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INTERNACIONAL
Fortaleza y mansedumbre, secreto para defender y
anunciar la fe; dice el Papa. Presenta el ejemplo de san
Hilario de Poitiers
ZENIT
Anunciar y defender la verdadera fe requiere fortaleza y
mansedumbre, considera Benedicto XVI. Así lo explicó al
presentar la figura de san Hilario de Poitiers, doctor
de la Iglesia, fallecido en torno al año 368, quien se
convirtió en uno de los grandes defensores de la
divinidad de Jesús ante la herejía arriana que veía en
él una criatura.
Como el mismo Papa explicó, Hilario tuvo un papel
decisivo para que Galia, la antigua Francia, la hija
primogénita de la Iglesia, mantuviera su fidelidad a la
fe de los apóstoles, particularmente en el sínodo de
París, celebrado en el año 360 o en el 361.
«Algunos autores antiguos consideran que este cambio
antiarriano del episcopado de Galia se debió en buena
parte a la fortaleza y mansedumbre del obispo de
Poitiers», constató el Papa. «Esta era precisamente su
cualidad: conjugar la fortaleza en la fe con la
mansedumbre en la relación interpersonal», explicó.
De
hecho, el mensaje central de la obra teológica que ha
dejado escrita Hilario de Poitiers es ante todo un
mensaje de amor. «Dios sólo sabe ser amor, y sólo sabe
ser Padre. Y quien ama no es envidioso, y quien es Padre
lo es totalmente», decía el obispo según uno de sus
escritos retomados por el Santo Padre.
«Por este motivo, el Hijo es plenamente Dios sin falta o
disminución alguna», decía Hilario, recordó el
pontífice. «Quien procede del perfecto es perfecto,
porque quien lo tiene todo le ha dado todo», afirmaba el
doctor de la Iglesia. «Sólo en Cristo, Hijo de Dios e
Hijo del hombre, encuentra salvación la humanidad». La
meditación del Papa continuó con la serie de
intervenciones de los miércoles sobre las grandes
figuras del inicio del cristianismo.
Un enviado papal se reunirá con Alexis II
La Razón
El
Vaticano dio ayer un nuevo paso para acercar posturas
con la Iglesia Ortodoxa rusa. Según informó en un
comunicado la Santa Sede, el arzobispo Paul Josef Cordes,
Presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum», se
encontrará en Moscú el próximo día 18 con el patriarca
ortodoxo Alexis II, lo que constituirá una de las
«etapas más importantes» del viaje del emisario del Papa
al país euroasiático.
La
visita del Presidente de «Cor Unum», el Consejo
Pontificio encargado de promover el desarrollo humano
integral por medio de la caridad, comenzará el próximo
día 15 y durará hasta el 21. Monseñor Cordes pasará las
tres primeras jornadas junto al obispo Joseph Perth en
Novosibirsk, la capital de Siberia. En esta ciudad, la
delegación vaticana visitará las dependencias de Cáritas,
una escuela de los Franciscanos y el centro de
asistencia que mantienen las monjas de la Madre Teresa
de Calcuta. Según informa el comunicado del Vaticano,
«en esta vasta zona, la Iglesia católica se ha
distinguido en los últimos años» por su multiplicación
de proyectos caritativos «en todo el territorio».
Una vez concluida su visita a la capital de Siberia,
monseñor Cordes será el invitado de honor en las
jornadas que celebrará la rama de Cáritas de la
Federación Rusia, las cuales serán presididas por el
arzobispo Tadeuus Kondrusiewicz. En su nota, el Vaticano
señala la «fructuosa colaboración» entre la Iglesia
Ortodoxa y la Santa Sede en el ámbito de la caridad, de
la que se está beneficiando gran parte de la población
más necesitada. Este encuentro es «especialmente
significativo» porque se produce precisamente un año y
medio después de que el Papa Benedicto XVI promulgara su
primera Encíclica -«Deus caritas est»-, dirigida a
recordar a los católicos la importancia de la caridad
con los más desfavorecidos.
El
viaje de monseñor Cordes a la Federación Rusa, que sirve
para tender nuevos puentes entre el Vaticano y la
Iglesia Ortodoxa, es considerado por la Santa Sede una
«etapa importante de la misión» del Presidente del
Consejo Pontificio «Cor Unum».
La
visita de monseñor Cordes sigue la línea marcada tras el
último gesto importante de Roma hacia la comunidad
ortodoxa rusa, que se produjo el pasado 22 de
septiembre, cuando Benedicto XVI anunció el nombramiento
de un italiano como nuevo arzobispo de Moscú. Esta
decisión fue analizada por los expertos como una muestra
más de la firme voluntad del Vaticano por acercar
posturas con la Iglesia Ortodoxa rusa. Paolo Pecci, que
anteriormente había sido rector del seminario de San
Petersburgo y sacerdote en una parroquia de Novosibirsk,
fue el elegido por el Papa para hacerse cargo del
arzobispado de Moscú. Tanto monseñor Cordes como el
nuevo arzobispo tienen como uno de sus más importantes
cometidos realizar los primeros contactos para organizar
un posible encuentro entre Benedicto XVI y el patriarca
ortodoxo Alexis II, que ha acusado al Vaticano de
proselitismo en algunas ocasiones. Aunque durante años
Juan Pablo II soñó con realizar un viaje a Rusia, nunca
pudo cumplir su anhelo.
Con los últimos gestos de acercamiento es posible que
Benedicto XVI pueda cumplir con el deseo del anterior
Papa.
«Yo, secuestrado por misión». El padre Bossi comparte su
experiencia
ZENIT
Un
volumen recién lanzado en Italia relata no sólo la
dramática experiencia en manos de secuestradores, sino
la entrega en manos de Dios del padre Giancarlo Bossi,
del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras.
La
desaparición, el pasado 10 de junio, del sacerdote
italiano puso literalmente de rodillas a fieles de todo
el mundo en una plegaria común por su liberación.
Desde el momento del secuestro, el Papa oró y pidió
diariamente noticias sobre el sacerdote. El 20 de julio
el misionero, de 57 años, fue liberado en Mindanao.
Entonces el mayor deseo del padre Giancarlo Bossi fue el
reencuentro con sus parroquianos de Payao (Filipinas),
donde lleva una vida de misión con plena conciencia de
los riesgos que ello implica. Las reflexiones del
sacerdote de aquellas jornadas en manos de delincuentes
acompañan ahora la crónica del secuestro en el libro que
firma para la Editora Misionera Italiana (www.emi.it)
«Secuestrado. Cuarenta días con los rebeldes, una vida
en las manos de Dios» («Rapito. Quaranta giorni con i
rebelli, una vita nelle mani di Dio»).
En
este mes misionero, ofrecemos la anticipación que el
diario italiano «Avvenire» ha publicado del nuevo
volumen.
*
* *
Yo, secuestrado por misión
De Giancarlo Bossi
Llegué a Payao en 1987. En aquel momento los musulmanes
estaban poniendo literalmente en fuga a los cristianos
de allí.
La
islamización moderna en la isla ha conocido
sustancialmente dos fases. La primera, a mediados de los
años '80, contempló la llegada de un número
significativo de predicadores extremistas de Afganistán,
quienes fundaron muchas «madrasas» (las escuelas
coránicas). La segunda fase –entorno al [año] 2000— vio
como protagonista al grupo Abu Sayyaf. Después del 11 de
septiembre de 2001 surgieron sospechas de conexión entre
este grupo y la red de Al Qaeda. En la isla de Basilan,
su bastión, pero también en algunas otras zonas donde
está presente Abu Sayyaf, los sacerdotes extranjeros ya
no pueden permanecer.
