La codicia rompe el saco
Estamos preocupados por la situación económica
que padecemos a nivel mundial y que en Islandia,
por ejemplo, ha quebrado tanto que la misma
sociedad se encuentra desorientada y despistada.
El gran monstruo del “bien vivir” se ha
convertido, de la noche a la mañana, en una
pesadilla horrible puesto que todo lo ahorrado
ha quebrado. Es un momento de incertidumbre. El
“dios bienestar” hace aguas por todas partes y
parecía que estábamos construyendo un paraíso en
la tierra. Baja estrepitosamente la bolsa y se
tambalean todas las seguridades terrenas. Y todo
esto porque bien dice nuestro refranero: “La
codicia rompe el saco”. Nunca ha dado buenos
resultados la avaricia y siempre ha quebrado
pues, como la mentira, “tiene patitas muy
cortas”. A la larga, la verdad y la
autenticidad siempre vencen.
Son circunstancias para aprender y para ponernos
manos a la obra y trabajar por una mayor
solidaridad y por compartir antes que por
acaparar. La auténtica comunidad pone el signo
mesiánico de los pobres: “No puede un hermano
seguir siendo rico en abundancia, mientras otro
pasa hambre” (1 Cor 11, 20-34). Es el
momento de hacer una gran reflexión global y
corregir los errores que se han cometido. En
momentos de crisis se ha de madurar para hacer
posible un nuevo orden que va admitido en una
mayor comunión de los bienes y que anticipa así
el reino de esta tierra de injusticia,
corrupción y opresión, y despierta en todos los
que lo ven y lo palpan la gran esperanza de que
es posible transformar el mundo de la mano del
evangelio de Cristo que es Reino de amor y
justicia.
El amor es el único que puede transformar a la
persona y en definitiva a la misma sociedad. Es
el evangelio quien nos hace comprender lo que es
el amor porque Jesucristo se desprendió de su
vida por nosotros; él nos invita a desprendernos
de nosotros a favor de nuestros hermanos. Si uno
posee bienes de este mundo y, viendo que su
hermano pasa necesidad, le cierra sus entrañas,
¿cómo va a estar en él el amor de Dios? El mismo
San Pablo recuerda: “Pues no se trata de que
para otros haya desahogo y para vosotros apuros,
sino de que, según las normas de la igualdad,
vuestra abundancia remedie ahora su necesidad,
para que la abundancia de ellos pueda remediar
vuestra necesidad, a fin de que haya equidad,
según está escrito: ‘El que mucho recogió no
tuvo de más; y el que recogió poco no tuvo de
menos’ “(2 Cor 8,13-15).
Los bienes no son propiedad exclusiva sino
compartida. De ahí que bien merece aprender de
los errores para no caer en lo mismo
sucesivamente. Si todo lo que nos enseñan los
momentos difíciles para superar no los ponemos
por obra se cae en el precipicio tremendo de la
desilusión. La generosidad y la solidaria
hermandad hará posible cambiar una sociedad
falta de valores y así poderla llevar por los
caminos de una mayor apertura de amor y generosa
colaboración. Estamos en el momento de
rectificar y orientar a la sociedad por los
caminos que lleven a la paz, a la concordia y a
la unidad.
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Francisco Pérez González,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela