado a los demás tuvo una enfermedad
que le hizo perder totalmente la voz. Su voz era
el medio único que tenía para poder transmitir
su experiencia de fe y la enseñanza de la misma.
Como sacerdote debía estar siempre en reuniones,
celebraciones litúrgicas, asambleas de todo
tipo. Me quedé impresionado cuando sutilmente le
oí decir: “Esto me hace comprender lo que decía
San Antonio Abad: que callen las palabras y
hablen las obras”. Su labor exquisita y su
amor a la gente tal vez hacen más que sus
discursos. No son las palabras la que convencen,
ni los análisis sesudos los que convierten, ni
las críticas por muy finas que estas sean, las
que llevan a la vida de la fe. Son los gestos
llenos de amor de Dios, son las obras sencillas
y prácticas que mueven los corazones de los
demás.
Dentro de
dos meses, en Roma, se abrirá el Sínodo
Ordinario para reflexionar sobre la Palabra de
Dios. Todos estamos de acuerdo con aquello que
decía Pablo VI: hoy se oye más a los testigos
que a los maestros y aún a estos se los oirá si
son también testigos. La Nueva
Evangelización nos está pidiendo ser fiel
reflejo de aquello que profesamos; si somos
cristianos se nos ha de notar y de modo especial
en las obras. Nunca ha valido la afirmación de
muchos que sostienen, hasta con orgullo, que son
creyentes pero no practican. Es una
contradicción racional y existencial. No sirven
hoy cristianos de este modo de ser;
sencillamente, no son cristianos porque no viven
lo que afirman creer.
Apuesto por
una reforma vital puesto que ya no sirven las
palabras o las hermosas formulaciones.
Necesitamos una restauración a fondo en la vida
de los creyentes. El paganismo, el laicismo y el
materialismo han robado la fe de muchos
creyentes. Por ello debemos renovar nuestra vida
con una mayor intensidad de oración. El
cristiano vivo es el que se acerca a las fuentes
de la Vida que son la oración y los Sacramentos.
La comunidad cristiana se alimenta del Amor de
Dios que se hace gracia y belleza en lo más
íntimo de nosotros mismos.
Invito a
todos los sacerdotes, consagrados y fieles de
nuestra Diócesis a que proyectemos este nuevo
Curso 2008-2009 rogando insistentemente a Dios
que nos conceda mayor experiencia de fe,
esperanza y caridad. Pongamos los medios para
que esto se haga posible y no olvidemos que la
gracia y fuerza de Dios no nos van a faltar.
Desde mi entrada en la Diócesis así lo dije:
“Dejemos que el protagonista entre nosotros sea
Jesucristo al que hemos de adorar, amar y
servir”. Y ¿cómo lo podremos hacer? Adorándole
en el Santísimo Sacramento (ya tenemos la
Adoración Perpetua y también en las Parroquias,
en las Comunidades y en los Monasterios en
momentos concretos). Amándole de tal forma que
Él habite con su gracia en nuestras personas y
recreando la fraternidad entre nosotros.
Sirviéndole en los pobres y necesitados. Dejemos
que las palabras callen y las obras hablen.
+
Francisco Pérez González
Arzobispo de
Pamplona y Obispo de Tudela Director Nacional de
Obras Misionales Pontificias