Creo en el diálogo con todos. Pero la base para dialogar
es, en cualquier caso, siempre el respeto. Porque si
falta el respeto, el diálogo se ha acabado. Cuando en
cambio cristianos y musulmanes se respetan, dialogan
asimismo en la diversidad. Es cuanto dije también en la
mezquita de Abbiategrasso tras mi liberación.
Me
habían dicho que también ellos habían orado por mi
durante mi secuestro y por lo tanto quise acudir en
persona a darles las gracias. Fue un encuentro sencillo,
sin grandes ceremonias. Cuando existe respeto, todo es
posible.
Recuerdo que mis secuestradores me hicieron preguntas
sobre el Papa, estaban sorprendidos de su papel. Al
carecer el islam de una figura «que tenga la última
palabra», comprendían que eso de la autoridad es un
servicio precioso. No sólo. Estaban maravillados de que
los cristianos tradujéramos la Biblia en las lenguas
locales, mientras que el Corán se lee sólo en árabe. La
otra cosa que les escandalizó fue el problema de la
interpretación.
Les preguntaba: «¿Cómo hacéis para orar con la
ametralladora al lado?». Respondían que Alá está en el
corazón, pero no en las elecciones de la vida. En el
fondo, es también el razonamiento de ciertos cristianos:
Dios existe, pero la vida es otra cosa, la fe no
determina las opciones concretas...
Intenté saborear las cosas que ellos sabían darme con el
corazón. Un ejemplo: mis carceleros sabían que cuando me
ponían en alguna roca era para rezar; así que en esos
momentos nunca me molestaron. Y tampoco yo me permitía
jamás molestarles cuando rezaban. Oraba sobre todo por
los míos en casa, al no saber nada de mí. Creo que su
sufrimiento fue mucho mayor que el mío.
Después me preguntaba: ¿por qué el Señor ha permitido mi
secuestro? ¿Qué proyecto hay detrás? Es una pregunta que
me hago todavía. He pensado que tal vez Dios permitió
que me retuvieran a mí para valorar a las muchas
personas, frecuentemente excepcionales, que siempre han
trabajado en el silencio y en lo escondido. Fui conocido
sólo porque fui secuestrado; no ciertamente por la labor
que hacía. Pero, como yo, muchos otros trabajan en el
silencio y nadie les conoce.
Puede parecer extraño, pero rezaba el Magnificat. ¿El
motivo? Pienso que la Virgen siempre supo leer las cosas
negativas como pasadas y descubrir las cosas bellas que
estaban ya naciendo. Igualmente yo estaba atravesando un
período negativo, sin embargo lo leía en la perspectiva
de una liberación; y esto cambiaba todo, me hacía
disfrutar la belleza del cántico.
El
sentimiento de perdón nació en mí espontáneamente. Por
lo demás, si no logras perdonar, has fracasado en tu ser
sacerdote. El impulso me lo dio la primera línea del
Padrenuestro: si logramos llamar a Dios «Padre», los
demás son hermanos. Y si no nos reconocemos tales,
hacemos como Caín y Abel. Considero a mis secuestradores
mis hermanos. Mi oración es para que sepan un día volver
a casa, sentarse en la mesa con su familia, comer en la
paz y en la tranquilidad. Se lo dije también a ellos. Se
sorprendieron. Creo que nunca han oído hablar de
fraternidad y el hecho de que yo rezara por ellos les
impactaba. La idea de perdón es algo grande que
nosotros, los cristianos, podemos donar a los
musulmanes. Con frecuencia ellos son prisioneros de
lógicas de venganza. Y la venganza es el inicio de una
cadena de mal que se puede interrumpir sólo con el
perdón y reconociéndose hermanos.
El
secuestro es parte de mi misión; no puedo suprimirlo.
