La fe nos hace ya pregustar aquello de lo que
un día hemos de participar, del encuentro con
Dios en plenitud. La presencia de Jesucristo en
medio de nosotros y que nos ha prometido se hace
viva y palpable en la vida comunitaria o en la
experiencia de comunión fraterna. La comunión se
funda en Jesucristo, la comunidad cristiana no
es una reunión de orden psíquico, sino de orden
espiritual. En esto precisamente se distingue de
todas las demás comunidades. La Biblia entiende
por espiritual aquel don que nos hace reconocer
a Jesucristo como Señor y Salvador. Por psíquico
se entiende lo que es expresión de nuestros
deseos, de nuestras fuerzas y de nuestras
posibilidades naturales en nuestra alma.
La comunidad cristiana no se hace a fuerza de
voluntarismos sino a fuerza de la gracia de Dios
que ha prometido permanecer siempre en medio de
los suyos. “Donde dos o más están reunidos en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,
20). Es una presencia especial, que se puede
gozar y que hace el gran milagro de poder
‘tocar’ a Dios. Es la Persona de Cristo
Resucitado que hace revivir permanentemente el
mayor de los acontecimientos; ninguno de este
mundo lo puede superar. Los Padres de la Iglesia
afirman que es el Dios cercano o el Dios que
habita entre nosotros. La comunidad cristiana es
lo más hermoso que pueda darse.
Cantamos y pedimos que allí donde hay amor,
está Dios. Es una presencia festiva, une,
fortalece, impulsa a vivir más el servicio a los
demás. Nos da la fuerza para vivir todas las
virtudes moldeadas y modeladas en Jesucristo:
las virtudes de la fe, esperanza y caridad; las
virtudes cardinales de la prudencia, justicia,
fortaleza y templanza. Estas no se consiguen a
base de ‘puños’ sino con la fuerza de Dios que
se hace más presente en nosotros y su resplandor
se hace estela de santificación cuyo fruto son
las virtudes. El Concilio Vaticano II afirmó que
“la comunidad congregada como verdadera familia
en el nombre del Señor, goza de su presencia”
(PC, 15).
Ha sido su presencia viva quien ha hecho
posible la conversión en tantas personas.
Leyendo a los santos comprobaremos que todos han
tenido un momento luminoso de encuentro con
Jesucristo. No han sido las propuestas o
intenciones o deseos más o menos buenos, ha sido
un encuentro amigable y lleno de felicidad con
la Persona de Jesucristo. Pero generalmente se
descubrió en el ámbito de la comunidad. De ahí
que nunca agradeceremos lo suficiente el bien
que hemos recibido y recibimos a través de la
Comunidad cristiana que es la Iglesia que Cristo
ha formado, fundado y garantizado con su
presencia.
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Francisco Pérez González,
Arzobispo de
Pamplona y Obispo de Tudela