Lo
que ha ocurrido me ha hecho precisa la llamada a
construir un mundo en el que todos somos hermanos, aún
en la diversidad de nuestros credos. Esto para mí está
en la base del desafío de volver a Mindanao y hacer de
la parroquia de Payao el símbolo de un diálogo posible.
El sacerdote es un ministro de reconciliación y, desde
este punto de vista, me siento reencargado. No sé si he
comprendido mejor a los musulmanes; sigue el hecho de
que el diálogo con ellos ha sucedido también a través de
la experiencia del secuestro. Espiritualmente hablando,
considero esta experiencia una gracias. Aunque si bien
–debo admitirlo-- ha sido muy dura.
Desearía invitar a la gente a continuar el diálogo con
los musulmanes. En Payao la mitad de la población es
musulmana; yo fui secuestrado por un grupo musulmán. No
quería que se creara un clima de conflicto... Creo que
el mensaje ha sido bien acogido. Y el mensaje era: se
sigue adelante, continuando con el trabajo y nuestro
diálogo con los hermanos musulmanes. Expliqué que quien
me secuestró es simplemente un criminal, no lo hizo como
musulmán.
Me
acuerdo mucho de Charles de Foucauld. Me atrae la opción
de vivir en una aldea como monje. Trabajo y oración. Y
la oración puede convertirse en señal para la gente.
La biotecnología no puede violar la dignidad humana,
advierte el Papa. Al recibir al nuevo embajador de Corea
del Sur ante el Vaticano
ZENIT
Benedicto XVI ha alertado ante la tentación de que la
investigación científica pisotee la dignidad fundamental
del ser humano, como sucede con los experimentos con
embriones humanos que después son destruidos, o con la
clonación.
Al
mismo tiempo, al recibir este jueves al nuevo embajador
de Corea del Sur, Ji-Young Francesco Kim, apoyó la
investigación y el uso con células embrionarias adultas,
pues en este caso la vida humana no queda en peligro.
Al
reconocer los enormes pasos tecnológicos dados por el
país asiático, el pontífice destacó en particular los
«avances en biotecnología, que tienen la posibilidad de
tratar y curar enfermedades de manera que se mejore la
calidad de la vida»
«Los descubrimientos en este campo invitan al hombre a
tener una conciencia cada vez más profunda de sus serias
responsabilidades involucradas en su aplicación»,
explicó en su discurso entregado en inglés.
«Ante todo está la dignidad del ser humano, que no puede
ser manipulada en ninguna circunstancia o tratada como
mero instrumento de experimentación».
«La destrucción de embriones humanos para obtener
células estaminales o con cualquier otro propósito
contradice el pretendido intento de investigadores,
legisladores y funcionarios de la salud pública de
promover el bienestar humano», denunció.
«La Iglesia no vacila en aprobar y animar la
investigación de las células somáticas estaminales no
sólo por los resultados favorables obtenidos con estos
métodos alternativos, sino porque – y es lo más
importante - esta investigación se armoniza con el
intento ya mencionado, respetando la vida humana en cada
etapa de su existencia», aclaró.
El
obispo de Roma aseguró sus oraciones «para que la
sensibilidad moral que es inherente al pueblo coreano,
como ha evidenciado en su firme rechazo a la clonación
humana y a los procedimientos relacionados, ayude a la
comunidad internacional a adherirse a las profundas
implicaciones éticas y sociales de la investigación
científica y de su utilización».
El sacerdote del horror
EL PAÍS
Citó a Jesucristo y a los apóstoles, a Juan Pablo II y
al cardenal argentino Jorge Bergoglio. Habló de perdón,
paz y reconciliación, pero durante su alegato final
momentos antes de que en la noche del lunes un juez de
La Plata le condenara a cadena perpetua por genocidio,
el sacerdote Christian von Wernich en ningún momento
pronunció dos palabras: "Soy inocente". La condena por
la implicación del ex capellán de la temida policía
bonaerense en crímenes cometidos durante la dictadura
militar (1976-1983) ha reavivado en Argentina el debate
sobre el papel de la Iglesia en una época cuyas heridas
siguen abiertas, en medio de una cascada de procesos
judiciales activados gracias a la anulación en junio de
2005 de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (…)
El sacerdote condenado a cadena perpetua en Argentina no
recibe sanción de la Iglesia
EL MUNDO
La
Iglesia
católica de Argentina negó ayer cualquier
responsabilidad institucional en el caso del cura
represor Christian von Wernich, que el martes fue
condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa
humanidad durante la dictadura militar (1976-1983).
Por parte del Episcopado sólo hubo un comunicado de 20
líneas, donde se sostuvo que si el cura «avaló con su
recomendación o complicidad alguno de esos hechos de
represión violenta, lo hizo bajo su responsabilidad
personal». En cambio el presidente, Néstor Kirchner,
calificó la condena de «ejemplar» y celebró la
sentencia. «Pronto a terminar mi gestión, me siento bien
de que hayamos avanzado tanto, de buscar la
reconciliación con memoria, con Justicia», declaró (…)
Dolor del episcopado argentino por los delitos de un
sacerdote en la dictadura. El obispo del sacerdote pide
en su nombre perdón
ZENIT
El
episcopado argentino ha manifestado su dolor por los
delitos cometidos por un sacerdote durante la dictadura
argentina (1976-1983) por los que ha sido condenado a
reclusión perpetua.
El
ex capellán de la policía de la provincia de Buenos
Aires, el padre Christian Von Wernich, fue declarado
culpable de siete homicidios, 31 casos de torturas y 42
secuestros, según el fallo del Tribunal Oral Federal nº
1 de La Plata.
Tras hacerse pública la condena, la Comisión Ejecutiva
de la Conferencia Episcopal Argentina, emitió un
comunicado en el que manifiesta que la Iglesia en la
Argentina está conmovida por el dolor que causa la
participación de un sacerdote en delitos gravísimos.
El
texto, firmado por el cardenal Bergoglio como
presidente; los obispos Luis Villalba y Agustín
Radrizzani, vicepresidentes; y monseñor Sergio Fenoy,
secretario general, es el siguiente considera que «los
pasos que la justicia da en el esclarecimiento de estos
hechos deben servir para renovar los esfuerzos de todos
los ciudadanos en el camino de la reconciliación y son
un llamado a alejarnos, tanto de la impunidad como del
odio o el rencor».
«Si algún miembro de la Iglesia, cualquiera fuera su
condición, hubiera avalado con su recomendación o
complicidad alguno de esos hechos (la represión
violenta), habría actuado bajo su responsabilidad
personal, errando o pecando gravemente contra Dios, la
humanidad y su conciencia», afirma la nota de los
obispos.
El
comunicado recuerda «el pedido de perdón realizado por
la Iglesia en el acto de apertura del Encuentro
Eucarístico Nacional», que tuvo lugar en Córdoba el 8 de
septiembre de 2000.
Por su parte, monseñor Martín de Elizalde, OSB, obispo
de la diócesis Nueve de Julio a la que pertenece el
presbítero von Wernich, ha lamentado «que haya habido en
nuestra Patria tanta división y tanto odio, que como
Iglesia no supimos prevenir ni sanar».
El
que «un sacerdote, por acción o por omisión, estuviera
tan lejos de las exigencias de la misión que le fue
confiada» «nos lleva a pedir perdón con sincero
arrepentimiento, mientras rogamos a Dios Nuestro Señor
que nos ilumine para poder cumplir nuestra vocación de
unidad y de servicio».
El
obispo anunciar que se resolverá, «conforme a las
disposiciones del Derecho Canónico, de la situación de
Christian von Wernich».
«Rezamos por él, para que Dios lo asista y le otorgue la
gracia que necesita para comprender y reparar el daño
ocasionado», concluye el prelado.
Navarra
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